jueves, 31 de mayo de 2018

FERIA DE SAN ISIDRO – VIGESIMOCUARTO FESTEJO / CORRIDAS DE LAS NACIONES: El bodrio internacional

El invento de la Corrida de las Seis Naciones no funcionó. Como tampoco una escalera de El Pilar. El mexicano Luis David y el venezolano Colombo dieron sendas vueltas al ruedo por su actitud.

ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario EL MUNDO de Madrid
Foto: EFE
El invento, o la creación, de la Corrida de las Seis Naciones que ponía de manifiesto la vertebración internacional de la Tauromaquia no funcionó en taquilla como esperaba Simón Casas. Imagino. O a lo peor cumplía con las expectativas económicas y de eso se trataba. 15.000 personas no son pocas. Pero anunciado como acontecimiento, tan a bombo y platillo, como uno de los grandes reclamos de San Isidro... No sé. Criticar por criticar y ver el lado oscuro de las cosas. Quizá falló porque sonaba a corrida de la oportunidad bajo el pomposo nombre que recordaba al codiciado Trofeo de Rugby. O porque ahora mismo los seis representantes de los diferentes países no tienen el tirón de Roca Rey.

Aunque tuvieran otras tardes, venir a Madrid a un solo toro es una putada. Cada cual traga con lo que quiere. 
Juan Bautista (Francia), Luis Bolívar (Colombia), Juan del Álamo (España), Joaquín Galdós (Perú), Luis David Adame (México) y Jesús Enrique Colombo (Venezuela) componían el desfile de la ONU. Seis toreros de luces en el paseíllo se hacía una manifestación nunca vista en Las Ventas. Más que en festivales. El burladero de apoderados parecía un vagón de Metro, Línea 2, en hora punta. Banderas de todas las naciones representadas colgaban de los balconcillos y le daban a los tendidos aire de circo Ringling.

Los toros no piden el pasaporte. Y el primero de El Pilar ni el carnet. Ni a él le exigieron los papeles del trapío. Sin poder, ni celo, no había nada para Bautista. Salvo la opción de haberlo matado bien. Cuán larga no se le haría la tarde...

Y, sin embargo, el ensillado segundo reclamaba todo a la vez. Nunca fue de verdad en los engaños. A Luis Bolívar le pegó un volteretón de órdago en el principio de faena. En ayudados por alto dibujaba un prólogo de sabor, cuando sintió el amargor de los pitones en el pecho. En el suelo, le escanearon el cuello. Un milagro. Bolívar en pie e intacto pasó un trago que, para más inri, no trascendía arriba. Tan correosa, pegajosa y sin entrega la repetición de la embestida. El toro mentiroso nunca viajó entregado. Y el tipo le ofreció la izquierda con clásica composición y cabal colocación. Y la muleta siempre puesta así como para taparle las ideas. Un esfuerzo sordo empañado por la colocación baja de la espada. Pasó a la enfermería y se le apreció un puntazo y una "contusión torácica pendiente de estudio radiológico". El pronóstico reservado le impidió volver al ruedo.

A Juan del Álamo le correspondió un tercero de notables hechuras y la expresión algo lavada pese a sus cinco años. Como el remate. De buen pitón derecho. Algo desentendido su empleo en los finales de muletazo. Un matiz que afectaba al ritmo. Del Álamo lo toreó sin alma ni ajuste. A destajo hasta que se encasquilló con el acero. Sonó un aviso.

El alto y hondo cuarto confirmaba que la corrida de El Pilar respondía por su diversidad de tipo al concepto de los cascos azules. Que además nunca arreglan nada. Joaquín Galdós compuso un bello principio genuflexo y otros momentos con el comportamiento del boyancón. Que a veces amagó sin dar, pero que se dejó en otra faena al por mayor. Los estoques parecían ayer los rifles de los soldados de la paz: Galdós repitió cinco veces la suerte y, finalmente, oyó dos avisos.

Fuera de la coña de los cascos azules, los toros salmantinos componían una escalera. Un saldo. El cinqueño quinto concentraba su descarada seriedad por delante. Recortado y bajo, no se parecía a ninguno. Jamás descolgó. Sin atisbo de bravura. Luis David anduvo deseoso y digno. Se apretó por manoletinas y, como cobró una estocada delantera, el personal creyó ver a Manolete resucitado. Una petición alucinógena desembocó en una vuelta al ruedo. Que no salvaba el bodrio internacional.

Colombo arreó con dos largas cambiadas y con las banderillas ante el último. Estrecho de sienes y levantado del piso. El par al quiebro lo clavó en la paletilla. Así que pidió perdón con otro más de poderosa ejecución. Encajado y por abajo sobre la derecha, sufrió un derrote como un gancho al mentón. Quedó grogui. Volvió a la pelea con aquella movilidad ayuna todo lo demás. Su actitud acabó con una contundente estocada. También se pidió sorprendentemente el trofeo. Tan huérfana de emociones la gente. Otra vuelta.

Punto final al invento.

EL PILAR | Corrida de las Seis Naciones
Monumental de Las Ventas. Jueves, 31 de mayo de 2018. Vigesimocuarta de feria. 15.000 personas.
Toros de El Pilar, dos cinqueños (3º y 5º), de diferentes hechuras, remates y seriedades; vacío el 1º; correoso y complicado el 2º; noble el 3º sin empleo final; boyancón el 4º; sin humillar el distraído 5º; de movilidad y suelta cara el 6º.
Juan Bautista, de rioja y oro. Pinchazo, metisaca, media estocada tendida y descabello (silencio).
Luis Bolívar, de rioja y oro. Estocada baja (silencio).
Juan del Álamo, de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada honda y rinconera. Aviso (silencio).
Joaquín Galdós, de azul marino y oro. Cuatro pinchazos, media estocada y dos descabellos. Dos avisos (silencio).
Luis David Adame, de canela y oro. Estocada delantera (petición y vuelta).
Jesús Enrique Colombo, de corinto y oro. Estocada algo tendida (petición y vuelta).

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