El campo bravo venezolano de luto
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| Don Alberto Ramírez Avendaño, un ganadero que ha escrito con su sapiencia un legado en manos del joven ganadero Jesus Riera Herrera. Foto: VJL |
RUBÉN
DARÍO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
Hondo
pesar ha causado el conocimiento, en la tarde de este sabado, el fallecimiento
en la ciudad de Caracas, de un hombre que hizo historia y sembró un legado en
el campo bravo venezolano. Su afición y convicción le hicieron ser uno de los ganaderos
más respetado no solo de Venezuela, sino del planeta taurino. Vasto entendido del
toro de lidia, a través de su conocimiento se ha hecho una ganadería con sello propio,
venciendo innumerables elementos en contra, para dar origen al hierro de Los Aránguez.
Me
refiero a don Alberto Ramírez Avendaño, destacado hombre del toro, maracayero
de nacimiento pero andino por familia, quien junto a los hermanos Riera (Alejandro
y Raúl) y Ramon Zubillaga, a finales de los ’60 se atreverían a sembrar de bravura
la fiesta brava venezolana, ofreciéndole identidad propia, y en especial, personalidad,
ese toro que se ha convertido en seña de identidad del encaste Santa Coloma – Buendía,
que a bien han criado en los áridos potreros de Los Caballos, Copacoa y Los
Aránguez, en las proximidades a la localidad larense de Carora, donde siempre
ha permanecido una divisa, verde y grana, que ha ofrecido gloria con sus toros
en innumerables ocasiones en todos los ruedos de la geografía nacional.









