viernes, 20 de febrero de 2026

El cómico-taurino cierra este domingo periplo ferial merideño

La Gitana del Ruedo y sus Enanitos Toreros
Este domingo, en el ruedo de la Plaza de Toros de Mérida, toreo, risas y emociones en el cierre de feria. Foto: Federico Montes
 
RUBEN DARIO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
 
Este domingo se pone el cierre oficial a la temporada taurina en el marco de la LV Feria del Sol 2026, y lo hace con el tradicional festejo cómico-taurino que es la delicia de los más pequeños de la casa, por estas fechas.
 
Así de esta manera, la reconocida cuadrilla La Gitana del Ruedo y sus Enanitos Toreros serán la base de este espectáculo donde reúne la ingenuidad y las risas de quienes hacen del toreo otra visión, la que siembre afición y engancha de emociones.
 
La cita es este domingo, en punto de las 3:00 pm, con precios muy asequibles para los bolsillos, demás de la ventaja que con una entrada entran a la plaza dos niños, quienes se la van a pasar, en el ultimo día del “Carnaval Taurino de América” 2026 genial.
 
Ayala sustituye a su hijo Rafael en Mérida
La empresa Caparica Representaciones informó en el portal altoromexico.com, en la pluma del periodista Juan Álvarez, que la corrida programada para este domingo en la plaza Monumental de Mérida – Yucatán, tendrá un cambio en el cartel, que incluye la sustitución del rejoneador Rafael Ayala, quien se resintió de una lesión y no podrá torear este domingo.
 
El joven caballista no podrá actuar debido a las molestias que ha tenido en la espalda, por lo que en su lugar actuará su padre, el rejoneador Cuauhtémoc Ayala, quien se integra al cartel tras el triunfo obtenido el pasado 1º de enero en este mismo coso, donde cortó una oreja.
 
La empresa dio a conocer que el festejo se mantiene sin más modificaciones, por lo que el cartel queda con el citado rejoneador y a pie los matadores Antonio Ferrera, Jesús Enrique “Colombo” y André Lagravére "El Galo", con toros de Pozohondo para los de a pie y uno de La Venta del Refugio para rejones.
 
Se da el caso que el pasado jueves, antes de partir de nuevo a suelo mexicano, Jesús Enrique “Colombo” se despediría de su lar natal como es San Cristóbal, visitando de manera sorpresiva el Centro de Apoyo Pedagógico “Marolita”, ubicado en el sector Barrio Obrero de la capital tachirense, grata visita a los niños que conocieron con detalle vivencias y curiosidades de la vida de un torero, en especial, la de nuestra primera figura del toreo nacional.
 
El torero que contó las veces que aparecen en el Quijote el famoso hidalgo y Sancho
 
Era el Napoleón de los toreros. Así conocían a Francisco de Paula José Joaquín Juan Montes Reinas (Chiclana, 1805), simplemente Paquiro en los carteles y antes albañil, pues la acomodada posición de su familia se truncó y se esfumó la idea de que se hiciera cirujano. Cosas del destino, moriría en 1851 al no poder recuperarse de una gravísima cornada en Madrid el año anterior, cuando reapareció al ver que su negocio vinícola no le daba tantos reales como la lidia de los toros.
 
Pues justo en 1850, la temporada del percance, el Doctor Thebussem (don Mariano Pardo de Figueroa) recibió una carta de Paquiro con un ejemplar del Quijote, con las páginas subrayadas, colmadas de números, cifras que aumentaban a medida que se llegaba al final de la gran obra de la literatura española. El destinatario no entendía qué significaban aquellos apuntes en el libro cervantino y le preguntó...
 
Y así respondió el torero: «Para distraerme, una vez que estuve enfermo, tuve el capricho de ir contando las veces que los nombres de Don Quijote y Sancho aparecen en el libro, y lo curioso es que tanto el famoso protagonista como su escudero figuran, salvo error, 2.168 veces en sus páginas«, recogía el Consultorio Taurino del 'Ruedo' en 1958 bajo el título 'Las distracciones de Paquiro'. No se aleja mucho de algunos estudios que dan la cifra de 2.174 veces para Quijote y 2.147 para Sancho, mientras que apuntan como dato curioso que Dulcinea no llega a las cien.
 
Le gustaba la lectura a Paquiro, un hombre inteligente, rodeado de las mejores cuadrillas y experto capotero, que vivió la época del romanticismo español. Una de sus máximas aportaciones fue la publicación en 1836 de su Tauromaquia completa, en la que no solo figuraba la técnica lidiadora, sino que supuso la base de una reglamentación de cara al futuro. Si Pedro Romero inventó la muleta y Costillares creó la verónica y la suerte del volapié, a Francisco Montes «se le deben todos los cánones que tendrían validez para un toreo más reposado, más estilista y dentro de una línea en que se empezaba a encontrar el arte por encima de la lucha o batalla campal que había sido siempre la tauromaquia».
 
Paquiro imprimió, además, lujo al terno: «Introdujo el uso de las borlas o machos, alamares y lentejuelas para recargar un vestido de torear que cada vez se va haciendo más complicado en su composición y adorno, olvidándose ya definitivamente el uso de ropa corriente para intervenir en una función de toros», cuenta Paco Delgado en 'Los colores del toreo'. Además, acortó la chaquetilla, con oberturas en la axila para moverse mejor, y ensalzó las hombreras. Usó el raso como fondo de chaquetilla y se enriquecieron los bordados, además de incorporarse los alamares. Y el elemento imprescindible: la montera, «toque de distinción que tuvo como origen el deseo de lidiadores plebeyos de emular a nobles y caballeros que alanceaban toros y que se cubrían y protegían con cascos».
 
Decíamos que el destino cambió para Francisco cuando su padre perdió su estatus social y tuvieron que irse de su domicilio natal de Chiclana. El niño que vio cómo los franceses invadían su pueblo se criaría luego cerca del matadero, donde comenzó su contacto con el ganado.
 
Un valiente capaz
 
Auspiciado por Jerónimo José Cándido, ingresó en la Escuela de Pedro Romero, que se entusiasmó con el prometedor torero. Con estas palabras publicadas en el 'Correo Literario' en 1932 se refirió a Paquiro: «Francisco Montes entró de alumno en la Real Escuela de Tauromaquia gozando la pensión de seis reales, concedida por Su Majestad a los de esta clase, y que como diestro primero puse en él todo mi conato por obligación, y por advertir en él que carecía de miedo y estaba dotado de mucho vigor en las piernas y en los brazos, lo que me hizo concebir sería singular en su ejercicio a pocas lecciones que le diese... Así, tras un breve paso por la Escuela de Tauromaquia y con veinticinco años encima nos lo encontramos preparado para, en un par de años, conquistar como nadie, con su valentía sin límites y su vigor físico, la plaza». Rumbón, de Torre y Raurí, se llamaba el toro que le provocaría las cornadas (en el tobillo y en la pantorrilla) que le trajeron altas fiebres y de las que no logró recuperarse.
 
Se apuntó a todas las corridas
 
Torero muy completo y rival del Chiclanero y Cúchares, se había presentado en Madrid el 18 de abril de 1831. Pese a no andar acertado con el acero, gustó tanto que toreó hasta cinco tardes más en la temporada madrileña: el 25 de abril, el 16 y el 23 de mayo, el 11 de junio y el 26 de septiembre. No bastaría con eso, un lustro después se apuntó a todas las corridas. En 1833, triunfó a lo grande y las dos temporadas siguientes se convirtió en un líder.
 
Muy querido por los públicos, el pueblo se inventó esta coplilla: «Para sabio, Salomón; Paquiro, para torero; para gobernar España, don Baldomero Espartero». / Rosario Pérez - Diario ABC de Madrid

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