La Gitana
del Ruedo y sus Enanitos Toreros
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| Este domingo, en el ruedo de la Plaza de Toros de Mérida, toreo, risas y emociones en el cierre de feria. Foto: Federico Montes |
RUBEN DARIO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
Este domingo se pone el cierre oficial a la
temporada taurina en el marco de la LV Feria del Sol 2026, y lo hace con el tradicional
festejo cómico-taurino que es la delicia de los más pequeños de la casa, por
estas fechas.
Así de esta manera, la reconocida cuadrilla La
Gitana del Ruedo y sus Enanitos Toreros serán la base de este espectáculo donde
reúne la ingenuidad y las risas de quienes hacen del toreo otra visión, la que
siembre afición y engancha de emociones.
La cita es este domingo, en punto de las 3:00 pm,
con precios muy asequibles para los bolsillos, demás de la ventaja que con una entrada
entran a la plaza dos niños, quienes se la van a pasar, en el ultimo día del “Carnaval
Taurino de América” 2026 genial.
Ayala sustituye a su hijo Rafael en Mérida
La empresa Caparica Representaciones informó en el
portal altoromexico.com, en la pluma del periodista Juan Álvarez, que la
corrida programada para este domingo en la plaza Monumental de Mérida – Yucatán,
tendrá un cambio en el cartel, que incluye la sustitución del rejoneador Rafael
Ayala, quien se resintió de una lesión y no podrá torear este domingo.
El joven caballista no podrá actuar debido a las
molestias que ha tenido en la espalda, por lo que en su lugar actuará su padre,
el rejoneador Cuauhtémoc Ayala, quien se integra al cartel tras el triunfo
obtenido el pasado 1º de enero en este mismo coso, donde cortó una oreja.
La empresa dio a conocer que el festejo se
mantiene sin más modificaciones, por lo que el cartel queda con el citado
rejoneador y a pie los matadores Antonio Ferrera, Jesús Enrique “Colombo” y
André Lagravére "El Galo", con toros de Pozohondo para los de a pie y
uno de La Venta del Refugio para rejones.
Se da el caso que el pasado jueves, antes de
partir de nuevo a suelo mexicano, Jesús Enrique “Colombo” se despediría de su
lar natal como es San Cristóbal, visitando de manera sorpresiva el Centro de
Apoyo Pedagógico “Marolita”, ubicado en el sector Barrio Obrero de la capital
tachirense, grata visita a los niños que conocieron con detalle vivencias y curiosidades
de la vida de un torero, en especial, la de nuestra primera figura del toreo nacional.
El torero que contó las veces que aparecen
en el Quijote el famoso hidalgo y Sancho
Era el Napoleón de los toreros. Así conocían a
Francisco de Paula José Joaquín Juan Montes Reinas (Chiclana, 1805),
simplemente Paquiro en los carteles y antes albañil, pues la acomodada posición
de su familia se truncó y se esfumó la idea de que se hiciera cirujano. Cosas
del destino, moriría en 1851 al no poder recuperarse de una gravísima cornada
en Madrid el año anterior, cuando reapareció al ver que su negocio vinícola no
le daba tantos reales como la lidia de los toros.
Pues justo en 1850, la temporada del percance, el
Doctor Thebussem (don Mariano Pardo de Figueroa) recibió una carta de Paquiro
con un ejemplar del Quijote, con las páginas subrayadas, colmadas de números,
cifras que aumentaban a medida que se llegaba al final de la gran obra de la literatura
española. El destinatario no entendía qué significaban aquellos apuntes en el
libro cervantino y le preguntó...
Y así respondió el torero: «Para distraerme, una
vez que estuve enfermo, tuve el capricho de ir contando las veces que los
nombres de Don Quijote y Sancho aparecen en el libro, y lo curioso es que tanto
el famoso protagonista como su escudero figuran, salvo error, 2.168 veces en
sus páginas«, recogía el Consultorio Taurino del 'Ruedo' en 1958 bajo el título
'Las distracciones de Paquiro'. No se aleja mucho de algunos estudios que dan
la cifra de 2.174 veces para Quijote y 2.147 para Sancho, mientras que apuntan
como dato curioso que Dulcinea no llega a las cien.
Le gustaba la lectura a Paquiro, un hombre
inteligente, rodeado de las mejores cuadrillas y experto capotero, que vivió la
época del romanticismo español. Una de sus máximas aportaciones fue la
publicación en 1836 de su Tauromaquia completa, en la que no solo figuraba la
técnica lidiadora, sino que supuso la base de una reglamentación de cara al
futuro. Si Pedro Romero inventó la muleta y Costillares creó la verónica y la
suerte del volapié, a Francisco Montes «se le deben todos los cánones que
tendrían validez para un toreo más reposado, más estilista y dentro de una
línea en que se empezaba a encontrar el arte por encima de la lucha o batalla
campal que había sido siempre la tauromaquia».
Paquiro imprimió, además, lujo al terno:
«Introdujo el uso de las borlas o machos, alamares y lentejuelas para recargar
un vestido de torear que cada vez se va haciendo más complicado en su
composición y adorno, olvidándose ya definitivamente el uso de ropa corriente
para intervenir en una función de toros», cuenta Paco Delgado en 'Los colores
del toreo'. Además, acortó la chaquetilla, con oberturas en la axila para
moverse mejor, y ensalzó las hombreras. Usó el raso como fondo de chaquetilla y
se enriquecieron los bordados, además de incorporarse los alamares. Y el
elemento imprescindible: la montera, «toque de distinción que tuvo como origen
el deseo de lidiadores plebeyos de emular a nobles y caballeros que alanceaban
toros y que se cubrían y protegían con cascos».
Decíamos que el destino cambió para Francisco
cuando su padre perdió su estatus social y tuvieron que irse de su domicilio
natal de Chiclana. El niño que vio cómo los franceses invadían su pueblo se
criaría luego cerca del matadero, donde comenzó su contacto con el ganado.
Un
valiente capaz
Auspiciado por Jerónimo José Cándido, ingresó en
la Escuela de Pedro Romero, que se entusiasmó con el prometedor torero. Con
estas palabras publicadas en el 'Correo Literario' en 1932 se refirió a
Paquiro: «Francisco Montes entró de alumno en la Real Escuela de Tauromaquia
gozando la pensión de seis reales, concedida por Su Majestad a los de esta
clase, y que como diestro primero puse en él todo mi conato por obligación, y
por advertir en él que carecía de miedo y estaba dotado de mucho vigor en las
piernas y en los brazos, lo que me hizo concebir sería singular en su ejercicio
a pocas lecciones que le diese... Así, tras un breve paso por la Escuela de
Tauromaquia y con veinticinco años encima nos lo encontramos preparado para, en
un par de años, conquistar como nadie, con su valentía sin límites y su vigor
físico, la plaza». Rumbón, de Torre y Raurí, se llamaba el toro que le
provocaría las cornadas (en el tobillo y en la pantorrilla) que le trajeron
altas fiebres y de las que no logró recuperarse.
Se
apuntó a todas las corridas
Torero muy completo y rival del Chiclanero y
Cúchares, se había presentado en Madrid el 18 de abril de 1831. Pese a no andar
acertado con el acero, gustó tanto que toreó hasta cinco tardes más en la
temporada madrileña: el 25 de abril, el 16 y el 23 de mayo, el 11 de junio y el
26 de septiembre. No bastaría con eso, un lustro después se apuntó a todas las
corridas. En 1833, triunfó a lo grande y las dos temporadas siguientes se
convirtió en un líder.
Muy querido por los públicos, el pueblo se inventó
esta coplilla: «Para sabio, Salomón; Paquiro, para torero; para gobernar
España, don Baldomero Espartero». / Rosario Pérez - Diario
ABC de Madrid


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