miércoles, 24 de julio de 2013

FERIA DE SAN JAIME EN VALENCIA – NOVILLADA DE ABONO: Discreto debut del nuevo Armillita

En la fiesta se cuelan sus dos compañeros de terna: un Román valiente, listo y templado, y, sorpresa relativa, un exquisito Martín Escudero que bebe de la fuente José Tomás.

BARQUERITO
Foto: EFE

EL DEBUT CON PICADORES de un torero de dinastía: el primer Armillita de cuarta generación. Homónimo de su señor abuelo, Fermín Espinosa, que fue en los años 20,  30 y hasta 40 torero de época en México y en España, y tal vez más torero de toreros españoles que mexicanos. De poder y de arte. Tres vástagos matadores de toros. Hijo del mayor de los tres es este nuevo Fermín Espinosa tercero. El nombre, el apodo, la fama. Todo eso fue reclamo. Estaban en el callejón su padre y su tío Miguel, y a los dos brindó la muerte del novillo del debut. Cerca de los Armilla, en el mismo callejón, y venidos expresamente para la ceremonia, Dámaso González, Curro Vázquez, Capea padre, El Soro y Cayetano Rivera Ordóñez. En un palco de grada, parapetado tras gafas de sol, José Tomás.

Un ambiente, un compromiso. Y un novillo de Daniel Ruiz, terciado y gacho, de muy justo motor. Buen compasito del nuevo Armillita en el toreo de capa. Más despegado que ajustado, armónico, tranquilo. Los genes del buen gusto en el toreo a pies juntos, cierto temple. En un quite descarado, Román Collado, cabeza de cartel, salió atropellado al librar una tafallera a destiempo. Muy fea la caída, pero ni caso: apenas recompuesto, remató Román con linda revolera. Signo de la tarde: la presencia de Armillita espoleó a los dos compañeros de terna.

Martín Escudero, de quien tanto y tan bien se viene hablando, era debutante en Valencia. Como el novel Fermín, pero mucho más hecho. En Martín Escudero iba a adivinarse en el quinto de la tarde y casi al calco la tauromaquia de José Tomás.

Muy poco duró el novillo de Armillita, que se dobló con ritmo en el inicio, se vio perturbado por un viento enredador y vino a encontrarse con un enemigo claudicante, parado y apagadito. Ni enemigo ni oponente, pero se le quedaba debajo y hasta delante por falta de fuelle. Terco el empeño: dos vueltas le dio la banda al vibrante “Dauder” del maestro Lope. Cuatro pinchazos, cuatro golpes de verduguillo a toro sin descubrir y aculado. Y se esperó al segundo turno, cuando ya Román y Martín Escudero, muy en serio los dos, habían dejado huella y estela. Casi como hermanos mayores en el oficio.

El sexto novillo, grandón, apretó en varas sin pelear, escarbó, pegó muchos cabezazos. Y anduvo entero y sin aflicción Armillita. Con aire de torero muy por hacer. Una excelente estocada.

El cuarto de corrida, colorado, lavado y fosco, ancho, gran culata, fue el de mejor son de los seis. No se templó de capa Román y sí en su quite de turno Martín Escudero, un gracioso quite por chicuelinas de gran ajuste. No le interesó el caballo de pica al toro -solo el trámite de dos picotazos-, pero sí, después de venirse pronto en banderillas, el cite en la distancia: galope humillado y poderoso.  Y, entonces, una faena tan seria como brillante de Román. El toreo templado, embraguetado, limpio y ligado del canon formal. Rematado hacia dentro sin alivios. Alguna ligereza menor en la composición con la mano diestra; rotundo el toreo al natural. Finura en la manera de templarse, sincera alegría; un alambicado final de torero cambiado despatarrado y genuflexo, contrario a razón. Y una estocada desprendida. Una oreja, casi dos.

Gacho, estrecho y largo, el novillo que rompió  plaza sangró en el caballo de más –dos varas, dura la primera-, tuvo desigual son pero no malo, se estiró con elasticidad y quiso distancia. Hubo un desafiante quite de Martín Escudero por saltilleras o valencianas, replicó Román con dos apretados y apurados lances de El Zapopán abrochados con media de rodillas y brionesa. Dos gestos. Una terca pero valerosa faena: dos volteretas, ni mirarse el torero, que salió gateando del segundo aterrizaje. Sin mayor acierto en distancias y colocación. Demasiado encima Román; el toro se quedó a mitad de viaje o debajo tres veces. Una fase final entre pitones dejó claro que el corazón late. Cuatro pinchazos sin pasar, una entera tendida, un aviso.

Se apoyó mucho en las manos el segundo y pegó  por eso cabezazos. Nada sencillo, un punto de brusquedad casi violenta que latíó de principio a fin. Dos desarmes de Martín Escudero en sus intentos baldíos de torear de capa. Llamativa la firmeza para arrostrar sin renuncios la aspereza de las acometidas del toro, la cara arriba siempre, acostones. En corto y muy de verdad,  una gran estocada. Esa sensación de torero muy de una pieza vino a confirmarse y multiplicarse después. Un quinto novillo que se había derrumbado al salir de varas, dolido de un pérfido puyazo trasero, noble pero sin fuerza. Y una faena de sorprendente calidad. Apertura por estatuarios en la distancia, la majeza de una madeja por abajo, el de la firma, la trinchera. Y un rico repertorio de toreo del puro por las dos manos: ajuste impecable, verticalidad, el toro traído por delante y llevado casi a pulso, soberbio el dibujo del natural, ritmo en los de pecho. La gracia del toreo de frente a pies juntos. Un frustrado remate por laserninas, de escuela. Y la mayúscula sorpresa de ver al torero pinchar sin fe hasta cinco veces. Un aviso. Pero…

POSDATA PARA LOS ÍNTIMOS.- El gazpacho valenciano, de tomate de la huerta -La Huerta, con mayúsculas-, es bastante más bueno que otros gazpachos de regiones de más fama. No fama de tomate. En ese despacho ecoalimentario de la calle de San Vicente Mártir donde tanta saluda gané en marzo hacen en julio un gazpacho insuperable. Dos euros con diez céntimos. Se te caen las lágrimas. La horchata no es moco de pavo. El zumo de remolacha y manzana es de llorar. Se nota que es verano. Por la tarde estaban dando una clase magistral de elaboración de horchata con una maestra chufera.

Y de ahí a la plaza. A las siete y media arrancó. Casi de noche. Merienda de diez minutos largos. Pasaron una bandeja de canapés de membrillo y queso de cabra. ¿De dónde sería el membrillo? De Puente Genil, membrillo.

Me ha gustado el arrebato inteligente de Román, hijo de madre normanda y padre valenciano. Se le ve el aspecto normando hasta toreando con la izquierda. Me he encantado el Martín Escudero del que tanto había oído hablar. Y tan bien. Armillita tiene cierto gancho. Los toros hay que pasárselos lo más cerca posible. Si se puede, naturalmente.

FICHA DEL FESTEJO
Seis novillos de Daniel Ruiz, de variado y desigual remate. De gran son el cuarto; nobles un tercero apagado y un quinto frágil. Brusco el segundo; áspero el sexto. Manejable el primero.
Román Collado “Román”, del azul cobalto y oro, silencio tras un aviso y oreja con petición de la segunda. Martín Escudero, de malva y oro. Fermín Espinosa, “Armillita”, que debutaba con picadores, de azul pavo y oro, silencio tras un aviso y silencio.
Martes, 23 de julio de 2013. Valencia. 1ª de la Feria de Julio. Un cuarto de plaza. Calor, algo ventoso.

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