jueves, 4 de julio de 2013

Fallece Don Eduardo Estela, ganadero colombiano de Ambaló y Puerta de Hierro

Fue empresario de Cali y ganadero
 
ALBERTO LOPERA

Después de soportar con mucha dignidad y resignación por varios años su delicada salud, falleció este jueves en horas de la mañana Eduardo Estela Garrido, ganadero de reses bravas y ex-presidente de la fundación Plaza de Toros de Cali.

Al momento de su fallecimiento contaba con 82 años de edad, la mitad de ellos, vividos intensamente en torno a la fiesta Brava en su ciudad de Cali. Hijo de quien fuera uno de los fundadores de la plaza de Cañaveralejo y de los primeros ganaderos de toros bravos, don José María Estela, de quien heredó su afición y señorío.

Queremos transcribir un hermoso elogio del ganadero fallecido, escrito por el colega Guillermo Rodríguez Muñoz.

«Falleció esta mañana en Cali Don Eduardo Estela Garrido a los 82 años. Soportó con dignidad y espíritu cristiano una severa enfermedad con la atención de los médicos y de su familia.

Caleño, hijo de uno de los patriarcas de la ganadería del occidente de Colombia, José María Estela, estuvo siempre vinculado a la crianza del toro bravo, una de sus pasiones. Así que parte de lo que fue Ambaló y luego "Puerta de Hierro " fundada por él tiene su impronta. La Dehesa de su padre tiene origen Juan Pedro y en alguna ocasión en Cañaveralejo se lidio con el hierro real, pues esa ganadería en España tuvo a lo largo de su historia propietarios como el Rey Fernando.

Se casó con Doña Aida su soporte material y espiritual, tuvo cuatro hijos que le sobreviven y nietos que aseguran la pervivencia de este sueño que es ver la lidia de un toro bravo. Se graduó como administrador de empresas, y aplicó esas enseñanzas universitarias al manejo de las dehesas en medio de las complejas turbulencias sociales que rodean a esa vasta, rica pero convulsa región del occidente del país.

Fue presidente de la plaza de toros, de la extinguida fundación plaza de toros de Cali y el curso de lo que ha sido ese Coso en el devenir de la fiesta en Colombia y América tiene su personal sello.

La vida, ese curso de existencia que los humanos cruzamos vadeando dificultades, sin sabores, angustias pero también alegrías, aciertos y yerros rondaron la vida de Don Eduardo. El tiempo le dará la razón en muchos de sus emprendimientos taurinos y sabrá ser benevolente con las carencias. No es tiempo ni hora para juzgar a nadie y menos cuando un hombre de su estirpe ha entregado su alma al señor. En la parte final de su vida quiso zanjar diferencias con quienes se situaron al otro lado de la práctica social y llegó a un acuerdo con el Estado sobre las tierras del Cauca donde se levantó la ganadería de Ambaló como demostración de su espíritu conciliador.


Su familia sabe la congoja que nos aflige y solo podemos enviar a los suyos nuestras condolencias. La familia, tal como ha vivido, desea unas honras fúnebres en la intimidad. Todos nuestros respetos a esa decisión». / MUNDOTORO.COM

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