lunes, 15 de julio de 2013

DOS DINASTÍAS EN LA SIERRA MADRILEÑA - Presentación de Gonzalo Bienvenida y Pepe Luis Vázquez

Aroma de Torería

MIRAFLORES.- Así hubiera definido Don Fernando Claramunt la tarde de Miraflores de la Sierra, si la llamada mediterránea de su terreta alicantina no le hubiera impedido presenciar el acontecimiento anunciado con un Bienvenida y un Vázquez en una becerrada de escuelas taurinas de la CAM.

Bajo la dirección de un fenómeno como es el profesor de la "Marcial Lalanda", José Luis Bote, en collera con el recordado de Moraleja de Enmedio, Miguel Rodríguez, fueron desfilando ante machos de La Glorieta de Fernando Bautista, los aventajados alumnos de las Escuelas Taurinas de Madrid, Moralzarzal, Colmenar Viejo y Arganda, que dieron buena muestra de sus distintas y excelentes capacidades en todos los tercios, en un festejo auspiciado por el Ayuntamiento mirafloreño y organizado por el Centro de AA.TT. de la CAM, que en contraposición dieron un lección de antitaurinismo al propiciar el despropósito de la lidia y muerte unas reses de edad y aspecto ínfimo que causaron bochorno entre el público.

La falta de respeto a la Fiesta y al espectáculo taurino se completó por la ausencia de banda de música, ni siquiera los tradicionales clarines, y de las mulillas de arrastre sustituidas por la aberración de un volquete mecánico para retirada de despojos de vacuno.

A pesar de estas lamentables incidencias que no consiguieron restar ilusión ni a los actuantes ni a los allí congregados, el presagio comenzaba ya a cumplirse viendo a Gonzalo y Pepe Luís enfundados en sus trajes cortos y camperos, y hubo que esperar a que uno y otro desplegaran sus capotes en sendos quites para que abrieran la espita del aroma de torería dinástica albergada en dos jóvenes soñadores de grandes gestas.

Pepe Luis, bien luce el nombre de su abuelo y de su tío, y hace gala de las ilusiones y esperanzas puestas en él por su padre Manuel, el entrañable Lolo enraizado en Córdoba y entroncado con bella mujer cordobesa.

El chico Pepe Luis en su debut anduvo por la plaza, lo que se dice a gorrazos con un añojo rajado y brusco, que no impidió que aflorara el aroma de la casa con la suavidad y el temple de su estirpe. Ya aprenderá a matar, pero de momento dejó la impronta del arte del toreo soñado en el más fiel reflejo de lo que todos esperaban.

Y para soñar, el público alborozado con la alegría en sus rostros, mezclados con la familia Bienvenida, los hijos de Antonio, Juanito y Ángel Luis, entrelazados con los Vázquez, y aficionados de solera que acudieron al conjuro de la historia, como José María Portillo desde Córdoba.

Solo dos meses, exclamaba Miguel Mejías, ya el penúltimo Bienvenida: le he empleado a Gonzalo para su preparación; es increíble, no se puede estar mejor ¡qué barbaridad!.

Y si así le pareció a Miguel, el único que conocía las dotes de su sobrino, imaginemos a los demás que no sabíamos nada de nada, resultando la cosa tan grata como mayúscula sorpresa. Sí señor, todo un Bienvenida este Gonzalo que lleva la sangre de aquel tronco vigoroso que fue el Papa Negro, verdadero artífice de la dinastía y que diera a sus hijos por escuela aquel patio de General Mola.

Por allí, por el valle de Miraflores, en las estribaciones de las cumbres de Navacerrada, anduvo Gonzalo rememorando los aires de su abuelo don Antonio, desde el paseíllo hasta su vuelta al ruedo con el trofeo en la mano y el capote y sombrero en la otra. Antes había ofrecido un recital de toreo, de andar por la plaza, de saber estar, con decisión, soltura y alegría.

La capa en sus manos fue como un pincel perfilando las mejores y más bellas suertes,  desde la brega hasta el remate por chichuelina ligándola a una sorprendente serpentina, no sin antes derramar el arte de unos lances a la verónica.

Y en la mente de todos..."aquí va a pasar algo", y pasó, vaya que sí. Y ocurrió que Gonzalo Bienvenida manejaba la pañosa como si hubiera nacido con ella, desde la primera doblá por bajo hasta un último "ki kiri ki" para dejar el becerro cuadrao para la tizona, se empleó con ilusión, sin pausas pero con cadencia en un extenso y variado muestrario del toreo de muleta de todos los tiempos y del que fuera máximo intérprete su abuelo don Antonio Mejías Jiménez Bienvenida" VII. Vamos, que hasta en la carrerita que se pegó en la vuelta al ruedo recordó a don Antonio.

Diez monteras han coronado a la gloriosa dinastía torera ¿lucirá Gonzalo la undécima?

Dios lo quiera. / Prensa CADB

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