martes, 31 de julio de 2018

FERIA DE SAN IGNACIO – SEGUNDA CORRIDA: El Fandi pincha una importante faena ante un bravo toro de La Quinta

EL MUNDO
Azpeitia (Guipúzcoa)

La Quinta lidiaba en Azpeitia entre la expectación que ha despertado el paso de los grises por Mont de Marsan y Santander -casi llenos esperaban los tendidos-. Y la baja de Castella por una lesión de rodilla acentuada durante su actuación este domingo en la Feria de Julio de Valencia convertía la segunda corrida del ciclo en el debut exprés de Román en el coso vasco.

La sustitución de un día para otro fue, dijo en su cuenta de Twitter el valenciano, "como encontrar un billete arrugado en los pantalones: una alegría que flipas". Y en reconocimiento al júbilo, brindó a Joxín Iriarte el toro de su presentación, que siempre viajó con peligro por encima del palillo. Y tras tres tandas de muletazos largos celebrados por el público, se orientó y no pasó ni una sola vez sin escanear al entregado torero. La espada emborronó el buen hacer. (Silencio).

El sexto de La Quinta, reservón, incierto y muy complicado terminó de aguar la puesta de largo de Román en Azpeitia, junto al estoque nuevamente atragantado. (Silencio).

Mejores mimbres tuvo Curro Díaz, que sorteó en primer lugar un toro noble y soso al que cuajó series largas por ambos pitones. La estocada caída y el uso del descabello no impidieron que el diestro de Linares fuera reconocido con una ovación.

El bello ramillete de verónicas con el que sacó al cuarto hasta la boca de riego alumbró una sabrosa media. Como lo fue su faena de muleta, en la que se sobre puso con oficio y remates de gran gusto a su complicado y reservón oponente, antes de que un pinchazo y un bajonazo lo dejaran todo en otra calurosa ovación.

El Fandi quitó por ajustadas chicuelinas y cogió los palos con su clásica vistosidad antes de que el segundo, muy venido a menos, bajara la persiana. Al ver que su esfuerzo era estéril, abrevió. (Silencio).

El quinto, en cambio, vino a salvar la tarde con su exigente bravura. Tres veces entró al caballo de Ángel Bernal, aplaudido al abandonar el ruedo. Fandi firmó un explosivo tercio de banderillas y una ofreció una importante dimensión con la muleta. La faena, creciente en intensidad, estuvo basada en la ligazón y la largura del trazo, llevando sometido por ambos pitones al gran toro de La Quinta. Que humilló y persiguió con codicia de principio a fin. El fallo con el acero, contante toda la tarde, le impidió cortar la presentida y pesada oreja. Fuertes ovaciones reconocieron la labor de El Fandi y la bravura del toro.

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