domingo, 22 de julio de 2018

FERIA DE LA MADELEINE – CUARTA CORRIDA: La elegancia Ponce y el temple de Castella, a hombros y en tablas

El diestro de Chiva paseó las dos orejas del primero y el francés desorejó al mejor toro de la decepcionante corrida de Cuvillo.

MARÍA VALLEJO
@m_vallejo_ 
Mont de Marsan (Francia)
Diario EL MUNDO de Madrid

El segundo duelo franco-español de la feria colgó por tercera vez, en un ciclo de cinco corridas, el cartel de "no hay billetes". Sirvan las cifras como prueba de la salud de roble de Mont de Marsan.

Al abrirse el portón de cuadrillas, el impecable marfil y oro que vestía Enrique Ponce contrastaba con la obscuridad en azabache del terno elegido por Sebastián Castella para su paseíllo 1.111. Y hacía en cambio sintonía con la juventud inagotable de su veterana ambición.

La salida abanta del bajo primero la recogió Enrique Ponce por verónicas tras la raya del tercio. En el barullo de capotes que fue el tercio de varas, una media aislada voló con soberbia cadencia. Y sin brindis, prólogo, ni probaturas, Ponce se puso a torear sobre la derecha. Ahormando aquella clase que no venía sobrada de fuerza. La hondura de una serie diestra y en redondo hizo sonar la música y las gargantas. Al natural, EP acompañó con pecho y cintura la caricia que fue cada muletazo. Dibujando todo sobre los vuelos. Dos molinetes surgieron acaderados antes de que Ponce volviera a sacar la derecha, girando ahora sobre la figura enhiesta en muletazos cortos, que nacían ya a la altura de la cadera, con elegancia señorial. El efecto certero de la estocada consumó el incendio. Y ató las dos orejas.

El segundo, bajo y hondo, colocó la cara en el capote de Sebastián Castella, que ganó terreno a la verónica. La caída al segundo encuentro con el caballo anunció su falta de fuerzas. Castella, tras el brindis, le barrió el lomo por alto en un intento baldío de oxigenar la embestida. Tan desordenada en su constante rebrincar. Además, el toro se quedaba corto. SC muleteó con corrección por ambos pitones y fue efectivo con en el acero. No hubo opción de nada más.

Ponce sacó al tercero hasta los medios por bellas verónicas. Brindó a la galería y se dobló en un inicio exigente. Perdida la inercia, todo el reprise que traía de salida se esfumó. Y sobre la clase remanente EP dibujó una lenta faena presidida por la suavidad, de nuevo, del toreo con los vuelos. Un abaniqueo elegante hizo las veces de broche. La ovación cerrada reconoció la cadencia del totum.

El enmorrillado cuarto, que perdió las manos estrepitosa y repetidamente en el capote de Castella, vio asomar el pañuelo verde. En su lugar, salió un toro negro, corto y astifino del hierro titular, que tuvo fijeza en los primeros lances. Y un fondito áspero en la muleta, donde el gañafón final lo deslucía todo. SC se sentó en el estribo y se dobló con mando en el inicio. Tras aquello, tres tandas diestras primero y una serie al natural transcurrieron buscando la difícil limpieza. Hallada en el regreso a la derecha. Allí, los muletazos nacieron, con mando, de un inteligente juego de toques, distancia y alturas. Un pinchazo hondo y fulminante calló el esfuerzo sordo.

«Asustado», largo, armónico y bien armado, respondió más a su nombre que a sus bonitas hechuras. Y a la muleta de Ponce llegó aplomado, vacío y con un mortecino pasar por allí. El veterano maestro de Chiva, incombustible tarde tras tarde en su entrega, intentó llevarlo a su altura en una faena de mayoría diestra que ni las poncinas lograron levantar.

El sexto se durmió en el caballo como desde rato atrás lo hacía la tarde. Ponce quiso desperezar la escena con un bello quite por delantales. El único del mano a mano. Crecido el toro en banderillas, José Chacón clavó un gran par antes de que el explosivo prólogo de Castella, atornillado en los medios sobre la vertical, terminara de despertar el cotarro. Tras los pases por alto, citando de largo, y los cambiados por la espalda, el francés se puso a torear sobre la derecha. Pronto y en la mano, que diría Chenel, supo exprimir las virtudes de «Volador». Que fueron muchas. La fijeza, la clase y el recorrido -que venían a salvar el sexteto- se antojaron una celebrada sorpresa. La humillación, milagrosa desde aquel escaso cuello. El temple y la hondura fueron las constantes del macizo conjunto, que mantuvo la intensidad de principio a fin por ambas manos. Los circulares destacaron por el mando que imprimió Castella a la embestida. Tras las dobladas finales, sonó un recado presidencial cuando armaba el estoque. Que fulminante en su colación rinconera, disparó la pañolada hasta la segunda oreja.

Tras levantar la tarde in extremis sobre el excelente «Volador», Castella acompañó a Ponce por la puerta grande. Como celebrado punto final al esperado mano a mano. Saldado en tablas.

NÚÑEZ DEL CUVILLO | Enrique Ponce y Sebastián Castella
Toros de Núñez del Cuvillo, parejos y faltos de casta y fuerza en líneas generales; con clase el 1º; flojo y parado el 2º; descastado el 3º; devuelto por falta de fuerza el 4º; áspero el 4º bis; aplomado y vacío el 5º; y muy bueno el 6º, que destacó.
Enrique Ponce, de marfil y oro. Estocada caída (dos orejas). En el tercero, metisaca y estocada trasera y caída (ovación). En el quinto, estocada baja (silencio).
Sebastián Castella, de azul noche y azabache. Estocada delantera y caída (palmas). En el cuarto, pinchazo hondo. Aviso (silencio). En el sexto, estocada caída y trasera. Aviso (dos orejas).
Arenas de Plumaçon. Sábado, 21 de julio de 2018. Cuarta de feria. Lleno de "no hay billetes".

No hay comentarios:

Publicar un comentario