domingo, 14 de mayo de 2017

FERIA DE ABRIL EN SEVILLA 2017 – ULTIMA CORRIDA: Pepe Moral, de nuevo por naturales

El torero de los Palacios, a punto de abrir la Puerta del Príncipe. *** Buena corrida de Miura con un gran toro llamado 'Amapolo'.
 
CARLOS CRIVELL
@carloscrivell 
Diario EL MUNDO de Sevilla
Foto: EFE

Hace tres años en la fecha del Corpus, Pepe Moral se subió al tren con un toro del Conde de la Maza. Todavía se recuerdan los naturales enormes del palaciego al toro 'Farrucoso'. Nadie sabe muy bien por qué se bajó, o le bajaron, del mismo. Lo cierto es que volvió a la oscura senda del ostracismo y al trabajo sin fecha fija para ponerse el traje de luces.

En la Feria del año pasado cortó una oreja. Este año, sin corridas de preferia para los sevillanos, Pepe Moral aceptó la de Miura. Y otra vez se ha subido al tren. Y de nuevo lo ha hecho al natural. Y de nuevo un toro queda ya ligado para siempre a su vida torera: 'Amapolo', el quinto de Miura, un pedazo de toro, que le ha devuelto otra vez la ilusión; un toro que debe abrirle la luz por los caminos perdidos; un triunfo, en suma, que debe suponer un nuevo punto de partida de un torero que sabe torear muy bien. Lo ha demostrado muchas veces. Esperemos que eso tan funesto y dañino que llaman el sistema lo acoja en su seno para que las plazas del mundo puedan disfrutar del toreo al natural de este matador de toros.

La de Miura comenzó peligrosamente. El primero, más terciado, no podía con su alma. El segundo mejoró en la faena, aunque nunca se entregó. El tercero cogió a Esaú en la puerta de chiqueros y luego se inutilizó al romperse la pezuña. A esas alturas de la tarde era una de Miura deslucida. En la segunda parte salieron tres cinqueños.

Con el cuarto cambió la decoración. Aunque tardo, metió la cara con claridad. El quinto fue el mencionado Amapolo, bravo en el caballo y noble en la muleta. Un toro de bandera. Y el sexto no quiso ser menos y se dejó, si bien con menos clase que su hermano quinto. Los cinqueños le dieron brillo a la divisa.

Pepe Moral fue el torero de la corrida. Al primero de su lote le arrancó la oreja por bemoles. Lo recibió con buenos lances de capa y se gustó en los recortes abelmontados para llevarlo al caballo. El toro quería mano derecha y por ese lado insistió Moral que tuvo paciencia con el de Miura para robarle los pases, algunos más largos y logrados, otros más cortos. En un alarde final, cuando ya antes había comprobado que la izquierda era un dilema, lo volvió a citar para llevarlo en algunos naturales de mérito. La estocada tendida fue suficiente y llegó la oreja. La pidió la plaza y se le concedió.

'Amapolo' era un cinqueño cárdeno con todas señas de identidad de los toros criados en Zahariche. Otra vez hubo lances y un galleo de frente por detrás airoso. 'Amapolo' empujó al caballo y a la muleta. Pepe Moral lo crujió en naturales de trazo perfecto. Otra vez la izquierda a flote. No lo exprimió del todo por ese pitón. Alternó con la derecha, por donde no quería fiesta. La tanda final fue de categoría, como una trincherilla como firma gloriosa de una faena muy buena. La estocada cayó baja. El palco solo concedió una oreja. Debió valorar la colocación de la espada. Lo que nadie ponía en duda que el de Los Palacios había redondeado una tarde completa y que se sube de nuevo al tren. Que no lo bajen, por favor. Y que no se baje el propio espada.

Antonio Nazaré pechó con el primero, flojísimo, que no le dejó rematar ningún muletazo. Además, se enredó con el descabello. El cuarto le permitió mostrar sus cualidades toreras. Este torero también estuvo montado en el tren. Llegó a torear con la figuras en una tarde de orejas y de olvido. Con este cuarto se cruzó, expuso y estuvo más que digno. A veces, incluso airoso con su muletita tan pequeña. Dos muletas de Nazaré juntas son más chicas que las alguna figura que ha pasado por la Feria. A pesar de todo, el esfuerzo le puede servir pero hay que seguir en la lucha.

Esaú fue arrollado en la portagayola del tercero. Conmocionado y con la taleguilla destrozada se lo llevaron a la enfermería. Salió a toda carrera antes de que Nazaré tomara los trastos. Para tomarle el pulso al toro quitó por chicuelinas. No tenía buenas intenciones, como pudo comprobar Curro Robles, atropellado en banderillas. Toda la ilusión del camero se rompió con la pezuña del toro.

El sexto se dejó a medias. Quedó mermado en una costalada dolorosa. Esaú se lo brindó a Emilio Muñoz. El animal quería, parecía noble, pero se rebrincó mucho por sus mermadas fuerzas. Citó Esaú con la izquierda y gritó: ¡por Triana y por Emilio Muñoz! Los naturales se sucedieron sin ligazón. Seguro que Emilio entendió que era casi imposible.

A Pepe Moral se lo llevaron a hombros por la puerta principal. Antes de cruzarla, con un gesto contrariado miró atrás y observó la del Príncipe. Y de camino, miró al palco. No debe enfadarse con la autoridad. Lo fundamental es que sigue toreando de forma maravillosa al natural.

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