JORGE
ARTURO DÍAZ REYES
@jadi45
Y cabe parafrasear a Filiberto Mira —El meridiano
del arte cruza por el ruedo de la Maestranza— Él se refirió a la historia del
toreo, que no es lo mismo, pero vale. Se podrá estar en uno u otra más allá o
más acá, pero siempre con respecto. Regionalismos aparte. Mira era de
Olivenza.
Y ¿Qué es arte? Habría que contestar como San
Agustín refiriéndose al tiempo. Sé qué es, pero si me lo preguntan no lo sé.
Indefinición. Uno sabe lo suyo, pero no lo que sabe otro. Al final, el consenso
hace costumbre y la costumbre ley. En ello actúan con fuerza proporcional las
relaciones de poder. El que más puede más influye. Esto sí, esto no. Empeño de
críticos, publicistas y marchantes.
Pesan muchas cosas. Con fuerza mayor, la
circunstancia histórica, la sensibilidad colectiva, el estado de la cultura.
Cuando la sintonía y el efecto directo de la obra sobre ellas imponen, todos
terminan obedeciendo. Es contagioso. Los impresionistas en París, por ejemplo.
Claro, no todo “arte” de temporada trasciende. Algo logra vigencia generacional
y muy, muy poco se hace intemporal, referencial, clásico.
“Manolete fue el torero del fascismo” dijo con
descaro Luis Miguel, coetáneo suyo. Igual podría decirse que “El Indio
Ceballos” lo fue de la colonia, “El Cordobés” del destape y quizás haya uno por
ahí que será el de como quiera que rotule la posteridad nuestro tiempo. Ya
mucho fan proclama su ídolo.
El asunto es que ahora, época del arte desechable,
hasta en el toreo donde el artista es la obra, se intenta más reemplazar la
falta de creatividad, expresión auténtica y originalidad, con espectacularidad,
manierismos y extravagancias.
Robar atención, escandalizar, sorprender ya que no
conmover. Eso renta por temporadas, pero no dura. No se puede descrestar a
todos todo el tiempo. Abril traerá otra vez a Sevilla, novelería, verdad,
esnobismo, autenticidad, oropel, esencia. Tendrá que diferenciarlos. Para
seguir siendo meridiano, digo.
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