jueves, 7 de septiembre de 2017

LA MEZQUITA - TRIUNFAL MANO A MANO: Juan Mora y Ferrera, culto al arte de torear en Melilla

El extremeño cortó cuatro orejas en una tarde que ambos diestros llenaron de personalidad, clase y profundidad.

IÑIGO CRESPO
Melilla

Melilla fue un hervidero de españolidad y de euforia por la tauromaquia. El festejo anual que acoge la Mezquita del Toreo se convirtió en una reivindicación del arte de torear como símbolo y orgullo patrio del pueblo de Melilla, una ciudad que vibró con el toreo y que acogió visitantes de todos los rincones del mundo taurino. Desde dos días antes se vieron por la ciudad aficionados llegados de muchos puntos que no quisieron perderse uno de los carteles del año, de los más deseados por los aficionados selectos.

Una gigantesca inscripción se podía leer en el centro del ruedo de La Mezquita antes de empezar la corrida: «Melilla, 520 años juntos. ¡Viva España!». Emociones respiradas en una plaza preñada de banderas rojigualdas. En la arena, una corrida de Manuel Blázquez defendida por el porte y la maestría de los dos artistas. Mucho más toreros que toro hubo sobre el ruedo de La Mezquita.

Juan Mora encandiló toreando con sutiles toques al endeble primero, toro noble pero carente de fuerza al que dibujó muletazos soberbios aunque sin continuidad por la condición del animal. Faena con caros destellos arrebatados.

Con el tercero, Juan Mora dictó cátedra. Faena sensacional y a cámara frente a un toro de escaso gas. Mora fue afianzando su embestida hasta sacar ese repertorio tan sugerente y personal. Esa personalidad distinguida de compás abierto, medio pecho y desgarro. Faena bella, con naturales extraordinarios. Obra que transpiró inspiración y gusto. Bramaron los aficionados, esos que agotaron hoteles y viajes por venir a Melilla a ver torear. El porte de Juan Mora. El gusto. El sabor que no se adquiere sino que se tiene. De eso estuvo llena la faena. Se esfumó el premio por un pinchazo defectuoso. La obra quedó escrita.

Y para obra la del quinto, frente a un animal manejable al que cuajó una faena deliciosa y profunda con la izquierda. Obra de grandes lindezas. Faena donde se citaron las claves de la tauromaquia de Juan Mora. Combinación idónea de muletazos de cintura rota junto a otros de planta vertical en los que toreó con los vuelos y las muñecas como pocos, muy pocos, son capaces de hacer. Grande Juan Mora, señor del toreo y la personalidad. Hondura divina. Esos embroques señoriales, esa fascinante manera de andarle a los toros y de llenar la escena. Cortó una oreja que supo a poco. Al público y al diestro, que se negó a dar la vuelta al ruedo. Dio igual lo de las orejas. Allá aquel que no quiso ver una obra de ese calado.Antonio Ferrera se encontró por delante un toro que tuvo de todo menos clase.

Un burraco que embistió a oleadas y frente al que Ferrera desplegó conocimientos. Templaza, armonía, paciencia y saber estar. Una lidia señorial del extremeño. Asiento, naturalidad y expresión. Imposible estar más torero con un animal de tan escasa entrega y fondo. La despaciosidad de Ferrera en estado puro. Cayó un trofeo tras una estocada.

Dos orejas le cortó Antonio Ferrera al cuarto tras una faena de muchos registros. Faena asentada, de gran fondo y capacidad. Supo Ferrera administrar al toro, darle tiempo, acortarle distancia y meterse en su terreno con facilidad y aplomo. Con el toro embrujado por el imán de la muleta de Ferrera, comenzó a brotar un toreo de prestidigitador. Pura fantasía y magia. Sin dejarse enganchar la muleta, surgieron muletazos largos, encajados. De sabrosos remates, asiento versátil. El dominio de Ferrera hecho poesía. Gran estocada final. Melilla retumbó al caer el toro.

Al sexto le ganó la partida Ferrera tras otra faena cargada de argumento técnico. Para entonces, la magia del toreo ya había envuelto la noche de Melilla, una ciudad que disfrutó y tuvo frente así a dos toreros de culto que abandonaron la plaza andando tras una tarde para el recuerdo.

MANUEL BLÁZQUEZ | Juan Mora y Antonio Ferrera
Toros de Manuel Bázquez, dispares de hechuras, nobles, bajos de raza y sin celo.
Juan Mora, de verde botella y oro. Pinchazo y estocada. Aviso (ovación con saludos). En el tercero, estocada casi entera (silencio). En el quinto, pinchazo y estocada casi entera (oreja con petición).
Antonio Ferrera, de carmesí y oro. Estocada (oreja). En el cuarto, gran estocada (dos orejas). En el sexto, estocada (oreja).
Plaza de toros de Melilla. Jueves, 7 de septiembre de 2017. Tres cuartos de entrada.

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