El
valenciano corta una oreja y acaricia la Puerta Grande tras salir a hombros el
pasado 15 de agosto; Joselito Adame da una vuelta al ruedo con el mejor toro de
una desigual y seria corrida de Fuente Ymbro.
Joselito Adame |
ZABALA DE
LA SERNA
@zabaladelaserna
Román regresó a Madrid después de su Puerta Grande
del 15 de agosto. Y a punto de descerrajarla de nuevo se quedó. Cuando la faena
al último de la corrida de Fuente Ymbro, alto como un caballo, volaba camino de
la calle de Alcalá a falta de una oreja, el valor desnudo, o no tan desnudo ya,
de Román se entregaba a la causa como si no hubiera mañana.
De hecho no lo había, toda vez que la empresa ya
había anunciado la sustitución de Antonio Ferrera por Paco Ureña para este
viernes. El valenciano tenía un trofeo en el esportón y otro presentido y
escondido en su izquierda.
Pronto y en la mano se la había puesto. Justo antes de irse a 20 metros y citar al expreso de Gallardo. Pasó por allí como una locomotora. Y Román le ligó una serie de naturales dejándose ir, suelta la muñeca. De los vuelos se salía el toro con un punto mansito y generoso y volvía con la bondad ayuna de excelencias. No descolgó igual, sin que fuera mucho por pura morfología, por la mano derecha. Román aportaba la emoción. Y la colocación, vaciándose por completo, para apurar y darle continuidad a la llama que tremulaba. Cuando se perfiló con la espada, la moneda giraba en el aire. Un metisaca y un sinfín de descabellos la precipitaron contra el suelo y la enterraron al lado de la llave de la Puerta Grande.
Pronto y en la mano se la había puesto. Justo antes de irse a 20 metros y citar al expreso de Gallardo. Pasó por allí como una locomotora. Y Román le ligó una serie de naturales dejándose ir, suelta la muñeca. De los vuelos se salía el toro con un punto mansito y generoso y volvía con la bondad ayuna de excelencias. No descolgó igual, sin que fuera mucho por pura morfología, por la mano derecha. Román aportaba la emoción. Y la colocación, vaciándose por completo, para apurar y darle continuidad a la llama que tremulaba. Cuando se perfiló con la espada, la moneda giraba en el aire. Un metisaca y un sinfín de descabellos la precipitaron contra el suelo y la enterraron al lado de la llave de la Puerta Grande.
Si Román hubiera atacado el volapié con la
contundencia con la que se volcó sobre el morrillo del tercero... Claro que, en
aquel pasaje, el torero sintió un puñal recorriendo el cauce de la femoral. La
taleguilla partida desde la ingle hasta la rodilla, los dedos palpando la
integridad del muslo, el estertor de la muerte transformado en un arreón de
punta a punta del ruedo. El fuenteymbro dobló casi en la puerta de toriles. El
trofeo premiaba su arrojada actitud de principio al fin. Desde las gaoneras con
las que saludó. Como si aquello fuese coser y cantar. El toro armonioso había
dado una buena y humillada embestida por el derecho que, sin embargo, se venía
recta y por dentro por el izquierdo.
Morenito de Aranda lo había comprobado en un seco
derrote durante un quite a la verónica -tremendo el porrazo- y el propio Román
en un cambio de mano -durísimo el talegazo-. Nada amedrantó a Román. Que tras
correr su derecha con quietud y largura le ofreció la zurda con la osadía de
los que aspiran a no pasar de puntillas por la vida. La coda por terroríficas
bernadinas también contó para decir que, en cada una de sus cuatro
comparecencias en Madrid en 2017, Román ha sido todo verdad. Y después todo lo
demás, lo pulido y por pulir.
La desigual, escalonada y seria corrida de Fuente
Ymbro tuvo en este toro tan bien hecho y en el segundo, tan lejano a la
belleza, sus más notables representantes. De mejor estilo y mayor fondo el de
Joselito Adame. Cuando Adame lo trató convenientemente, el fuenteymbro
respondió con amabilidad. Cuando lo violentó, la embestida se descompuso. Así
en el prólogo y en el epílogo de la faena, el torero méxicano alcanzó el
entendimiento y, probablemente, la línea del toreo que persigue: desmayado,
templado, acinturado, caído de hombros. Pero el exceso de toques dinamitó ese
camino. La obra perdió la brújula hasta que de nuevo el toreo despacioso y en
redondo brotó. Un excelso cambio de mano apuntó el yacimiento no explotado de
la embestida a izquierdas. Los doblones desprendieron sabor. Desgraciamente lo
que se despredió de la cruz fue una estocada baja que desligitimaba la
petición. La vuelta al ruedo valía como consolación por los momentos
brillantes. O tampoco.
Otro espadazo en los blandos se cargó también lo
hecho con un quinto cinqueño, hondo y cuajado. Un mansote sin maldad que
Joselito Adame toreó en otra versión más despatarrada. Sin opción de nada dejó
a Morenito de Aranda el otro toro con los cinco años cumplidos. Un marrajo
intratable, orientado y predador. El alto, desfondado y parado cuarto no
compensó su suerte negada.
FUENTE YMBRO | Morenito de Aranda,
Joselito Adame y Román
Toros de Fuente Ymbro, dos cinqueños (1º y 5º), desiguales de hechuras en su
seriedad.
Morenito
de Aranda, de burdeos y azabache.
Pinchazo, media estocada atravesada y descabello (silencio). En el cuarto,
estocada delantera (silencio).
Joselito
Adame, de negro y plata. Estocada
baja (petición y vuelta). En el quinto, estocada caída (silencio).
Román, de sangre de toro y oro. Estocada. Aviso
(oreja). En el sexto, metisaca, estocada y ocho descabellos. Aviso (silencio).
Monumental de las Ventas. Jueves, 28 de septiembre de 2017. Cuarta de feria. Casi media entrada.
Monumental de las Ventas. Jueves, 28 de septiembre de 2017. Cuarta de feria. Casi media entrada.
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