domingo, 9 de julio de 2017

FERIA DE SAN FERMÍN 2017 – CUARTA CORRIDA: Terrorífica y grave cornada al banderillero Pirri en Pamplona

Paco Ureña y José Garrido cortan sendas orejas a los dos mejores toros de una imponente y complicada corrida de Puerto de San Lorenzo, que debutaba en los Sanfermines.
Cornalón para Pablo Saugar "Pirri" 
ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario EL MUNDO de Madrid
Fotos: EFE

La mente de Curro Díaz no quería hacer sitio a los recuerdos. "Ahora mismo estoy pensando en la corrida de hoy", confesó en el patio de cuadrillas. Hace exactamente un año fue testigo de la tragedia de Víctor Barrio en Teruel que ningún torero olvida. Y menos, si la vida te hace mirar los ojos de la muerte. Curro recorrió el ruedo con la carga emocional a cuestas y desmonterado; Paco Ureña se destocó por el camino; y José Garrido paseaba la montera en la mano por su condición de debutante. Ureña y Garrido hacían el paseíllo envueltos en capotes negros.

A la pesadumbre anímica y ambiental se sumó la feísima cornada de Pablo Saugar "Pirri". A la salida del par de banderillas, el tremendo toro cinqueño con el que Puerto de San Lorenzo se presentaba en San Fermín derrotó con certera violencia. La descomunal largura del pitón izquierdo se hundió por el bajo vientre del peón, que quedó colgado por el garfio durante segundos interminables. Cuando lo soltó, los derrotes salieron de su bárbara cabeza como uppercuts al mentón del torero de plata vestido de azabache. En el suelo quedó tendido Pirri agarrándose la barriga y palpándose la barbilla milagrosamente íntegra. La gravedad se sintió en los rostros de los profesionales y en el silencio de los tendidos cuando lo transportaban a la enfermería.

La corpulencia del cinqueño, llamado Tanguisto, alucinaba. Como su arboladura. Por los pechos, el morrillo, la culata, la hondura global de sus 635 kilos. Como si no cupiese en la muleta de Díaz. O entre el brazo y la muleta. Por pura ley física. Por volumen. Curro Díaz tocó con fibra. Accesible y un punto tarda la embestida por la mano derecha. Necesariamente cortas las compuestas series. Los derrotes por el sanguinario pitón zurdo tenían poco trato. Así que CD siguió por el lado más bonancible -ya más desentendido el bruto- con idéntico planteamiento. Media estocada tendida no fue suficiente aunque el veterano jiennense pretendió descabellar. Desistió cuando comprobó la entereza del "buque". Volvió a tirarse a matar con acierto. Y recogió una ovación.

La finura, la estatura, el cuello y la elasticidad hacían del segundo toro como de otra corrida por comparación. Aun dentro de la seriedad. Paco Ureña voló el capote a la verónica con bien. Y abrió la faena por estatuarios barriéndole el lomo. Ureña le propuso la derecha con generosos metros y Pompito se estiró con ímpetu y transmisión. Por abajo en pos de la muleta en una tanda de largura y ligazón. La más redonda de una faena que luego la firmeza del lorquino sostuvo sobre las desigualdades. Las del encastado toro y las del enrazado torero cuando se acortaban las distancias. Más velocidad que ritmo en el empleo de Pompito. No hubo caso al natural. La tela se desprendió raramente del estaquillador. La estocada cabal igualó y elevó todo hasta la oreja.

A José Garrido le abandonó la suerte con un tercero manso y desabrido de marcadas querencias. Tiraba los derrotes incluso con el pitón de fuera. Cargados de genio y veneno. Garrido lo intentó como si fuera bueno. No se enteró el personal hasta que se puso todavía más complicado a la hora de matar. Tapándole al matador todas las escapatorias.

Careció de opciones Curro Díaz con el rematado cuarto. Mal estilo en sus acometidas. Los tornillazos saltaban de los pitones como chispas. Y ensuciaban con enganchones cada cite. Por un momento pareció que a izquierdas... Pero era mentira. Díaz optó por abreviar viendo cómo se agriaba a pasos agigantados el fondo ya de por sí amargo del toro.

No contaba la corrida del Puerto entre las duras sanfermineras y sin embargo... El quinto cerraba el envío de cinqueños -junto al primero y el tercero- y ampliaba la cuota ácida: se arrancaba con todo. Como en bloque. Costaba un mundo estar delante. Paco Ureña estuvo haciendo un ingrato esfuerzo demasiado tiempo.

Para José Garrido fue el toro Huracán que demarró de la manada en el encierro como si fuese Indurain en el Tourmalet. Hierro distinto -La Ventana del Puerto- para una procedencia distinta -Aldeanueva- que su pelaje castaño delataba. Y no sólo. Garrido le dibujó el toreo a la verónica en un quite acompasado. La dulce embestida se hacía arcilla. Garrido quiso impactar con un improvisado arranque de faena rodillas por tierra. En su faceta más clásica jugó las dos manos. Acinturado y hundido. Sin toques más fluido, templado y mejor en su afán por romper la embestida hacia delante. Bueno Huracán y bien el extremeño. Cerró por manoletinas, pinchó una vez y ató el merecido trofeo en el siguiente ataque espada en ristre.

PUERTO DE SAN LORENZO | Curro Díaz, Paco Ureña y José Garrido
Toros de Puerto de San Lorenzo y uno de la Ventana del Puerto (6º), tres cinqueños (1º, 3º y 5º), muy serios y rematados; destacaron el buen 6º y el encastado 2º con sus desigualdades; se dejó el 1 por el derecho; complicados y duros 3º, 4º y 5º.
Curro Díaz, de sangre de toro y oro. Media tendida y estocada rinconera (saludos). En el cuarto, tres pinchazos y estocada atravesada (silencio).
Paco Ureña, de verde esperanza y oro. Estocada (oreja). En el quinto, dos pinchazos y estocada caída. Aviso (silencio).
José Garrido, de nazareno y oro. Pinchazo, media tendida, media baja y dos descabellos (silencio). En el sexto, pinchazo y estocada atravesada (oreja).
Monumental de Pamplona. Domingo, 9 de julio de 2017. Quinta de feria. Lleno.
José Garrido

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