martes, 17 de enero de 2017

Estabilidades y movidas ante la nueva temporada

Cada año por estas primeras fechas, el toreo empieza a removerse. Unos para conservar sus privilegiados lugares, otros para intentar superar contratiempos o los relegos que han sufrido, cuando no para sacar la cabeza del ostracismo que tanto duele.  Es ley de vida.

JOSÉ ANTONIO DEL MORAL
@dtorosnlibertad

Los toreros de la cúpula continuarán en sus puestos porque ninguno de los novísimos valores que llegaron con muchos humos a la pasada temporada han logrado desplazarlos. Ni siquiera Andrés Roca Rey pese a su enorme impacto porque sus habituales cogidas y percances le han debilitado inevitablemente. El caso es que las empresas se han visto obligadas a sustituirle demasiadas veces. Cuestión que, quiérase o no, altera el contenido y el devenir de las ferias. Ya no hay un solo empresario que, cada vez que contrata a Roca Rey, no tema que sea cogido y haya que buscarle sustituto. Ello sin contar el no confesado temor de las figuras que alternan por delante del peruano que empiezan a pensar aunque no lo digan lo que para ellos suponen sus incesantes cogidas, lo que les obliga a tener que matar los toros que deja sin torear. No digamos cuando se atreven en los mano a mano pues se puede dar el caso de tener que tragarse la corrida casi entera… Muchos empiezan a tentarse la ropa antes de que pueda darse el caso. Arduo problema…

El otro nuevo valor que ocupaba infinidad de puestos en los grandes carteles, Alberto López Simón, no acabó de cuajar como algunos creyeron pese a sus incesantes triunfos por su poco convincente estilo y su ya inaguantable dependencia del señor que le apodera, acompaña y “apunta” cual poseso durante todas sus faenas sin parar de decirle a voz en grito lo que tiene que hacer en un continuo pasear por los callejones mientras el torero va de un lado a otro del ruedo escuchando los consejos de su mentor y nunca mejor empleada la palabra “mentor”…

Quizá y sin quizá, muchos estarán ahora mismo arrepentidos de no haber apostado lo suficiente por Gines Marín que, dicho sea de paso, es bastante mejor, más completo y más redondo en todos los tercios que los dos anteriores. ¿O no?

De tal modo – yo no lo dudaría -, será más seguro apostar más por Gines Marín que por los Roca Rey y López Simón. Ello contando además con los nuevos no tan vistos como son José Garrido, Javier Jiménez y Álvaro Lorenzo, increíblemente relegado a puestos cuasi invisibles.

En la mitad de los caminos que recorren los consagrados y los nuevos por consagrar, ya con un pie pisando los lugares más preeminentes, está Paco Ureña aunque no termina de saber venderse mejor a sí mismo.

De los toreros que siguen ocupando la primera fila, los tres menos afectados por las novedades son Enrique Ponce, Morante de la Puebla y José María Manzanares.  Claro que a Morante hay que seguir considerándole caso aparte por la infrecuencia de sus triunfos y porque él tampoco es ni será nunca torero de batalla. Pero los otros dos sí. Ponce, aunque parezca increíble, será más necesario que nunca cuando comience su 28 temporada en la cumbre. Y Manzanares también porque la pasada temporada no solo recobró su mejor ser, sino su mejor estar y continuará en ello.

Del resto de los que resisten en lo más alto, quien ha progresado más nítidamente tanto en formas como en fondo es Alejandro Talavante. Mientras que El Juli parece inamovible en su magisterio y seguridad triunfal aunque ya sin el brillo que tuvo porque, artísticamente, no tiene ni se le adivina remedio aunque, a veces, hace notorios esfuerzos por torear más relajado de lo que que acostumbra. Les siguen los siempre valientes aunque sin mayores mensajes futuristas, Miguel Ángel Perera y Sebastián Castella. Por cierto que, si de toreros franceses se trata, este año tendremos que poner mucha atención a lo que haga Juan Baurista Jalabert porque el pasado dio pasos de gigante superando en frescura y en estilo a su ilustre compatriota.

No olvidemos a los todo terreno más singulares que continúan sosteniendo su sitio en medio del conglomerado de las ferias sin hacer daño a nadie y animando el cotarro sin desmayo: Juan José Padilla y el inagotable El Fandi. Ambos, muy cómodos en donde se hallan y los públicos encantados de que sigan en el machito. El caso es que siempre ayudan a llenar y siempre divierten.

Los aficionados – y las empresas – deberemos estar muy pendientes de lo que haga Manuel Escribano en cuanto reaparezca de la mano de su nuevo apoderado, El Tato. Seguro que le vendrá bien el cambio de mentores por estrenar tratamiento exclusivo.  A este torero hay cuidarlo mucho porque se lo ha ganado y lo merece.

Pero ya que hablamos de cambios de apoderamiento, hacerlo también solo que en este caso ciertamente preocupante para el interesado. El del riojano Diego Urdiales, otra vez en manos de su hombre de siempre, Luís Miguel Villapando, una vez abandonado por los mexicanos de la FIT. Mal asunto.

Del que apenas se habla y mira que se ha hablado hasta la saciedad durante los pasados años es de Iván Fandiño. El de Orduña es quien parece haber perdido más comba entre los eternos aspirantes a figura. Era y es imposible que llegue a serlo por querer ser lo que no es a cualquier costa. En cambio, quien se ha ganado a pulso figurar en mejores carteles y en mayor número es David Mora. Ya está anunciado en el estreno invernal de la madrileña plaza cubierta de Vistalegre y es de suponer que en la inminente temporada este presente en todas las ferias. No ha cansado a nadie y se le va a ver con ilusión.

Un torero que tiene sus partidarios y que está luchando por mejorar es Curro Díaz dentro del grupo de los “artistas”, aunque debería estar más atento a progresar técnicamente que en “regustarse” sin antes resolver los problemas que presentan los toros. Defecto muy común en los toreros de su corte.

A caballo entre la élite del populismo mediático y  el toreo en sí mismo, de los hermanos Rivera Ordoñez, sube Cayetano y baja Francisco con su carrera hecha y ya sin necesidad de rehacerla. No debería tentar más a la suerte…

Siempre fue importante saber ubicarse en los lugares que corresponden a cada cual, aceptarlo y sacarle el mayor partido posible. Conocerse a sí mismos y no mear nunca fuera del  tiesto…

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