martes, 25 de abril de 2017

El otro corazón de Palomo

Divorciado de Marina Danko, con quien estuvo casado más de 30 años, planeaba una boda con la juez Concha Azuara.
Sebastián Palomo Danko, hijo de Palomo LInares, en su momento de torero. 
BEATRIZ CORTÁZAR
Diario EL MUNDO de Madrid

La relación de Sebastián Palomo Linares con la prensa del corazón fue como la de tantos toreros de su quinta, que sabían posar vestidos de luces para la prensa taurina y luego abrir sus casas con su familia para descubrir su perfil humano y mostrar orgulloso a los de su sangre.

Casado durante mas de treinta años con la espectacular Marina Danko, su relación parecía perfecta hasta que estalló la polémica de un divorcio que tuvo capítulos más que tristes y un final amargo para el diestro, que vio cómo dos de sus hijos, Sebastián y Andrés, se posicionaban al lado de su madre retirándole hasta la palabra.

Poco después el tercero también se iba al bando materno. «Yo respeté a mi padre siempre y para mí eso es sagrado», me decía. «Soy un hombre con unos principios muy fuertes y hay cosas que nunca pienso tolerar a un hijo», añadía.

Su amargo divorcio, que les llevó hasta los tribunales, nunca tuvo un final feliz pero sí permitió que cada uno rehiciera su vida y cerrara un capítulo del que el diestro no quería ni recordar y mucho menos cuando le llegó la segunda oportunidad de ser feliz, esta vez con la juez Concha Azuara, con quien ha vivido los últimos años de una vida que tenía muchos planes por cumplir.

Entre otros, su boda con la magistrada. «Cualquier día nos casamos», solía decir en los encuentros privados que manteníamos y que «bautizamos» como «almuerzos de terapia», donde, junto con Paloma Barrientos, nos confesábamos y dábamos consejos para ser felices en la vida.

«Es una mujer maravillosa. Inteligente, seria, responsable, cariñosa, guapisima...», nos detallaba el diestro sobre su novia. Desde que se enamoraron Sebastián hasta actualizó su vestuario y probó nuevas técnicas en su pintura. «Estoy feliz y tranquilo. Algo que no me pasaba hacía mucho», decía.

Con Concha viajó, fue a los toros, inauguró exposiciones y disfrutó de su segunda juventud. Junto a ella ha vivido las semanas más duras de su vida desde que empezó a sentir una fatiga que no vaticinaba nada bueno y eso que al principio creyó que se trataba de una gripe. «Dios quiera que salga la operación bien porque me encuentro muy mal», confesaba dos días antes de su intervención.

Por desgracia, el corazón del diestro no ha podido superar una dolencia que se complicó en la UVI con un derrame cerebral. Esa tarde sus hijos sí estuvieron cerca para despedir a un padre que había donado todos sus órganos mientras su ex mujer lloraba en la distancia el final de una vida que, a pesar de todo, tuvo capítulos muy felices.

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