viernes, 20 de mayo de 2016

FERIA DE SAN ISIDRO – DECIMOCUARTA CORRIDA: Una corrida distinta de Alcurrucén

Sin las calidades ni el bello escaparate habituales, pero con un primer toro de excelente estilo. *** Confirmación de José Garrido en versión temeraria. *** Castigado Castella. *** Lote deslucido para El Juli. 
José Garrido
BARQUERITO
Fotos: EFE

SOLO EL PRIMERO de los seis toros de Alcurrucén hizo honor a la fama mayor del hierro. Largo y bajo, de finos cabos, negro lustroso, muy bien hecho, palas y puntas grises. Serio. No un dije precisamente. Sino la estampa perfecta del toro Núñez que los hermanos Lozano tienen fijado en su colección. Un lindo trapío. Cumplió con el código y el estilo de su línea: salida fría, galopes sueltos, escupidas del caballo de pica en dos picotazos y protestas contra el estribo en el único puyazo que lo sangró. Un quite gracioso por mandiles del extremeño José Garrido, que confirmaba la alternativa. Para él estaba el toro, que en los lances de brega en banderillas hizo sentir muy particularmente el célebre “tranco de más”. La crema de la casa. 

Garrido abrió faena con un órdago: de largo, hincado de rodillas en el platillo, tan parapetado tras el engaño que costaba dejarse ver. Gran galope del toro. Siete muletazos de hinojos en redondo bien librados, otras tantas repeticiones del toro por abajo, el de pecho, de rodillas también, y el del desdén. Gran jaleo. Solo que iba a ser, al cabo, el único acontecimiento sonado de la corrida.

Una faena afanosa de Garrido, toda entera en los medios, más firme que templada, un puntito tensa. Ya en pie, una tanda en redondo enganchadilla; abuso de desplazar al toro con la zurda, por donde no se daba tanto como por el otro pitón, dos tirones; una cuarta  tanda poderosa, mano baja, pero interrumpida por un resbalón en cogida y caída, las dos cosas. La fortuna de salir ileso. Una estocada desprendida y soltando el engaño. Un aviso. Pero se valoró el esfuerzo. Sacaron al torero a saludar. Apenas unas palmas en el arrastre para toro tan propicio.

Contra costumbre, una corrida de muy dispares hechuras. Fuera de tipo el cuarto y el sexto. El uno, de alzada brutal, 600 kilos, cuerna arremangada, gruesas mazorcas y cabezón. El otro, cornalón, cortito y ancho, sin cuello, se habría emparejado por feo con el elegantísimo primero en el reparto de lotes; de la casi infalible reata de los músicos, Cornetillo, pero ¡quién lo diría…! Fueron los de peor nota. Al cuarto, las manos por delante, le costó venirse y resultó no de los del tranco de más sino todo lo contrario. El Juli quiso con el capote pero en lances forzados, la media de remate fue muy bonita; y quiso con la muleta con su diligencia de siempre. En menos de dos minutos le había pegado al toro tres tandas, y las dos primeras bien abundantes, de seis o siete. Apenas pudo disimular Julián su poca fe en el toro. Lo mató de estocada por arriba y soltando engaño.

Garrido le hizo al sexto, a tercio cambiado, un quite de gran temeridad: de rodillas el cite de largo en los medios para cobrar un farol apenas volado, y dos gaoneras de echarse encima el toro, y una especie de remate soltando el engaño cuando iba a ser hecho presa. División de opiniones. Unos bonitos doblones en la apertura de faena. Y una tozuda porfía: una embestida mortecina, ni a la voz se animaba a despegarse del piso el toro, rebrincado, venido abajo, finalmente distraído. Dos ataques con la espada. Fuera de tipo el toro músico, y fuera de su línea el propio Garrido.

El primero de los toros de El Juli y el segundo de los de Castella –segundo y quinto de corrida- sí estuvieron en tipo reconocible. Cargadísimo de culata el segundo, berrendo en colorado, pero, corto de cuello, fue por eso de los de embestir a golpes y no meter los riñones en ninguna baza. Aunque escarbó mucho, el quinto sacó en la muleta son bravo y no sencillo. El tercero, tardo y parado, agarrado al piso, fue toro mutante y, cuando metió la cara, lo hizo con calidad sorprendente. El argumento de las ganaderías largas: pocas cosas en común tuvieron entre sí los seis toros del envío. Y en poco se pareció esta corrida a cualquiera de las dos de Alcurrucén del último San Isidro.

El Juli se peleó con el aire brusco de su primer toro, que se frenaba mucho, supo tenerlo en la mano, trató de persuadirlo. En los medios, donde la tanda más lograda, en el tercio y entre rayas. No hubo acuerdo. Media estocada trasera, el descabello. No descubrió el toro. Diez golpes de verduguillo. Un aviso. Y una pitada por eso.

El primero de Castella empezó pegando algún arreón, como tantos toros tardos, pero fue, dentro de ese aire, bastante dócil. Una larga faena del torero de Beziers en busca del terreno, la mano y la distancia. Faena de menos a más, pero lo bueno, dos tandas en tablas, llegó tan a última hora que apenas contó. Sonó un aviso antes de la igualada. Y antes de la igualada le estuvieron afeando el vicio de torear al hilo o fuera de cacho. Con el quinto abrió Castella con su fórmula favorita –el cambiado por la espalda, el lazo de cinco o seis en los medios- y siguió luego una apuesta desigual y tibia. Lo estuvieron friendo con el “¡Crúzate, Sebastián!!” y lo acusó. Y no se cruzó. No se arrugó ni se
cansó.

FICHA DEL FESTEJO
Seis toros de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano).
El Juli, pitos tras un aviso y silencio.
Sebastián Castella, división tras un aviso.
José Garrido, que confirmó la alternativa, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso.
Madrid. 15ª de San Isidro. 23.000 almas. Primaveral. Dos horas y veinte minutos de función. El Rey, la infanta Elena y su hija Victoria Federica, en la meseta de toriles.
El Juli y Garrido les brindaron sendos toros. Brindis muy jaleados.
El Rey, la infanta Elena y su hija Victoria Federica, en la meseta de toriles, contando como mudo testigo el maestro Zabala de la Serna (de lentes) en jornada de varios brindis, como lo han sido las tardes que se ha hecho presente en Las Ventas a lo largo de esta feria.

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