martes, 27 de septiembre de 2016

Simón Casas: de espontáneo a amo del toreo

El 'productor de arte', como se autodenomina, se convierte en el primer francés al frente de la primera plaza del mundo tras más de 40 años entregado al mundo de los toros en las facetas de empresario y apoderado. *** Aglutina ahora mismo la gestión de las plazas de Madrid, Valencia, Alicante, Nimes, Zaragoza y Mont de Marsan. *** Casas se tiró de espontáneo en los años 60 en Nimes a un toro de Antonio Ordóñez, llegó a debutar de novillero en Las Ventas en el año 1967 y cortó una oreja.
 
ZABALA DE LA SERNA / GONZALO I. BIENVENIDA
@zabaladelaserna / @GonIzdoBienve
Diario ELMUNDO de Madrid

Bernard Domb Cazes (Nimes, Francia, 1947), Simón Casas en los carteles, viene de padre polaco y madre sefardí. La historia de su nombre ya es un historión en sí mismo. Sólo porque Domb Cazes no sonaba muy torero. Su árbol genelógico hunde sus raíces en el Toledo español del siglo XV por el lado de su madre. La expulsión de 1492 acabó en un éxodo a Turquía y con los siglos y las carambolas en el regreso a Europa por una ruta que desembocó en Nimes. Y allí el niño Bernard creció oyendo hablar el ladino o sefardí, el español que de generación en generación habían conservado desde el siglo XV. Y soñaba con ser torero. Porque el torero era el español en Nimes.

Por la ruta de los sueños, Blanquito, su apoderado, confundió el sonido de Cazes con Casas, y como ya habían acordado que lo de Domb no pegaba ni con cola en los carteles surgió el pack completo: Simón Casas.

Ahora, con esta victoria en el concurso de Madrid, Simón vuelve a casa, o eso dice como desmintiendo el título de primer extranjero al frente de la Monumental de las Ventas, y cierra un círculo. Como colofón a una apasionada trayectoria taurina no está mal.

Pasó de ser un joven inconsciente que saltó de espontáneo a un toro de Antonio Ordóñez en Nimes en los 60 a un respetado empresario taurino revolucionario de un mercado anclado en muchos aspectos. Antes de encontrar su sino como productor de arte, así le gusta que se le defina, trató de ser torero. Debutó en Las Ventas como novillero en el año 1967 cortando una oreja. Tras varios éxitos rivalizando con otro francés, Nimeño, tomó la alternativa en Nimes convirtiéndose en el primer torero que se doctoró en el anfiteatro romano. De manos de Ángel Teruel y en presencia de Paco Alcalde en mayo de 1975 con toros de Dionisio Rodríguez. Anunció su retirada al día siguiente de convertirse en matador de toros.

Tras aquella experiencia vital, decidió probar suerte en los despachos. En la Bayona francesa encontró la mano del gran Manolo Chopera para empezar a andar. La primera plaza que gestionó fue la de Frejus, que años atrás había hecho famosa Pablo Picasso acudiendo con asiduidad. Ese inicio como organizador de espectáculos le dio la posibilidad de fijarse en distintos toreros. Su primer apoderamiento fue el de Emilio Muñoz. El maestro trianero, aún niño, consiguió enloquecer al francés. La falta de capital le hizo alquilar las plazas por jornada para que su joven pupilo torease. El sistema resultó un acierto.

La lista de apoderamientos es extensa, desde Muñoz hasta uno de los componentes de su actual proyecto venteño: Curro Vázquez. Por sus manos pasaron José María Manzanares (padre), Cristina Sánchez, Finito de Córdoba, Uceda Leal, Julio Aparicio, Javier Conde o Daniel Luque, entre otros. En la actualidad dirige la carrera de David Mora. Y la de la rejoneadora Lea Vicens como continuación de aquel otro loco lanzamiento amazónico de María Sara.

Su espíritu valiente le ha llevado a presentar distintas exclusivas a importantes toreros a lo largo de la historia. Dos ejemplos inolvidables son la campaña de Paco Ojeda en 1984 y el planteamiento de temporada que firmó con El Juli. Este último lo tuvo que romper en dos para pagarle el doble de lo acordado tras el fenómeno que supuso el lanzamiento del madrileño como matador.

Una de las medallas que luce con mayor orgullo es la de tener buena sintonía con José Tomás. En la última época del genio de Galapagar, Simón Casas fue capaz de conseguir su reaparición en Valencia el 23 de julio de 2011 tras la gravísima cornada de Aguascalientes (México) y de programar la histórica mañana del 16 de septiembre de 2012 de los seis toros de Nimes. Además cuenta con la autoría de cinco libros de temática taurina, sólo uno de ellos traducido al castellano: La tarde perfecta de José Tomás (Demipage, 2013), que prologó el cantante Andrés Calamaro.

En la ya penúltima adjudicación de Las Ventas formó parte del equipo de Taurodelta cuando José Antonio Martínez Uranga le convenció para concursar juntos y de formar una candidatura única que no encareciese el concurso. Organizó una rica agenda cultural de la Feria de San Isidro en una carpa que se instaló en la explanada exterior del coso. Para aquellas jornadas logró contar con personajes de la Cultura de la talla de Mario Vargas Llosa, Albert Boadella o Fernando Sánchez Dragó, con quien le une una especial vinculación. Pero sus responsabilidades taurinas fueron nulas. Finalmente se desvinculó de Taurodelta para centrarse en las plazas que gestiona en la actualidad.

Ahora asume la gestión de la plaza más importante del orbe taurino de la mano de Nautalia. Un proyecto ambicioso que ha reventado al alza la licitación venteña desde los 2,8 millones del canon de explotación a los casi 3 millones del Plan del Fomento, Publicidad y Difusión pasando por la rebaja del 10% a los abonados o la inversión en las Escuelas de Tauromaquia, que roza 1 millón de euros.

Aquel melenudo joven nimeño que saltó de empresario en un toro de Antonio Ordóñez allá por los años 60 se sienta desde hoy en el trono del toreo y bajo sus dominios se extiende un vasto territorio desde Valencia, Alicante y Zaragoza a Mont de Marsan y Nimes, su gran tesoro, allí donde empezó todo.

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