viernes, 16 de septiembre de 2016

FERIA DE LA VIRGEN DE LOS LLANOS - Pleno de Manzanares: del látigo a la seda

El torero alicantino se hace con cuatro orejas con un gran lote de Núñez del Cuvillo, premiado el encastado segundo con la vuelta al ruedo en el arrastre.
ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario ELMUNDO de Madrid

Viernes de feria, Albacete desbordado, comidas intensas, abundantemente regadas, fiesta. Y así como para coronarla el festín de los toros. Como continuación de todo. La celebración de la cosecha y la exaltación de la vendimia. Y José María Manzanares vino a sumarse. Con su látigo, su seda y su espada. Y dos toros de cuvillo diametralmente opuestos. De la casta encendida a la delicatessen glacé. De la potencia al buqué. Un pleno para el torero de Alicante que nació con un empujoncito presidencial -como la vuelta al ruedo en el arrastre para el tal «Currillo» de Álvaro Núñez- y murió por derecho propio por la puerta grande.

Don Luis Natalio también quiso celebrar la cosecha, la vendimia, la fiesta y la feria y concedió ipso facto las dos orejas para Manzanares en los albores de la tarde. Y de propina la vuelta al ruedo en el arrastre que nadie pidió para el encastado y ensabanado toro de Núñez del Cuvillo.

No sé. A riesgo de asumir el alias de Pdr Snchz, "Míster No", ni la firme faena de Manzanares se hacía para tanto ni la fuerte embestida del cuvillo para el pañuelo azul. Como tampoco consiste en negar la mayor para hacerse con los mandos de la razón, si hay que decir que «Currillo» embistió con riñones y José María Manzanares toreó con sobrada capacidad técnica para que el agua no le alcanzase el cuello de la camisa donde otros se ahogarían, se dice y no pasa nada. Pero también que al cuvillo le faltaba la clase, el ritmo y la excelencia de la humillación superior. Y a Manzanares el extra ball de la determinación de someterlo en lugar de ponerse a su velocidad con el látigo de su muleta. Dicho lo cual la estrategia de desgaste, avanzada la faena, dio su fruto en una serie al natural más atemperada y reunida. Como si todo lo anterior, que fue mucho y abundante desde un prólogo de más fino dibujo, se encaminase a pulir por cansancio la violencia cierta del toro de gran fijeza.

La cosa es que la gente vibró y se entregó. Y, cuando la espada manzanarista cruzó como un rayo el volapié, la plaza estalló de júbilo obviando la colocación de la estocada... Y don Luis Natalio, también.

Por las antípodas de «Currillo» y la anterior faena navegaron «Tramposo» y Manzanares. Por la clase y la seda. Como para compensar. O tapar bocas. Un cuvillo de calidad excelsa y una faena temple dormido. Como una trompeta anunciadora fue un monumental cambio de mano. Y después surgió todo lo demás (y alguna pausa de más). Mecido el natural y cadencioso el derechazo, los pases de pecho sellaban las rondas al alza. Como el espadazo en la suerte de recibir que revienta toros al encuentro. ¡Boom! Un espadazo incontestable y otras dos orejas. Ahora inapelables.

Enrique Ponce se enzarzó en una trifulca de amor propio con un gachó que le gritó que se arrimase. Y le respondió con hechos con aquel cuarto castaño cuvillo que punteaba los engaños. Así que Ponce se encorajinó y la faena pasó de la solvencia poncista a una zaragata importante. Unos vociferaban a favor, otros en contra y el maestro gesticulaba entre los pitones con las ya media arrancadas de final de obra. Un aviso como recado presidencial en plan "dejadlo ya". Cuando EP se cobró la estocada en el segundo viaje, los partidarios ondearon sus mosqueros y los detractores silbidos. En medio de aquello, el veterano torero se decidió a dar una vuelta al ruedo ante la que el mismísimo Barquero exclamaría "¡no me mates!".

Ese fue el premio total ya que con un inválido jabonero de Juan Pedro se había quedado compuesto y sin consolación.

Álvaro Lorenzo, que tan bien torea a la verónica, lanceó al viento cuando el juampedro pasaba a su bola por los exteriores del capote. Como si no viese. No fue el caso. Pero sí el de los malos apoyos delanteros. Lorenzo consiguió por el secreto del temple sostenerlo de mitad de faena en adelante. Y desde allí se creció hasta matar con más fe que tino y hacerse con una orejilla.

Misión imposible fue incrementar la bolsa con un sexto permanentemente a la defensiva. La tarde había tenido un solo amo, dueño y señor: José María Manzanares.

CUVILLO | J. P. DOMECQ | Enrique Ponce, José María Manzanares y Álvaro Lorenzo
Toros de Núñez del Cuvillo; el encastado 2º premiado con la vuelta en el arrastre; de enorme calidad el 5º; 4º y 6º se defendieron; y dos de Juan Pedro Domecq (1º y 3º) de poca fuerza; de diferentes hechuras y remate en conjunto.
Enrique Ponce, de grana y oro. Cuatro pinchazos y descabello. Aviso (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada. Aviso (petición y vuelta).
José María Manzanares, de azul marino y oro. Estocada desprendida (dos orejas). En el quinto, estocada en la suerte de recibir (dos orejas). Salió a hombros.
Álvaro Lorenzo, de azul pavo y oro. Media estocada atravesada. Aviso (oreja). En el sexto, pinchazo y estocada pasada (silencio).
Plaza de toros de Albacete. Viernes, 16 de septiembre de 2016. Novena de feria. Casi lleno.

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