jueves, 4 de agosto de 2016

PREVIO A LA FERIA DE LA VIRGEN BLANCA: Salvar Vitoria, segunda parte

Los toros de la Blanca, llamados a fijarse en una feria de calidad, con el reclamo de los dos toreros mayores de la temporada: Alejandro Talavante y el peruano Roca Rey. Cayetano, en su mejor momento, gancho seguro en taquilla.

BARQUERITO

LOS TOROS de la Blanca de hace un año fueron el primer paso de una operación bautizada entre taurinos como Salvar Vitoria. La gestión de los años 12, 13 y 14 dejó al borde del abismo la plaza y la feria. Deudas, impagos, carteles improvisados, deserción de blusas y peñas. Y la beligerancia orquestada de la marea antitaurina, que, enquistada en Vitoria, no ha progresado apenas en otras tierras vascas: ni en Bilbao, ni en Azpeitia, ni en Bayona, ni siquiera en San Sebastián. La clausura en 2012 para funciones taurinas de Illumbe se tuvo por arbitraria decisión política. La reapertura en 2015, por lógico retorno a la normalidad.

La alarma de situación límite se detectó solamente en Vitoria. La plaza más vulnerable a los azares de una crisis económica que se llevó por delante la brillante gestión de cuatro cursos (2007 a 2010) del grupo Vitauri antes de reacomodarse la Blanca en el mapa de la temporada. Fue oxígeno en su momento el modelo Vitauri, inspirado en la primitiva autogestión de las plazas francesas de propiedad pública, que son la inmensa mayoría.

Gestión directa, desinteresada, delegada o compartida, de tutela municipal, pactada. Un asesor profesional –el empresario Roberto Espinosa, curtido en la gestión de plazas como Madrid, Valencia y Nimes- y un grupo de aficionados bien avenidos del país y la ciudad. El experimento se siguió con atención desde todos los flancos. Subió el nivel del toro y de las ganaderías. El rango de los carteles, también. Aire fresco, plaza nueva, rescate de una tradición segura, reposición de Vitoria en su papel de plaza mayor del segundo nivel. Volvieron a Vitoria medios nacionales de comunicación. Hasta el día en que, estallada la burbuja inmobiliaria, la crisis pasó a ser un agujero negro.

La crisis se tradujo, y todavía, en una reducción no drástica pero sí sustancial del llamado consumo de ocio. Caída del gasto, impuestos salvajes, supresión de subvenciones. Los toros de la Blanca frente a una suerte de cuatro apocalípticos jinetes. Por eso el Salvar Vitoria. Más una idea y un proyecto sensibles que una operación propiamente. Al frente de proyecto e idea, el más brillante de los empresarios jóvenes españoles, José Cutiño, avalado por su gestión en las tres plazas de peso de Extremadura –Olivenza, Badajoz, Zafra-, en Málaga y Córdoba. Nadie se atrevió a arriesgar ni a apostar por Vitoria cuando la resolución de contrato de 2014 con los penúltimos gestores. Solo Cutiño.

La feria de 2015 fue un primer paso cauteloso pero firme. Resultado positivo sobre dos condicionantes ineludibles: reducción del número de festejos mayores y control severo de gastos y precios. La reducción no es en rigor una circunstancia excepcional en Vitoria, donde las leyes del mercado han obligado a volver a una feria como las de hace medio siglo, de tres corridas solamente. Y una de ellas, en el caso de la Blanca, de rejones, porque el tirón de Pablo Hermoso de Mendoza sigue vivo al cabo de casi veinte años de hegemonía.

De modo que dos corridas. Pero buenas las dos. Las dos, con imán. Lo fueron las del curso pasado: una de Luis Algarra, de preciosas hechuras y notable calidad, y otra, de Fidel San Román, hierro de El Ventorrillo, encastada y correosa, más de pelea. Un cartel de lujo mayor: Morante, El Juli y Talavante. Y otro de gancho popular, de los llamados mediáticos: Francisco Rivera Ordóñez, que iba a sufrir solo unos días después en Huesca una gravísima cornada, Sebastián Castella y El Fandi, que arrolló como suele. Castella estaba casi estrenando todavía su cartel de triunfador indiscutible de San Isidro. Talavante y El Juli firmaron trabajos de mérito. Ya estaba anunciando Talavante el son en que se ha venido dejando ver desde que arrancó la temporada 2016. Son de figura mayor.

En Sevilla, en Madrid –tres faenas memorables en San Isidro- y en Pamplona Talavante se ha confirmado como el torero del año: la frescura de ideas, el sentido del espectáculo, la espontaneidad. La personalidad. Era fama su excepcional mano izquierda. Pero el Talavante de ahora mismo es, además, artífice a la verónica, torero diestro y espada más seguro que antes. Sus estancias de invierno en México han dado a su manera de torear un matiz particular: el viejo toreo llamado de ida y vuelta, que abunda en los lances de capa y muleta a pies juntos y en las soluciones intrépidas. “Ni yo mismo sé cómo…ª, dijo Talavante para comentar una arrucina de rodillas con que abrió el año pasado una faena en Madrid.

Los dos toreros clave del abono de San Isidro –la faena prodigio de Manzanares fue en la corrida extraordinaria de Beneficencia- han sido el propio Talavante y la novísima novedad de 2016, el joven peruano Andrés Roca Rey, singular cóctel de arrojo, seco valor de sangre fría, temeridad sin límites, refinada inteligencia, precocidad sin apenas precedentes. Hace dos años, toreando todavía sin picadores, andaba ya asustando a las parroquias. Y ahora, alternativa en Nimes el pasado septiembre, anda entre toros cinqueños sin pestañear ni rectificar, con gobierno impropio de torero nuevo, autoridad y estilo bien definidos. Alguna seña de torero por terminar de hacer, pero eso no cuenta al paso del huracán. El Huracán, lo llaman.

El clasicismo irrenunciable de un torero exquisito como Diego Urdiales; la gravedad y el temple de Miguel Ángel Perera y sus muletazos de “trazo largo”, como los ha definido su suegro Pedro Capea; la gracia original de Joselito Adame, el primero de los toreros mexicanos del momento; y un Cayetano, torero diferente, en versión rondeña y pura que, en el año de su reaparición, lleva cumpliendo la temporada mejor de su carrera.

De Jandilla acaba de jugarse en Pamplona una corrida de muy buena nota –Talavante lo bordó con el toro que ha acaparado todos los premios de bravura- y eso es indicio fiable. En Vitoria se hizo tradición en los años de Vitauri una corrida de encaste Atanasio. Y aquí está de vuelta el hierro de Valdefresno, los más puros atanasios del campo de Salamanca. El aire de Vitoria en agosto le sienta bien a Atanasio, y…

Y una de rejones, de sangre Murube y el hierro de Luis Terrón. Pablo Hermoso: sin comentarios. Y dos discípulos: uno, Manuel Manzanares, educado en la escuela de Pablo; y otro, la francesa Lea Vicens, gran sorpresa de la temporada española, formada en otra escuela, la sevillana de Peralta. Habrá fiesta.

CARTELES

Viernes 5 LOS DOS TOREROS DEL AÑO
Toros de Jandilla: Diego Urdiales, Alejandro Talavante y Roca Rey

Sábado 6 EL MAESTRO Y SU HUELLA
Toros de Luis Terrón: Pablo Hermoso de Mendoza, Manuel Manzanares y Lea Vicens

Domingo 7 UN CLÁSICO MODERNO
Toros de Valdefresno: Miguel Ángel Perera, Joselito Adame y Cayetano

POSTDATA PARA LOS ÍNTIMOS.- Acaban de empezarse a cobrar en Miranda de Ebro las compensaciones a cargo del Tesoro por los daños de las inundaciones de 2015. Se desbordó el Ebro, debió de saltar por encima de los pretiles del puente del XVIII, que es un puente muy bello, y romper las manguardias de piedra de sillar que protegen el casco viejo. El Casco viejo de Miranda es una ciudad muerta. Un muerto cuidado como un enfermo de buena salud. Está despoblado. Hay edificios muy nobles: el Ayuntamiento, la iglesia románica de Santa María, las casas de las Cadenas y los Gil Delgado, el teatro Apolo. El Real de Aquende. Y hay espacios muy bellos: el Botánico, la plaza del Mercado, un jardín tapiado por encima de cuya tapia asoman brezos amazónicos muy aromáticos. Toda Miranda se baldea con agua perfumada. El convento de los Corazonista en la loma del alcor es un edificio cargante pero sólido. Hay una hospedería como un retiro espiritual. Un claustro franciscano, calma mayor. 

El tren de la línea de Irún cruza por un puente de hierro. El Ebro viene remansado, aguas verdosas. El agua de grifo de Miranda es gruesa. Mal sabor. Parece mentira.

Y, en fin, ese encanto sórdido de las ciudades ferroviarias. Con su urbanismo y edificaciones estalinistas, Miranda de Ebrowski. Mirandogrado. Aquí hubo en 1939 un campo de concentración, el mayor y parece que más cruel de los levantados tras la derrota del ejército republicano. Las guerras guerras. Morir de pena.

A la salida de Miranda, camino de Vitoria -el tren va paralelo al cauce del río Zadorra-, los talleres de Talgo, donde se construyen las máquinas y unidades de los expresos AVe que levan de Bombay a Nueva Delhi. Ida y vuelta.

El encanto de las ciudades ferroviarias es discutible. No fácil de ver. La estación de Miranda, estructura y ornato británicos, parece de juguete y maqueta. Pero no. De todas las ciudades ferroviarias españolas, Miranda es la mas viva de todas. Con la salvedad de Zaragoza.

¿Comer? En La Roca, y en la barra, Id pronto, carnívoros insaciables! Calle de Ramón y Cajal

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