miércoles, 13 de marzo de 2019

100 años de la alternativa del loco cuerdo de las letras y los toros: Sánchez Mejías

ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario EL MUNDO de Madrid

"Para mí, Ignacio Sánchez Mejías es algo así como Chaplin, Picasso o Lawrence de Arabia: un personaje tan singular que si hubiera nacido norteamericano, ya hubieran hecho muchas películas sobre él". Estas palabras de 2008 del catedrático y critico taurino del Diario ABC Andrés Amorós, biógrafo del torero, dramaturgo, actor, mecenas de las Generación del 27 y presidente del Betis, lo definían como un ser irrepetible. Su muerte en Manzanares en 1934 inspiró la más deslumbrante elegía de la lengua española de todos los tiempos: García Lorca mitificaba la figura del matador ilustrado con su llanto. Las cinco de la tarde, el verso que la memoria popular repite, olvidando estrofas que conmueven como la noche oscura de los tiempos.
"La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!"

La sangre de Ignacio sobre la arena. De su alternativa se cumplen 100 años el inminente 16 de marzo. Sánchez Mejías tomó los trastos de manos de su cuñado Gallito un 16 de marzo de 1919 en Barcelona. Como testigo Juan Belmonte. Y toros de Vicente Martínez. El toro se llamó «Buñolero». Era solo un año antes de la tragedia de José en Talavera. La fotografía de ISM velando el cadáver en la tarde trágica en la que también toreaba. El pequeño de los Gallo había sido su forja durante los años en los que habitó en su cuadrilla.

La tragedia esperaría 14 años después en Manzanares. La reaparición de Belmonte en 1934 arrastró a Ignacio: "11 de agosto de 1934. Plaza de toros de Manzanares, Ciudad Real. Ignacio Sánchez Mejías viaja hasta la localidad manchega para sustituir a Domingo Ortega, convaleciente de un accidente automovilístico. En el cartel le acompañan, a pie, Armillita y Corrochano, y, a caballo, el rejoneador portugués Simao da Veiga. Ignoraba Mejías que esa tarde, «Granadino», de Ayala, le abriría las puertas de la inmortalidad".

Siempre arrojado y temerario, sagaz aventurero, cuerdo loco de las letras y los toros, Ignacio Sánchez Mejías. El final de su existencia inspiró lo más bello.

"Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta".

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