domingo, 1 de julio de 2018

A plaza llena volvió la fiesta brava en San Felipe

Triunfo de César Vanegas ante nobles Campolargos
Interesante actuación ante sus paisanos del rejoneador Francisco Javier Rodríguez, participe de la recuperación de San Felipe como plaza de temporada. Foto: Aníbal García Soteldo
RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz

Después de tres años, venciendo la intransigencia de un alcalde de absurdo e inútil tozudez, prohibiendo en su gestión la celebración de espectáculos taurinos, contraviniendo las propias ordenanzas municipales, este sábado se llevó a cabo la Corrida de Toros Extraordinaria en el marco de lo que denominaron la Corrida de la Prensa, Seccional Yaracuy, donde se corrieron reses del ganadero local, Juan Campolargo, en su conjunto justos de presencia, anovillados como se pudo apreciar en las distintas graficas; pero nobles en distintos grados, destacando la nobleza del lidiado en último lugar, siendo indultado, de nombre «Aguajero» de aparentes 470 kilos.

Llevo de no hay billetes registró el portátil ruedo El Progreso, para los veteranísimos espadas Manuel Medina “El Rubi” y César Vanegas además del rejoneador Francisco Javier Rodríguez, abriendo plaza, este último, quien a base de buena doma y certeros rejones de castigo y banderillas lograría cortar una oreja.

Volvía tras más de dos años de recuperación por lesión vertebral “El Rubi”, quien ante su primero lograría desgranar los mejores muletazos de su actuación, en especial por la mano diestra, despachando de certero volapié, para cortar una oreja, la única en su haber, pues su segundo del lote, poco le dejo estar a gusto, ante su corto recorrido y aviesas intenciones.

Vanegas por su parte, hizo gala de su popular repertorio para estas plazas, pasando desapercibido en su primero; pero lo más meritorio vendría con el cierraplaza, animal de una nobleza superlativa, al que supo sacar partido el robusto torero de Seboruco. La petición del indulto no se hizo esperar entre los presentes, y para dar motivo triunfalista el palco presidencial no se lo pensó dos veces. Pañuelo naranja y cierre apoteósico del festejo.

Se recupera así una plaza, en la que se pudiera pensar en grande en un futuro, pues la base esencial la hay, el cual es una gran y ávida afición, la que hay que cuidar, instruir y sobre todo cultivar.

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