sábado, 4 de junio de 2016

Miguel Ángel Perera: «Mi triunfo es saber que soy honesto con mi profesión»

El extremeño reivindica mañana «los valores solidarios del toreo» con una encerrona en la tradicional Corrida de Asprona de Albacete.
ISMAEL DEL PRADO
@isma83svb
Diario LARAZON de Madrid

Estratega como pocos, Alejandro Magno aleccionaba a sus tropas afirmando que «tras la conducta de cada uno se esconde el destino de todos». Solidaridad a raudales. Principios para toda una vida como esa escala de valores que rige el toreo y que incluso lo trasciende. La validez del día a día. Mañana, Miguel Ángel Perera se aferrará a ello para recordarnos que el toreo sigue siendo compromiso. Seis toros en solitario en Albacete, su plaza talismán, en una fecha con solera, la tradicional Corrida de Asprona, a cuyo beneficio irá la encerrona de un rebelde con causa inmerso al alimón en otra lucha: la suya propia por recobrar la gloriosa vereda del éxito tras la brutal cornada sufrida el pasado septiembre en Salamanca.

–¿Por qué Albacete y por qué una encerrona en la de Asprona?
Porque tiene todos los alicientes. Desde 2007 me ha regalado tardes para el recuerdo, de indultos como «Pescadero», de rivalidad, de triunfos... que han supuesto mucho en mi carrera. Hace dos años me ofrecieron ser pregonero de sus fiestas, la corrida de Asprona siempre tuvo su vitola y, sobre todo, ese matiz solidario.

–Cederá sus honorarios por una buena causa, en estos momentos del «todo vale» contra la Tauromaquia, conviene recordar más que nunca que el toreo siempre fue solidaridad...
El toreo siempre fue solidario, ahora, por desgracia, ante tanto ataque el sector lo está cantando más, pero toda la vida lo fue. Esa escuela de valores para la vida que lamentablemente la sociedad está perdiendo cada vez más. En las grandes tragedias, con los propios compañeros, con los desfavorecidos... El toreo nunca falló. Ahora me toca a mí. Es de lo que más orgulloso me siento, más allá de la repercusión que pueda darle a mi carrera, de aportar mi humilde contribución.

–Además, como antaño, televisada para todo el país...
Eso es. Es bonito que el toreo ocupe, aunque sea salpicado y con cuentagotas, su lugar en la televisión. Por desgracia, y salvo honrosas excepciones, es mucho menos del que se merece, porque se ganó otro trato, pero es una forma de mantener ese vínculo con la sociedad. Ya que, en los últimos años, no tenemos en la televisión pública ni el tiempo ni el espacio que nos corresponde, por lo menos este año recuperamos una corrida tradicional, que era fija en la programación de cada temporada.

–Y que en los últimos años parece que ha perdido cierto lustre en el calendario...
Sí, coincido contigo. No sé los motivos, pero es verdad que parece que ha perdido parte de esa categoría que la equiparaba a tardes tan importantes como la Prensa y la Beneficencia en Madrid, la Goyesca de Ronda, el Domingo de Resurrección... Cada uno con su importancia, pero Asprona estaba en ese ramillete de tardes diferentes, con personalidad, en la que todos los toreros queríamos estar. Espero que mi granito de arena sirva para que recupere su esplendor.

–¿El solo de mañana supondrá un punto de inflexión en su carrera?
Me gustaría que fuera una de esas tardes que cuando me retire recuerde por encima del resto. Yo no estoy respaldado por ninguna gran casa ni empresario, así que dependo muchísimo de los triunfos. Ni en Sevilla ni en Madrid he podido reivindicar mi cartel, así que mañana es otra oportunidad de hablar en la plaza, dónde todo torero tiene que hacerlo.

–¿Es tan duro el camino de la independencia?
Muchísimo más. Los intereses creados son brutales y se ha llegado a un punto de mercadería en el que no se prima la calidad. A la más mínima que flojees, te borran de un plumazo, y yo estos últimos años lo he podido comprobar en mis carnes. Por eso, cada vez menos toreros van por libre. Pero me identifico mucho con este camino que escogí junto a Fernando Cepeda. Aunque trague muchos sinsabores, me reconforta saber que he sido honesto y leal a todos mis compañeros y a mi profesión. Eso no está al alcance de todos. Es mi mayor triunfo.

–Sinsabores como su ausencia los últimos años en Sevilla...
Han sido años muy jodidos. Por mucho que la gente se piense, no es plato de buen gusto quedarte en casa y ver la Feria de Abril por televisión varios años. Primero, porque dejas de torear que es lo que amas; y segundo, lógicamente, porque es un dinero que dejas de ganar. Me sentí un poco incomprendido este tiempo, se nos atacó mucho al denominado G5 y éramos los primeros que deseábamos ir a Sevilla, pero existiendo una educación, un respeto, unos cauces cordiales.

–Tampoco en Madrid se ha aclarado el horizonte.
No, tal como vino la tarde de El Vellosino... Se podía esperar. Pero con la de Fuente Ymbro, la desilusión fue grande. Si de algo tienen fama los toros de Ricardo (Gallardo) es de su movilidad. Había matado en su casa incluso toros de esta camada que se le habían lastimado y salieron extraordinarios... No lo esperaba.

–Al menos, la cornada de Salamanca ya es historia.
Sí, porque fueron meses muy duros, con mucho dolor y en los que nunca me he visto tan débil, tan mermado físicamente. Me obsesioné un poco con reaparecer en Lima, pero cuando empecé a entrenar vi que no estaba, porque la evolución del día a día era casi nula. Eso me frustraba. Pasé mes y medio de inactividad total, así que era peor que partir de cero. El panorama era desolador, de hecho, terminaron pasando seis meses hasta que volví a los ruedos en Olivenza.

–¿Cuántas cornadas tiene?
En total, creo que son 15. Ninguna como esta.

–¿Pesa más el traje de luces el día que regresas del hule?
Pesan los miedos, las dudas, esa autoexigencia de querer volver cuanto antes y en el mismo sitio que antes. Quieres demostrarlo a los demás, pero sobre todo a ti. Por eso, a mi primer toro en Olivenza lo paré exactamente igual que el que me cogió en Salamanca. Vencer a ese trauma que amenaza es el mayor miedo.

–Entrenar la mente tanto o más que el cuerpo.
Sí, desde que estoy en activo, nunca había pasado tanto tiempo sin torear. Puedes hacer mucho campo, mucho tentadero, pero no iguala a la plaza. Allí, tienes que estar convencido de lo que haces, porque muchas veces abusas de esa confianza en ti mismo. No lo piensas, te ves con capacidad y te abandonas, ahí es cuando llegan las cornadas.

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