lunes, 16 de julio de 2012

FIN DE SEMANA DE OREJAS EN LA POBLACIÓN MERIDEÑA DE TUCANÍ


Siete orejas, la mayoría de discutido merito
Orellana, triunfador con cuatro orejas en Tucaní este pasado fin de semana, que esperemos revalide con sobrados méritos en septiembre próximo en su lar natal, Tovar.
RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ

No hay duda: el que se vista de luces o salga al ruedo, merece el mayor de los respetos posibles porque arriesgar la vida no tiene ningún precio, más cuando se hace en aras de lucimiento. Pero lo visto el pasado fin de semana en la calurosa población de Tucaní, en el marco de sus festividades en honor a la Virgen del Carmen deja atrás una profunda reflexión de lo que es actualmente el lio del toro en nuestro país, y muy especialmente en las plazas de la pueblos venezolanos.

De esta maneta tenemos que  se han organizado dos tardes de toros en la surlaguense localidad merideña, donde se han dado cita nombres conocidos de la baraja taurina nacional, en este caso diestros como Rafael Orellana, Eduardo Valenzuela, Leonardo Rivera, Marcos Peña “El Pino”, el coleta español Iker Cobo y el jinete José Luis Rodríguez, todos ellos ante reses de la vacada caroreña de Los Aranguez, contando como epicentro de emociones el portátil ruedo de la destartalada plaza portátil La Esperanza, que actualmente regenta el matador de toros inactivo Leonardo Coronado, y que en una época fue propiedad del conocido empresario Pedro Navarro.

Con un calor y sol abrazador (rondando en algunos momentos por encima de los 40 ºC) hemos vuelto apreciar a las raíces de lo que generó las grandes ferias de las capitales. Sí, fueron estas las que en poblaciones como Táriba, Ejido, y el resto de poblados de los andes venezolanos, dieron pie a que se levantaran plazas monumentales con aficiones consolidadas como San Cristóbal o Mérida. Eso fue en una época, situación que actualmente por las condiciones económicas del país y del mismo tinglado taurino ha degenerado en espectáculos de dudosa categoría y con muchos limitantes que lejos de sembrar afición, lo que hace es ahuyentar la poca que aún queda en existencia.

Vamos al grano y a lo que fue dichos festejos…

El sábado, con dos horas de retraso en el comienzo del festejo se lidiaron astados ya mencionados de la ganadería Los Aranguez, quienes en su conjunto lucieron justa presencia para la categoría de la plaza y del festejo, y en general ofrecieron dispar juego, destacando la nobleza por el izquierdo del 1º, los demás, parados, mansurrones, y en algunos casos justificable, pues poco se le puede exigir embestir a un animal donde la escasa iluminación apenas dejaba ver sombras a su alrededor, como fue el caso de la lidia del ultimo del festejo.

El balance artístico de los coletas actuantes, donde se registró poco menos de media plaza, fue el siguiente:

Rafael Orellana, dos orejas.
Eduardo Valenzuela, palmas.
José Luis Rodríguez, dos orejas.
Iker Cobo, silencio.

Tarde esta donde el retraso del festejo en su comienzo, condicionó que las ultimas dos actuaciones se dieran lugar bajo la noche, con mínima iluminación, lo que en parte dio pie  al pobre balance, pese a que en el resultado numérico se resalte el corte de cuatro orejas, que debieron ser como mucho dos, pues las demás sobraron y convirtieron posteriormente en “pachanga” lo sucedido en la arena, llamando posteriormente la atención como se condicionaba desde el mismo callejón de la plaza al supuesto palco presidencial para la concesión de trofeos. Descaro de algunos personajes ya conocidos quienes buscan con ello el enfermizo rol protagónico que les ofrece parcializados y poco creíbles medios impresos, televisivos y radiales, que se prestan a lo que se considera un engaño sostenido y permanente de cara al espectador no así el aficionado, quien ya sabe y conoce como se “cuecen la habas” en este entorno.

Este pasado domingo, se escenificó en este mismo ruedo la segunda y ultima tarde, con poco más de tres cuartos de aforo de público, con reses de la misma divisa caroreña, con el siguiente balance artístico:

Marcos Peña “El Pino”, palmas
José Luis Rodríguez, oreja
Leonardo Rivera, palmas
Rafael Orellana, dos orejas.

Al final con cuatro orejas, el coleta tovareño Rafael Orellana se alzaría con como máximo triunfador de la feria, escenario que desde hacía 25 años no se daban toros, del que hay que mejorar muchos elementos de logística de cara al futuro, y sobre todo, seriedad al momento de premiar lo acontecido en el ruedo, así y todo nos encontremos en una plaza de tercera categoría.

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