viernes, 13 de julio de 2012

DEL DIOS TORO: La música callada


BARQUERITO / DIARIO DE NAVARRA

El rito del paseíllo se ha roto este año en Pamplona y no se sabe por qué. Se sabrá. Se acaba sabiendo casi todo. Del coro que al abrirse la puerta de cuadrillas tarareaba tan afinadamente el Te Deum de Marc-Antoine Charpentier nunca más se supo.

Nunca es hace una semana. Una semana en Pamplona y en sanfermines es una época. Puede pasar de todo. Se habrá pasado de moda ese preludio barroco que era el himno de las peñas. La sintonía de Eurovisión. No es casual que la música barroca sea clásica. Lo cual, vuelto por pasiva, puede predicarse del toreo. El Juli era un niño hace nada y ha pasado en horas veinticuatro a ser un clásico. No un torero barroco. ¿Qué es el barroco? ¿Morante., José Tomás, etcétera? ¿O ese preludio de Charpentier que ha dejado de oírse en Pamplona a las seis y media? Fue genial la idea de ponerle música al paseíllo de sanfermines. Y, además, aquel respeto, aquella unción, aquella guasa y aquella gracia. En el anuario del Club Taurino de Pamplona, un profesor de Barcelona, Juan Antonio Polo, que cumple ahora cincuenta años de presencia continuada en la Feria del Toro, se lamenta de que los sonidos y las músicas del sol se hayan ido haciendo en la plaza de Pamplona cada vez más informes, atonales, artificiales, agresoras: el ruido.

La última presa cobrada por el ruido es el Te Deum. ¿Qué hacer? Imposible recuperar el Riau Riau, cuya música de fondo era un ritmo melancólico de un compositor de la tierra, el vals de Astráin; se perderá el preludio barroco de las corridas sanfermineras; y tal vez el año que viene dejen de oírse rancheras en los toros y en las calles.

No sé si lo sabéis, pero la música del encierro la ponen los cencerros de los cabestros. La esencia de lo clásico es permanecer: ahí está este Juli que era un niño cuando vino a Pamplona el año 99 –justo cuando se cumplía el tricentenario del estreno del Te Deum famoso- y es ahora un clásico. ¡Qué fuerza la suya solo ayer! Una clavícula en cuarentena –convalece de una luxación- pero El Juli puede con todo. Es un dicho clásico y barroco entre gente del toro. Puede poner a bramar a diez mil almas a la vez. Como Charpentier.

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