jueves, 28 de julio de 2016

FERIA DE SANTIAGO – TERCERA CORRIDA: El Juli demarra del carro de la apoteosis con Perera y Roca

Zambombazo de sabiduría de Julián López con un manso de impensable faena. *** Ambición y capacidad del extremeño y el peruano para no quedarse atrás con una corrida mansa y manejable de Garcigrande. *** Sólo el sexto toro sacó nota de bravura pese a sus malos apoyos.

ZABALA DE LA SERNA
Santander
@zabaladelaserna
Diario ELMUNDO de Madrid
Foto: EFE

Abrasa este julio de muertes caniculares. Juli elevó su montera al cielo cuando Fermín Bohórquez aún no se había bajado del corcel negro. Por los lejanos tiempos jerezanos de juventud, por los años de forja y amistad. No se sumó al homenaje el toro castaño de Domingo Hernández. Degeneró desde las verónicas de poderoso vuelo, cuando todavía parecía que humillaría. Qué va. El Juli lo tapó en un galleo por chicuelinas y en un quite por el mismo palo. Incluso en las dobladas del prólogo de faena. Pero cuando le ofreció la muleta en la derecha soltaba la cara. Y cada vez peor y antes. El genio afloraba y en especial por la zurda. No admitía tampoco los correctivos. Así que la trabajada estrategia del Juli de toques y alturas se disipó como la bruma del puerto. 

No daba nadie un euro por el cuarto. Nadie es nadie. De tan manso. Prófugo constante de capotes. Desentendido. Increíblemente Juli no sólo es que lo metiese en la muleta, sino que le cuajó una faena impensable. O sólo él lo pensaba cuando ofrendó al tal «Chillón» a la plaza. Cuando se le arrancó en largo y cruzado, Julián se lo sacó de encima de un banderazo de urgencia. ¿Como fue posible aquella transmutación sólo a base de suavidad, precisión y muleta a rastras? Los derechazos afloraban por debajo de la pala del pitón y el giro de compás los ligaba con la muleta puesta hasta el final. El milagro se obraba, cobraba cuerpo la nada, la plaza cada vez más volcada. Como un estallido de cien minas se produjo al natural. Tan por abajo que se presentó la profundidad, y ahí todo el mundo loco. «Chillón» solo se quería ir ante el escándalo. No se sabe por qué meigas jamás siguió la ruta de sus miradas a tablas, donde acudió a morir de un espadazo a salto de corazón. Tardó lo contado en doblar. Un volcán de pañuelos descerrajaron el palco y la puerta grande a la par. El misterio de los mecanismos de aquel manso es un mapa inextricable en la cabeza de El Juli. O será el misterio de los mansos de Garcigrande.

Un zambombazo de sabiduría en cualquier caso. A Miguel Ángel Perera lo quieren en Santander como en casa. Cariño ganado a pulso. Año a año. El corpulento y negro toro de Garcigrande traía una nobleza de escaso celo. Una salida distraidita de las suertes. Como sin fuelle o tracción. Lo apuntó en el quite por chicuelinas y tafalleras. Y lo mantuvo en la muleta. Perera prendió la mecha con los cambiados por la espalda y lo imantó en los derechazos que trataban de imprimir el ritmo que no había. Siempre por abajo y siempre con su concepto largo, más largo que lo que el garcigrande quería. Los naturales siguieron el mismo trazo, y el toro la misma rectitud vencida en la pases de pecho. Un cambio de mano de izquierda a derecha, los circulares, los molinetes... Puso el torero más fondo que la embestida. Un pinchazo hondo agarrado en todo lo alto se convirtió en media estocada y la media, en una oreja.

Perera arreó con un quinto para no quedarse atrás. Otro noblón con anhelos de campo al que cosió trenzas, ochos, en un ataque de quietud pero sin nunca obligarlo, no fuese a ser que cantase la gallina. Miguel Ángel como eje del tío vivo. De los circulares naturales y los invertidos. Medida la faena y calculado el tiempo para agarrar la estocada. Con ella casi entera marchó el garcigrande a morir a la querencia; la oreja cayó cual llave del balcón.

La mansedumbre personificada fue el tercero si los toros fueran personas como pretenden los del Reich animalista. Fugado de salida y permanentemente huido. Se sintieron las coces en el caballo. Roca Rey trató de encelarlo en un quite con el reverso del capote que nunca desembocaba en la esperada tafallera, girando sobre su eje hasta que una caleserina irrumpió en escena. De rodillas se plantó en los medios, muleta en mano y ambición en boca. Una docena de muletazos sin inmutarse. En redondo como si estuviera en pie. Pero en pie el toro agravó su comportamiento cuando dejó de hacérselo hacia la querencia. Cambiados los terrenos, Roca tragó con innumerables tornillazos. A la contra se defendía constantemente. No le tembló un músculo al peruano, que finalmente se montó encima. Cuando se presentía el reconocimiento, chingó el esfuerzo con un bajonazo accidental.

Un quite por saltilleras con gaonera intercalada puso a calentar Cuatro Caminos. Como los estatuarios de principio de faena. Quería embestir ese toro como ninguno antes. Y coger los vuelos con bravura. Pero pareció haberse dañado en las estatuas de Roca, en aquellos saltos de principio de faena. Su manera de apoyar lastraba la imagen de los muletazos del peruano, a pulso por una y otra mano. Firme en la planta y a veces exagerado en el toque; bárbaro en la curvatura del muletazo. Chispas de sus alardes y un final acongojante, la espinilla metida bajo el aliento como si le metiese la mano en la boca. La soberbia con la que salió de la cara del toro asustó a la plaza. A éste se le iba a escapar la puerta grande pronto. Y la foto con Juli y Perera a hombros. La perfección del volapié sonó como un crujido de maderas.

GARCIGRANDE Y DOMINGO HERNÁNDEZ | El Juli, Perera y Roca Rey
Plaza de toros de Cuatro Caminos. Jueves, 28 de agosto de 2016. Quinta de feria. Lleno.
Toros de Garcigrande y Domingo Hernández (1º y 3º), correctos de presentación; destacó el bravo 6º pese a sus malos apoyos sobre un conjunto manso, sin clase pero obediente.
El Juli, de verde botella y oro. Estocada trasera, tendida y rinconera (leve petición y ovación). En el cuarto, espadazo (dos orejas).
Miguel Ángel Perera, de grana y oro. Media estocada (oreja). En el quinto, estocada honda y descabello (oreja).
Roca Rey, de azul marino y oro. Bajonazo y descabello. Aviso (leve petición y palmas). En el sexto, gran estocada (dos orejas). Salió a hombros con El Juli y Perera.
Se guardó un minuto de silencio por la muerte de Fermín Bohórquez Escribano.

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