jueves, 14 de julio de 2016

FERIA DE SAN FERMIN – OCTAVO FESTEJO: Nuevo golpe de autoridad de Roca Rey

El arrollador peruano vuelve a abrir la puerta grande de Pamplona para convertirse en el triunfador absoluto de San Fermín. *** Castella corta una oreja al mejor toro de la desigual corrida de Cuvillo. *** Perera se va de vacío por la espada tras reencontrarse con su mejor versión.
ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario ELMUNDO de Madrid
Foto: EFE

Lo de Roca Rey asusta al miedo. El gesto del peruano no cambia ni en un campo de minas. Y eso es valor. Un valor de quilates como uno no recuerda en años. Las minas las traía un toro de Núñez del Cuvillo en una cabeza despampanante. Las minas antipersonal de la Guerra de Vietnam: las bolas metálicas salían también de la testa del cuvillo en todas las direcciones. Metralla a discreción. Y Roca Rey ni se inmutaba. Ni cuando el galope se venció contra su cuerpo en el quite por tafalleras, que no varió, ni cuando lo empaló en mitad de la faena. Impasibles la planta y el corazón. El suyo, claro.

Porque el de la plaza se salía por la boca. Y las puntas por las espinillas una y otra vez. Queriendo hacer además el toreo por su camino. De pronto, una espaldina como un infarto, las manoletinas de rodillas como electroshocks. Y un espadazo hasta las cintas. Como un puñetazo en la mesa. En la puerta grande de Pamplona otra vez.

Al indiscutible triunfador de San Fermín 2016 -cinco orejas en dos tardes- le remató el lote otro toro que soltaba la cara como ganchos. Uffff. Al más sólido de los llamados valores emergentes no le tembló el pulso. Qué desagradable embestir. Demasiado sacar algo en limpio de aquel molinillo de derrotes. Difícil incluso para descabellar.

Se levantó Perera con el rostro salpicado de sangre. No se sabía si suya o del toro. Lo que sí se sintió con pánico fue el durísimo volteretón cuando avanzaba con firmeza la faena hacia el triunfo. Quiso Miguel Ángel trazar una trinchera y el toraco de Cuvillo se le vino encima cruzado. O como si en la intención de ceñírselo él mismo se lo trajese. En cualquier caso, la violencia con que lo giró y lo estrelló de cabeza contra el suelo percutió hasta la última vértebra. Y allí abajo le tiró a dar con nula puntería afortunadamente. Sonado aún, MAP volvió a la cara del toro para cuajar una tanda sensacional a derechas. Como todas las que habían antecedido pero más roto todavía. El tacto y el trato imantaron a un toro que venía de los tercios anteriores muy suelto; al mando respondió con humillación la embestida. Y si no se tuerce el final de tan poderoso y templado cuento con la espada, el extremeño habría vuelto el reencuentro total de su mejor versión con la gloria que se le resiste.

Y puede que la suerte también a tenor del zamacuco de 620 kilos que le tocó como quinto. Los pasajes con la izquierda parecían en principio imposibles con aquella bastedad, y sin embargo fueron. Pero otra vez la puñetera espada... Injustamente de vacío el mejor Perera.

Al cuvillo que rompió plaza le cupo el dudoso honor de casi ser el más pesado de la corrida con sus 595 kilos. Mucha cara para coronar su apretado corpachón. Y una constante: la nula humillación acompañada de un incómodo calamocheo. Empeoraban los cabezazos y el viaje por el izquierdo. Bruto pero pronto. Los méritos de Sebastián Castella consistieron en que no le enganchase, lo que no era poco. Ocurrió las menos veces.

No se rindió Castella ante la adversidad y remontó con el muy buen y armónico cuarto. De fondo y forma. Por su manera de emplearse y por su modo de humillar. Le Coq sacó los espolones en los pases cambiados de la apertura de faena, pero sobre todo toreó muy encajado y despacio sobre la derecha, que era la mano del toro. Porque por el izquierdo no repitió ni igual ni parecido. La fase última de distancias cortas y tierra caliente, donde el galo respira como en casa, lanzaron la obra hasta la oreja de «Jaranero».

A hombros se llevaron a Roca con el ensordecedor ruido de las figuras, el atronador escándalo de Pamplona. Algún tonto con tribuna y balcones a la calle seguirá haciendo un ridículo superior.

NÚÑEZ DEL CUVILLO | Castella, Perera y Roca Rey
Monumental de Pamplona. Miércoles, 13 de julio de 2016. Novena de feria. Lleno.
Toros de Núñez del Cuvillo, tres cinqueños (1º,3º y 5º), serios y de desiguales hechuras y remates; muy bueno el 4º especialmente por el derecho; humilló el 2º agradecido al trato; el basto 5º con opciones por el izquierdo; muy suelto y sin fijeza el 3º; sin humillar el calamocheante 1º; de continuos derrotes el complicado 6º.
Sebastián Castella, de grana y oro. Media estocada desprendida y descabello (silencio). En el cuarto, media estocada y descabello. Aviso (saludos).
Miguel Ángel Perera, de verde hoja y oro. Pinchazo, media estocada y dos descabellos. Aviso (saludos). En el quinto, pinchazo y estocada (saludos).
Roca Rey, de azul marino y oro. Espadazo (dos orejas). En el sexto, media estocada (silencio). Salió a hombros.

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