martes, 5 de julio de 2016

DESDE EL BARRIO: Asuntos internos

PACO AGUADO

Son ya muchas semanas las que llevamos ocupándonos en esta columna de los fuertes ataques externos que sufre la fiesta de los toros en el mundo. Y, por la preocupación que despierta, el asunto tal vez se haya podido convertir, de tan recurrente, en un monotema que nos hace perder de vista otros problemas que amenazan, con tanto o más peligro, el futuro de la tauromaquia y que, estos sí, suceden en el mismo salón de nuestra casa.

De esos asuntos internos aún por resolver, el más inquietante de los últimos años es, sin duda, la caída en picado del número de festejos organizados en cosos menores, lo que, al tratarse del verdadero campo de aprendizaje del oficio, deriva directamente en la que ya se podría calificar como auténtica agonía de las novilladas.

Tan apocalíptico efecto tiene múltiples causas, apoyadas casi siempre en vicios y errores ya enquistados dentro del mundo del toro, pero a las que durante el último año, desde la llegada de los nefastos gestores de la "nueva izquierda" a muchos ayuntamientos, se suma la eliminación de las partidas destinadas a los toros en los presupuestos de fiestas de muchos pueblos de la geografía española.

Mientras los grandes nombres del empresariado taurino andan preocupados y únicamente enfocados en el cortoplacismo de frenar la merma de ganancias en las ferias más rentables, el sector de los festejos menores se desangra en el más absoluto abandono y en la tristeza de la economía sumergida.

El punto de partida de esta más que inquietante situación hay que fijarlo en el estallido de la "burbuja inmobiliaria", a finales de la pasada década, que se llevó a tantos de esos “ponedores” de los que se abusó en infinidad de montajes.

Pero, en vez de buscar soluciones a esa falta de "mecenas", se dejó vía libre para la organización de novilladas a una red de pequeños empresarios en la que cohabitan tanto una minoría de bienintencionados, que aún hacen equilibrios en el alambre del precario, como una mayoría de salteadores que han convertido en norma inflexible la vieja y despreciable práctica del "túnel".

Reducidas así al mínimo y a condiciones indignas las novilladas con picadores por la falta de ayudas municipales que compensen sus desmesurados e ilógicos gastos fiscales y sociales, la amenaza llega también ahora a los festejos sin caballos, que prácticamente están desapareciendo al mismo ritmo que muchas escuelas están sintiendo muy de cerca las amenazas de cierre por parte de los nuevos ediles podemitas y dizque "progresistas".

No menos costosas que las picadas, las novilladas sin caballos se están sustituyendo en demasiados casos por ese parche que se ha dado en llamar "clases prácticas", una práctica sin clase que no es más que una novillada encubierta en la que algunos espabilados se ahorran el sueldo de los banderilleros –el chocolate del loro del presupuesto– mientras cometen la ilegalidad de cobrar la entrada a los espectadores.

Ante este terrible panorama, los aspirantes tienen cada vez menos oportunidades de rodarse, pues incluso ya no hay sitio para ellos ni en los tentaderos. Y no es una exageración, cuando se comprueba cómo las figuras acuden casi siempre solos al campo para exprimir sus vacas hasta la saciedad y hasta los mismos ganaderos, casi todos en números rojos, destinan un buen número de reses para sanear sus arcas alquilando su bravura –la media es de unos 300 euros (alrededor de 6 mil 400 pesos) al en España cada vez más abundante mercado interno de los aficionados prácticos.

Este serio problema, que pasa lamentablemente desapercibido a una prensa sólo pendiente de los festejos de relumbrón, está llegando a alcanzar un nivel de gravedad aún mayor si cabe que la propia amenaza antitaurina, en tanto que está segando no ya por la base sino desde la raíz toda posibilidad de futuro a medio plazo, sin que el sector haya sido capaz de reaccionar mínimamente durante una ya larga década.

Porque no parece que las grandes empresas, a no ser que les obliguen los pliegos de condiciones, como sucede en Madrid, hayan tomando suficiente conciencia de esta crítica situación, pues continúan dejando al azar la aparición de nuevos talentos que renueven sus carteles.

Y es que el del toro debe ser el único sector empresarial en el mundo que no contempla en sus presupuestos ninguna partida destinada a invertir en el futuro. Como tampoco está mentalizado reivindicar ante las administraciones no ya esas cómodas subvenciones de las que se deben ir olvidando, sino un trato fiscal y social acorde a lo que representan los festejos menores: la cantera no sólo del toreo sino los millonarios efectos económicos de las grandes ferias de las próximas décadas.

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