Oscura,
fría y con poca gente. Minuto de silencio. *** Doble confirmación, Escribano
que saludó y Román que cortó la única oreja. Mientras el padrino Ramsés, quien
hizo el toreo, fue silenciado. *** Duro y manso encierro.
JORGE
ARTURO DÍAZ REYES
@jadi45

Con ese material complejo la terna hubo de echar
mano de sus recursos para tratar de romper la sosería. Sin éxito en el balance
general, pese a músicas, oles y premios discutibles. Pero el esfuerzo y la
dificultad tocaron fibras vulnerables. Cada uno apostó lo que tenía. El
bogotano su verdad, el sevillano su espectacularidad y el valenciano su fresco
entusiasmo. La plaza fue más sensible a estos dos últimos.
Ramsés, tuvo que participar en cuatro ceremonias,
dos confirmatorias y dos devolutorias, con sus respectivos discursos. Pobrecito
él que es hombre parco y adusto. Frente a un manso y un soso, se puso por
encima de ambos y sin permitirse ningún truco demagógico. Que hasta hubiese
resultado comprensible dadas las circunstancias. Nada. Terco en su trinidad de
parar, templar y mandar, pese a la frialdad de las mayorías afectas al revuelo
de trapo. Su faena con el poderoso y negado cuarto fue de contenido. Quietud,
aguante, proximidad y limpieza. Lo más canónico de la corrida. Una estocada
levemente desprendida fue quizá la única glosa. Tras una igualada laboriosa, la
bien ejecutada del tercero tardó en hacer efecto. Y el silencio de la grada
resultó chocante.
Manuel Escribano, le puso variedad y repentismo a
la cosa para tratar de compensar la ninguna transmisión de su lote. Banderillas
de distino formato y precisión, cambios, rodillas, tablas, medios, arrimones,
circulares invertidos, molinetes, desplantes, manoletinas, etc, etc. La
velocidad y el pie ágil marcaron el quehacer impactando la clientela, que en
ambos turnos jaleó y en el quinto con música. Una espada en guardia y un
pinchazo antes del espadazo final no fueron óbice para que le sacaran a saludar
y le pidieran una vuelta que noń quiso dar.
Román, echó carisma y alegría para irse como
triunfador. Empalmando las cortas tandas que tragaba el desgano del tercero,
levantó simpatías, palmas y pasodoble. La cosa iba de pelo y pese al pincho y
la espada no fulminante se lo pidieron duro. Su señoría se sostuvo y la vuelta
fue muy celebrada. Se fajó con el sexto mansurrón, exprimiéndole viajes y
viajes, de a uno con la diestra y después, cuando el animal se fue un poco a
más, ligando tres tandas de a cuatro alguna de naturales, que levantaron
pueblo. Cuando vino la rajada no desistió y ya en tablas arrancó muletazos
agradecidos y un epílogo de genuflexos que rindió del todo la parroquia. A toro
arrancado sepultó el estoque total, algo pasado, abriendo un prolongado pulso
por la oreja entre chillones y presidencia. Esta terminó cediendo, entre otras cosas porque el
tiró de arrastre no aparecía y corríamos el riego de amanecer allí velando los
despojos del rey de la fiesta.
Los toreros pusieron más que los toros y el
público más que los toreros. De ahí el resultado estadístico.
FICHA DE LA CORRIDA
Seis toros de Mondoñedo, dispares pero bien presentados, desrazados y sosos.
Ramsés, silencio y silencio.
Manuel
Escribano, quien confirmó
alternativa, silencio y saludo.
Román, quien confirmó alternativa, vuelta tras
petición, y oreja.
Incidencias: Saludaron: Carlos Rodríguez tras parear al 4º y Raúl tras parear al 6º.
Domingo 21 de enero 2018. Plaza de
Santamaría. 2ª de “La Libertad”. Nubes y frío. Un tercio de plaza.
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