domingo, 21 de enero de 2018

La Tauromaquia ante el reto de reclamar su lugar en los medios generalistas

Un problema complejo, pero con márgenes de solución
Hace unos días Victorino Martín ponía sobre el tapete uno de los problemas más graves que debe afrontar la tauromaquia: la batalla por reivindicar su lugar en los medios generalistas de información. Tan serenamente como lo plantea, llega al fondo de la cuestión: quien no sabe hacerse visible para la sociedad, no existe. Parece la antesala de todo un programa de trabajo, frente a una sociedad que hemos dejado que se destaurinice. La tarea es amplísima y diversa, pero en cada una de sus parcelas, mayor o menor, se juega el futuro. Hoy la situación puede de ser más compleja que ayer, pero en contrapartida también se cuenta con mayores opciones de trabajo.

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En un interesante encuentro digital en el diario El Mundo, el presidente de la Fundación del Toro de Lidia, Victorino Martín, ha dado en la diana cuando ha afirmado que "el gran error del mundo taurino ha sido no reivindicar su presencia en los medios generalistas". Y es que, como ha dicho el propio Victorino Martín, en la sociedad actual “el que no sale en la televisión no existe”.

A diferencia de no pocos taurinos, tiene buen cuidado de a continuación no cargar las culpas sobre los medios. El problema mediático de la Tauromaquia viene muy de lejos, no es precisamente cosa de ahora mismo.  Lo que ocurre es que en un mundo cada vez más dependiente de los medios no conseguir una presencia adecuada tiene efectos mucho más perniciosos que en el pasado.

Al hilo de estas atinadas observaciones, no resulta marginal tener en cuenta que el dar solución a tan grave carencia como la que denuncia el presidente de la FTL no constituye una tarea fácil. No lo ha constituido nunca, sino que siempre ha sido la gran cuestión pendiente. De hecho, lo sigue siendo hasta para la propia FTL.

Si se analizan las cosas con una cierta perspectiva, se comprueba que el mundo del toro casi nunca ha acertado a la hora de entender el fenómeno informativo. En demasiadas ocasiones, ahora como antes, han confundido información con propaganda, bajo el señuelo de ese sinsentido que algunos vinieron a definir como “la crónica constructiva”, que nunca fue otra cosa que un tratar de reducir el campo de la libre opinión; en el fondo, no  ha sido otra cosa que una forma más elegante de tratar de conseguir los mismos efectos que con la antigua política de los sobres, hoy reconvertidos en fórmulas más sofisticadas mercantilmente pero igualmente dañinas.

No han logrado advertir elementos muy básicos, como que en la actualidad, por ejemplo, la información taurina tiene unos costos demasiados altos para los medios generalistas. Mantener durante más de 80 días a un cronista fuera del medio, con los gastos de viaje y de hotel, se pone en un pico, que no todos pueden soportar. Y eso sin contar que, además, se trata de una inversión que en la práctica aporta muy poco a las audiencias y resulta ineficaz a la hora de captar publicidad convencional.

Pero antes que ese componente económico, nada despreciable, lo que más les cuesta entender a los taurinos es que sólo desde un periodismo verdaderamente independiente se logran las necesarias cotas de credibilidad.

Una aproximación al mapa mediático

Siendo cierto que la información taurina ha ido perdiendo paulatinamente espacio y opciones en los medios convencionales, no conviene quedarse tan sólo ahí. Se hace necesario tener en cuenta que es el propio hecho taurino el que ha perdido relevancia social, envuelto como está en polémicas sobre su naturaleza y contenido. Es lo que todos hemos venido en denominar la destaurinizacion de la sociedad.

Así como los medios impresos han compensado sobradamente la disminución de sus espacios taurinos ampliando los que se difunden en sus versiones digitales, más agudo parece el caso de los medios audiovisuales, con la casi desaparición de la información taurina de sus espacios informativos. Hasta ahora se contaba con un cierto amparo en el ámbito de las televisiones y radios autonómicas, donde las dificultades económicas y los ineludibles recortes presupuestarios  condiciona mucho, si es que no han sido suprimidos los espacios dedicados la Tauromaquia.

Es cierto que la competencia y la agilidad que hoy demuestran los medios exclusivamente digitales, restan bastante opciones para ofrecer noticias nuevas y distintas. Pero eso no es privativo del toreo: en el mundo financiero, por ejemplo, las ofertas de internet son numerosísimas, pero eso no resta para que los medios convencionales consideran que tales contenidos resultan indispensables. Incluso, cabría decir que unos medios espolean a los otros para ofrecer una información nueva y distinta.

Por otro lado, con la inestabilidad del recurso a los medios autonómicos, en el campo televisivo al final queda, mientras dure, la apuesta del canal de pago de Movistar+, en tanto anda en el aire la oferta de Taurocast, que en la temporada de 2017 tuvo que suspender una parte de su oferta y para 2018 aún no ha dicho una palabra: su última entrega en las redes sociales viene del pasado septiembre. En el sector público, la tendencia es a la baja. Y no parece que eso vaya a cambiar.

Pero si este mismo tema lo miramos desde la óptica del mundo taurino, no resulta aventurado considerar que, salvo algunas excepciones puntuales, los sectores profesionales no han terminado de adaptarse a la nueva dinámica de la Opinión Pública y de la comunicación, tan condicionada externamente como en la actualidad se encuentra. La nueva gestión informativa va mucho más allá de abrir un perfil en Facebook.

Puede aceptarse que hay puntuales esfuerzos meritorios de algunas sectores individualidades. Pero la Fiesta en sí misma considerada está carente de un instrumento específico para dar a conocer su propia realidad, su grandeza y su futuro. Es el papel que debiera corresponder a la FTL, el día que abandone la línea de limitarse a contar el número de antitaurinos que van a una manifestación, para pasar a unas tareas más ambiciosas y creativas de promoción.

Pero no cabe olvidar la realidad de las nuevas tecnologías, el campo de trabajo que el ámbito de las redes sociales, donde cada vez están más presente representantes del mundo taurino, aunque en menor medida las organizaciones corporativas. Quien siga estas actividades online comprueba fácilmente como los movimientos sociales contrarios a la Fiesta tienen capacidad y dedicación para dar una respuesta inmediata --a veces hasta feroz-- ante cualquier hecho o acontecimiento. Resulta paradigmático como determinadas organizaciones sociales son capaces de ofrecer idéntico mensaje y casi en simultáneo en todos los países de habla hispana.

Las nuevas tecnologías

Pero si buscamos una óptica positiva a la hora de mirar hacia las nuevas posibilidades de la actual sociedad de la información, por su propia lógica interna y sus opciones tecnológicas se trata de un ámbito extremadamente fraccionado y disperso, con un plazo de supervivencia relativamente bajo, entre otras cosas por razones económicas. Pero también condicionado por algunas anomalías y/o vicios de ese propio mercado.

Sin embargo, como este fraccionamiento y dispersión resultan insalvables --incluso puede ser ilegítimo intentarlo, en la medida que supondría un cierto intervencionismo en actividades privadas--, se hace necesario buscar una vía que, respetando la diversidad, al menos pueda poner todos esos esfuerzos informativos y de opinión al servicio de la Fiesta y al alcance del mayor número de usuarios posibles.

Se trata de una materia que ya contemplaba el PENTAURO [capítulo 4. epígrafe D.1.], pero que no ha sido llevado a cabo por el momento, pero cuyo texto no ofrece margen para la duda. El compromiso adquirido por el Gobierno era y es “crear  una  Plataforma  digital  que  sirva  como  base  de  datos  sobre  la  Tauromaquia y herramienta desde la que poder actuar en las corrientes de  Opinión Pública”.  Y aquel Plan proponía promover “un  Banco  Multimedia  de  datos  históricos,  técnicos,  documentales  y  de  servicios  sobre  el  mundo  de  los  toros  que   deberá  desarrollarse  con  un  contenido  en  régimen  abierto  y  otro  restringido para profesionales”. 

Con bastante realismo, los autores del Pentauro advertían que esta iniciativa debería cimentarse sobre un acuerdo institucional dentro de  las  distintas  organizaciones  profesionales  y  entre  las  propias  Administraciones  Públicas.

Como las nuevas circunstancias en las que se desenvuelven las instituciones públicas no son las más propicias, cabría preguntarse si esta labor no podría asumirla la Fundación del Toro, que además  de conocimientos aportaría independencia frente al nuevo contexto político y social. Desde luego, se trata de una materia muy adecuada para, además de servir para unir a su alrededor a todos los sectores en una tarea común, llevar a cabo todo eso que va más allá de los aspectos puramente mercantiles de la Fiesta.

El problema (irresoluble) de la publicidad

En paralelo, puede ser la hora de estudiar con detalle --que hay experto para ello-- otro de los lastres que la Fiesta arrastra: la renuencia, cuando no el rechazo, de la publicidad convencional a la hora de apoyar con sus inserciones a los medios y la actualidad taurina. Hoy ofrece unos resultados muy bajos, casi inexistentes, si se comparan con otros segmentos de espectáculos con gran alcance de usuarios y clientes.

Pero, a su vez, las condiciones actuales del mercado publicitario resultan casi inasequible económicamente para que el Sector promueva el apoyo y promoción por esta vía de las actividades taurinas. Con los cotes que hoy tiene una campaña en toda regla, se llevaría por delante las cuentas de explotación de las empresas. De hecho, si se analizan los contenidos, prácticamente la totalidad de la publicidad en los medios --taurinos y no taurinos-- podría decirse que resulta estrictamente endogámica: todo queda dentro del Sector.

Para no andarnos con rodeos en esta materia, hay que reconocer que lo taurino sufre un auténtico estigma publicitario de las grandes marcas, que no lo consideran atractivo ni eficaz, si es que no lo entienden como contraindicado para sus intereses comerciales. Ligar la imagen de una marca con la Fiesta es como mentarles la bicha.  Especialmente se comprueba esta realidad en las dificultades que hay que sortear para conseguir patrocinios de las actividades taurinas, incluso en aquellas que tienen un perfil estrictamente cultural. Por darse, hasta algunas cadenas comerciales han excluido de sus servicios hasta la venta de entradas: ofrecen entradas para todo tipo de espectáculos, menos para los toros.

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