martes, 22 de noviembre de 2016

Victorino Martín, Premio Nacional de Tauromaquia

ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario EL MUNDO de Madrid

A Victorino Martín (hijo) le coge el Premio Nacional de Tauromaquia con un gripazo de aúpa. Es la voz de la ganadería ahora afónica; el padre es el alma y el espíritu. «Su trayectoria es incontestable. Es un pelotazo pero no nos lo podíamos esperar. Es la primera vez que alguien gana la Medalla de Bellas Artes (2014) y el Premio Nacional de Tauromaquia (2016)», se expresa feliz Victorino. Aún no se lo ha podido contar al jefe, que no para.

El fin de semana estuvo por Zafra en el homenaje de una peña que lleva su nombre, a sus casi 90 años. La presente temporada nació con el indulto en Sevilla de «Cobradiezmos» y siguió en Madrid con un tributo también histórico: una placa inmortalizaba su nombre y su hierro en la Puerta Grande de la Monumental de las Ventas, el Olimpo de los dioses, allí donde en 1982 rindió al mundo entero con la llamada Corrida del Siglo en pleno apogeo de Naranjito, el puño y la rosa. Atravesó la arcada de la gloria a hombros con Ruiz Miguel, Esplá y Palomar, como ya había hecho en 1976 en un hecho sin precedentes: «El primer tanto de la tarde se lo apuntó Victorino al llenar la plaza hasta la bandera [...]. A más de un ganadero le rechinan los dientes. Les duele la sicosis masiva que indudablemente existe en Madrid con esta divisa. Pero, señores míos, ustedes estuvieron a tiempo de hacer lo que él llevó a cabo a su debido tiempo con indudable garantía: enfrentarse a todo el taurinismo, jugar la carta del aficionado, respaldar las campañas de la crítica independiente con declaraciones sumamente peligrosas para quien pretende circular con dignidad por este espinoso mundillo del toro», escribió Zabala Portolés.

Luego vendría el indulto de «Belador» -la errata de la uve convertida en be también es singular- en el mes de julio del mismo año, en la Corrida de la Prensa, único en la vida de la Monumental. Y muchos hitos más. Como ahora el Nacional de Tauromaquia. Como si nada.

Victorino insiste en la trayectoria incontestable del padre porque es como para recordarla «con 17 toros de vuelta al ruedo en la plaza de Madrid y una lucha por la integridad del toro desde que debutó con su nombre en Calasparra hace exactamente 50 años, 55 desde que compró la ganadería a Escudero Calvo cuando caminaba hacia el matadero, los mismos que ha defendido el respeto a la parcela del ganadero como nadie».

Al mero reclamo de su nombre se acababan los boletajes en las taquillas por todas las grandes ferias de España. Torease quien torease. Y su caché se disparó tanto como su fama y el brillo de ese colmillo de oro que asomaba en su sonrisa de pícaro ganador.

Victorino extendió su reinado de la A coronada de Albaserrada, el encaste protegido bajo su sagacidad, su imagen alejada del estereotipo de ganadero andaluz, su lengua indomable y unas dotes de innato comunicador que hacían saltar chispas en un sistema dormido. En sus dominios no pisaban veedores de toreros ni nadie osaba mandar más que el ganadero en su producto, en sus criaturas voraces y tobilleras -las alimañas que adquirieron tanto predicamento como sudores hicieron pasar a sus lidiadores- o templadas y entregadas al mando de los vuelos de quien fuese capaz de descifrar los códigos de una bravura distinta y peculiar.

El salto de criador de ganado de carne y lechero, tratante, carnicero y moruchero que por las noches bajaba a Madrid a caballo con su ganado al matadero a imprescindible ganadero de toros bravos en el toreo es único en la Historia. De las tierras heredadas del abuelo Venancio en la Sierra de Madrid al imperio de Las Tiesas, la finca de Extremadura donde pastan los victorinos y su gloria cárdena.

El hijo del ganadero de leyenda tiene claro que el actual Premio Nacional de Tauromaquia que concede el Ministerio de Cultura reivindica en esta ocasión el valor medioambiental de la crianza del toro bravo. Y es verdad que así lo reconoce el veredicto del jurado.

Distinciones al margen, la inigualable trayectoria histórica y los éxitos de la temporada 2016 de Victorino significan «la protección del valiosísimo patrimonio ecológico que encierra la Tauromaquia».

No hay comentarios:

Publicar un comentario