lunes, 14 de noviembre de 2016

Bilbao sería clave en el pacto del grupo Baillères con la Casa Chopera

El magnate mexicano entra en la gestión de las plazas de los Martínez Flamarique sin que en el comunicado que anuncia el acuerdo figure una reciprocidad sobre los cosos españoles de FIT ni los mexicanos.
Casa Chopera (Martínez Flamarique), con Pablo (der.) y su hijo Manolo Martínez "Choperita" (izq.)

ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna

El grupo del magnate mexicano Alberto Baillères (BAL) y la Casa Chopera (Martínez Flamarique) anunciaban en el día en que Trump se hacía con la Casa Blanca que las plazas españolas de los Chopera serían gestionadas conjuntamente. Almería, San Sebastián y Logroño a ciencia cierta con las incógnitas de qué pasa con Salamanca -al 50% compartida en años alternos con José Antonio Martínez Uranga- y Bilbao.

El comunicado de la anunciación no detallaba demasiado del pacto rubricado en tierras mexicanas -hasta allí se fueron- por la familia Chopera, pero todo no acabaría de tener sentido si en el horizonte no estuviera Bilbao, que sería la joya se la corona. La idea de ser empresarios de Bilbao, más allá de la histórica gerencia vigilada por la Junta de la Casa de Misericordia y el Ayuntamiento de la capital vizcaína, propietarios de Vista Alegre, sería factible mediante el pago de un canon o arrendamiento por un tiempo determinado. Cinco años, por ejemplo.

Cobraría mayor sentido la entrada de Baillères en la Casa Chopera para gestionar ¿o capitalizar? plazas cuya situación, salvo el espejismo de San Sebastián esta temporada, es francamente delicada. Tampoco es que Bilbao esté ahora mismo como para tirar cohetes, pero su categoría, historia y potencial nada tiene que ver con los otros cosos de Martínez Flamarique.

La alianza reactiva el acuerdo entre el grupo de Alberto Baillères y los Chopera, aparcado por el incidente de la licitación por Las Ventas, cuando Baillères cambió a los sobrinos por el tío, José Antonio Martínez Uranga. Para finalmente perder la licitación con una plica de mínimos frente a Simón Casas y Nautalia, que arrasaron con su aparición sorpresa.

El pacto que algunos dieron por muerto y otros interpretaron como mera estrategia del grupo mexicano para presionar a Martínez Uranga es que el que ahora resucita. De otro modo, sin Madrid como buque insignia, pero con la hipotética posibilidad de que los sea Bilbao. Otra cosa.

La entente del grupo Baillères y la Casa Chopera ya es el tercer matrimonio del magnate mexicano en España. Duró poco aquel sueño de grandeza de la Fusión Internacional de Tauromaquia (FIT) con Simón Casas y fue flor de un día la U.T.E con José Antonio Martínez Uranga por gobernar Las Ventas. La batalla perdida por Madrid truncó el eje de las monumentales: Alberto Baillères había accedido al mandato de la Monumental de México esta misma temporada asociado con Javier Sordo. Más todas las plazas mexicanas.

Por cierto, ni éstas ni las de la FIT entran en el pacto para la Casa Chopera. Todo suma, sin embargo, en la balanza de poder del empresario mexicano.

El comunicado por el que el grupo BAL y los Chopera anunciaban la entrada de Baillères en las plazas de los Martínez Flamarique es una formal declaración de buenas intenciones, sin mayores explicaciones ni detalles, que arranca del siguiente modo: «Esta asociación nace desde la estrecha relación que ha unido a estas dos empresas desde hace décadas partiendo de las bases y conceptos que siempre han compartido, como son la seriedad, la profesionalidad, el respeto a este magnífico arte y universal cultura y la búsqueda de la prosperidad del sector taurino».

«La intención de este acuerdo»- continúa el texto- «se basa en objetivos claros y responsables apoyados por una base de dedicación, innovación, trabajo y recursos que hagan posible que este proyecto sea beneficioso para la Fiesta de los toros en su ámbito general y que sobre todo tenga como máximo exponente la defensa de los derechos e intereses de los aficionados».

Baillères y los Chopera declaran su «máxima ilusión y compromiso con este proyecto que nos llena de responsabilidad por el futuro de la tauromaquia, que en estos momentos atraviesa un momento delicado».
Alberto Baillères

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