lunes, 1 de junio de 2015

FERIA DE SAN ISIDRO – VIGESIMOCUARTO FESTEJO: Seria tarde de Robleño con los ibanes

El matador de San Fernando de Henares se cobra dos buenas estocadas y saluda las dos únicas ovaciones de la tarde; desdibujado Luis Bolívar con un lote con opciones pero no fácil.
Fernando Robleño
ZABALA DE LA SERNA
@zabalaelaserna
Fotos: EFE

Una nube negra como una chapela se puso sobre Las Ventas. El bochorno bajo su protección, el verano prematuro. Como para que a Félix Vázquez se le marchite la fruta en su huerto dorado de la calle Ayala. Fernando Robleño maduró su faena sin prisa. O maduró el toro de Baltasar Ibán. Agradecido de nombre. Y en verdad que lo fue con su buena cara y su estrecha culata. Robleño ya lo había tanteado con el capote sin más. Después de las dos varas, y antes, se sintió su contado poder. Un quite por saltilleras provocó alguna sentadilla más. El toreo por alto para los toros de fuerza trémula no ayuda, sino quebranta. Con lo que no contaba FR, ni nadie, es que la bravura remontaría su condición física. De principio, aquel prólogo bien andado de la media altura. Y la lógica decía que lo necesario sería no obligarlo para que no perdiese las manos. Pero el problema imprevisto es que 'Agradecido' quería la muleta por abajo y sin violencias del toque.

La izquierda halló el punto sedoso por abajo, y desde ahí el 'ibán' empezó a crecerse sólo que por la derecha de Robleño y no por la mano del descubrimiento como el sentido sugería. Ligó el matador de San Fernando (de Henares) dos tandas de encaje, hasta que se fue a por la espada. Y ya con la espada intentó de nuevo el natural... Una estocada de feliz ejecución y superior colocación impulsó la salida al tercio.

A Serafín Marín le tocó un castaño recortado hasta la concentración que siempre pareció contar con unos apoyos malos, como abiertos los cuartos traseros. Las telas de Marín salían tropezadas desde las verónicas. Mantuvo el toro de Baltasar Ibán un comportamiento singular, encelado en el caballo pero antes y más tarde con inclinaciones hacia chiqueros. El 'más tarde' fue a últimas de una obra en la que sostuvo el taponazo final, que el catalán eludió en unos naturales de nota con el de Ibán ya rajado. La estocada no arregló la difusa imagen de Serafín. Es curioso Madrid. De salida pitaron, y no sin razón, al lavado y más altito tercero para acabar ovacionándolo en el arrastre con menos razones y algunos motivos. Luis Bolívar se había manejado con soltura con el capote en el saludo y en el quite floreado. Un desarme absurdo de última hora no hacía justicia a su paso. Raúl Adrada banderilleó con espectacularidad.
Luis Bolívar
Bolívar agarró la muleta en cartucho de 'pescao', se fue a la boca de riego y citó de lejos. Como un obús se arrancó el vivo toro de Baltasar, tan recto que el colombiano rectificó para soltar la dosantina. Las series primeras por el pitón derecho siguieron con la generosidad de los metros concedidos y la chispa que LB canalizaba por abajo y remató, en una de ellas, con un cambio de mano muy torero y un enorme pase de pecho. Pero por la izquierda ya sería otro cantar, siguiendo con la dificultad (incrementada) de poder ligar. No me digan por qué pero algo cambió desde este punto de la faena. O el toro continuó viniendo sin irse o Bolívar le perdió, y perdió, el aire. O las dos cosas. Al final, la ovación en el arrastre para Provechoso, que nació al ruedo de Madrid protestado...

La segunda parte de la corrida se había cargado con los tres toros cinqueños y de mayor trapío, lo que no se hacía difícil, de los tres primeros. Robleño volvió a tener un puesta en escena seria, sincera y sin concesiones. El cuarto traía el trapío por delante y esas dos velocidades que marcó mucho el comportamiento de los ibanes, ese paso dormido hasta llegar a la muleta y esa aceleración de embestida desde el embroque. A Fernando Robleño no le tocó el engaño ni una vez en el trío de series diestras que duró. Luego se apagó y el matador volvió a ejercer como tal con otra estupenda estocada. Contarán entre las mejores de la feria.

El aparato y las velas que por delante llevaba el quinto se ganaron las ovaciones de la plaza que entra en semana torista. Pero, tras unas arrancadas a la muleta de Marín, se vino abajo tanto como Marín, que tal y como hizo el paseíllo parecía anunciarse en el matadero en lugar de en Madrid...

Se lesionó el sexto y apareció un sobrero de Torrealta cinqueño, jabonero sucio y montado como a tramos. Una alzada de cuidado. Lo protestaron. O por feo o por ser el padre de aquellos que no se protestaron. A su altura, que no era escasa, Luis Bolívar lo llevó tapado y largo en una triada de tandas de derechazos de notable conducción, dicen ahora. Pero como si se repitiese la jugada, por el izquierdo cambiaron las tornas. Por ahí el toro se remontó por el palillo. Bolívar perdió el hilo. También en su regreso al supuesto pitón bueno, que ya se sentía el amo de la caverna. Desdibujado el colombiano.

FICHA DEL FESTEJO
Monumental de las Ventas. Domingo, 31 de mayo de 2015. Vigésimo cuarta de feria. Casi tres cuartos de entrada.
Toros de Baltasar Ibán, tres cinqueños (4º, 5º y 6º), los tres más fuertes y de mayor trapío; el escurrido 1º se creció con bravura en su contado poder; encastado el lavado 3º; de malos apoyos que embestía a saltos y terminó rajado; 4º y 5 se desfondaron; se lesionó el 6º; un sobrero cinqueño pasado de Torrealta (6º bis), muy alto de agujas, noble a su altura por el derecho y finalmente remontado.
Fernando Robleño, de blanco y plata. Gran estocada (saludos). En el cuarto, buena estocada (saludos).
Serafín Marín, de azul marino y oro. Estocada pasada y caída (silencio). En el quinto, pinchazo y media estocada (silencio).
Luis Bolívar, de azul turquesa y oro. Dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio). En el sexto, pinchazo y media estocada (silencio).
Serafín Marín

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