domingo, 24 de mayo de 2015

FERIA DE SAN ISIDRO – DECIMOSÉPTIMO FESTEJO DE ABONO: Puerta Grande para el nuevo y maduro López Simón

El matador de Barajas, que reaparecía tras las cornada y el triunfo del 2 de mayo en Madrid, corta una oreja de ley y se inventa otra con su clarividente momento; la corrida  de Las Ramblas se hundió en su segunda mitad.

ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Foto: EFE

Como una señal para el nuevo Simón, no hacía viento alguno. Después de más de 10 días de vendaval ininterrumpido, las banderas descansaban sobre sus mástiles. Podía  echar las redes tranquilo. Los capotes no temían los azotes navajeros ni las muletas los golpes traicioneros. Los toreros tan 'sólo' debían ocuparse de entender al toro. Y  López Simón no sólo lo entendió sino que incluso se lo inventó cuando la nave zozobraba de su destino: la Puerta Grande por la que merece resucitar.

Al matador del pueblo de Barajas le ovacionaron al romperse el paseíllo por su reaparición en Madrid después de la cornada y las orejas del 2 de mayo. La gloria pendiente.  La enfermería como agria moneda de pago. Simón la tiene ahora en la mano, la moneda, digo, y ayer volvía para cambiarla. Y vaya si la cambió.

En frente, un toro veleto, armado con un garfio como pitón izquierdo, un punto alto de cruz, pero generoso de cuello y con una mansedumbre pacífica y obediente. Esa que a  favor de querencia entendió López Simón con el capote, la misma que le llevó al colorado y largo toro de Las Ramblas a escupirse de los caballos.

El torero brindó a Zani Monreal, 'culpable' de su rehabilitación contra el reloj. Y por alto y a dos manos recorrió el camino de la boca de riego. Vertical y concentrado el paso.  Allí soltó la zurda con la fluidez que hace correr el agua del toreo y despierta oles en catarata.

López Simón se ha desencorsetado de las influencias que lo envaraban y se ha cuajado por otro palo. Cabeza y redaños para atisbar la media distancia. La mano derecha  conducía por abajo la embestida con el punto mansito de quererse ir. Y por ello con un tranco más. Ligazón y estructura. Enorme el pase de pecho. Todos los pases de pecho  de la faena cobraron entidad de monumento. Cuando quiso cambiarse la muleta por la espalda, después de una serie en la que buscó el pitón contrario, así a pasitos como  camelan en Madrid, el toro le hizo hilo y lo derribó. Su condición quiso que fijara la vista en tablas y le pasase por encima. Del percance regresó Simón con la intención de la  izquierda, y bajo el '7' fue el trazo, la soltura y los riñones encajados. Otros obligados enormes precedieron al broche de ayudados por alto. Una miscelánea torera engarzada  por bajo. Y la estocada emprendida con rectitud de vela. Tanto como para atracarse con las dagas merodeando el golpe bajo. Dolió el volapié. Mucha muerte en la estocada.  Y una oreja maciza para celebrar la nueva vida de Simón.

No veía nadie al altísimo sexto por ningún lado... Más que por encima de las esclavinas. Pero López Simón lo tenía claro desde el inicio tan toreramente sincero. Como su  colocación y entendimiento para que el torazo no le tocase ni una vez la muleta. Y encima le sacase series de enorme mérito. Metido entre los pitones finalmente. De tal  modo que hacía especular con que en sus manos cualquiera de los otros toros de la corrida de Las Ramblas, que se desfondó en su segunda mitad, habría servido sin servir,  por no hablar de los que sirvieron. Tremendo el tipo. Sin una concesión. Manoletinas de despedida. Pinchazo y estocada por derecho. Y la oreja. Y la Puerta Grande debida,  pendiente desde que floreaba mayo para un torero que ha madurado increíblemente.

La tarde se había templado bajo un cielo encapotado, y tan templado como la tarde se presentó un castaño cinqueño de Las Ramblas. David Galván se presentó pronto con  el capote y, aprovechando las sueltas idas y venidas, lanceó a pies juntos hasta los medios, donde dibujó una media verónica con cadencia y una revolera. A las recortadas y  bajas hechuras del toro se sumaba una fijeza extraordinaria. Y así se vio en un quite de Galván por gaoneras bien traídas y otro con el capote también a la espalda de Víctor  Barrio por saltilleras.

Galván colocó la montera a sus pies y estrenó la faena con una dosantina antes de obligar por la derecha demasiado a un toro que con lo justo había abandonado el caballo  y que quería a su altura la templanza. La encontró DG en la izquierda con pausa y elegancia. Un corte bueno de torero, a lo peor con un aire de matador veterano. Elogio de  doble filo. En las manoletinas de despedida sobrevino la voltereta incruenta, casi encunado sin violencia el cuerpo por delante. Un aviso sonó antes de matar para saludar  después la ovación. El inmenso cuarto, de una alzada descomunal, no ayudó en nada con su sangre aguada. Galván perdió la noción del tiempo.

Víctor Barrio se clavó en el centro del platillo para recibir al negro segundo. La pretensión de la quietud no se materializó. Manseó el toro. Un farol de rodillas antecedió a un  galleo por chicuelinas. Y la respuesta de Simón por Chicuelo again y una larga cambiada de rodillas. El ejemplar de Daniel Martínez tenía un buen inicio de muletazo a falta  de final y un ligero punteo. De rodillas el prólogo en redondo y muchas series más derechazos que querían ser largos y acababan enganchados. El epílogo de obra con la  muleta más retrasada, más reunido el torero en medios muletazos, dio con la tecla. Pero ya era tarde. Lo mejor la estocada. Como con el quinto que sí que de verdad no dio  opciones con sus constante reposición. En manos del nuevo Simón, a saber. Una marabunta lo esperaba en la otra orilla de la arcada de la gloria.

FICHA DEL FESTEJO
Monumental de las Ventas. Domingo, 24 de mayo de 2015. Decimoséptima de feria. Menos de tres cuartos.
Toros de Las Ramblas, serios en sus muy distintas y desiguales  hechuras; bueno por el izquierdo el bajo y recortado cinqueño 1º; noble y de mejor inicio de muletazo que final el 2º; mansito pero obediente y con viaje el 3º; el altísimo e  imponente 4º vacío y desfondado; un 5º que reponía; un alto 6º sin humillar, sin celo y sin maldad.
David Galván, de verde botella y oro. Estocada. Aviso (saludos). En el cuarto, tres pinchazos y dos descabellos. Aviso (silencio).
Víctor Barrio, de azul marino y oro. Estocada (silencio). En el quinto, estocada algo atravesada (silencio).
López Simón, de azul marino y oro. Estocada pelín rinconera (oreja). En el sexto, pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros por la Puerta Grande.

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