martes, 12 de junio de 2018

ANALISIS - San Isidro mantuvo el tirón, pese a la lluvia y el flojo balance artístico

Diego Ventura
PACO AGUADO
Fotos: EFE
La dilatada feria de San Isidro que este domingo finalizó mantuvo intacto, por encima de otras consideraciones, su gran tirón de público en las taquillas, a pesar de las lluvias, que condicionaron casi todo su desarrollo, y del flojo balance artístico registrado en los 33 festejos celebrados.

Con un total de 619.580 localidades vendidas en todo el ciclo, según datos de la empresa gestora del coso, la media de ocupación de los tendidos de Las Ventas durante este largo mes de toros fue de un 79 por ciento, exactamente la misma que la del abono de 2017, que contó con un festejo más al suspenderse uno por lluvia en esta edición .

Las siete tardes con lleno total (23.624 espectadores) y otras ocho con aforos superiores a las 21.000 localidades hablan por sí solas de la solidez de la afición madrileña, que mantiene intacta su costumbre de acudir a los toros durante el mes de mayo, sean cuales sean los carteles que se anuncien.
Alejandro Talavante
Porque, todo hay que decirlo, no eran muchos los atractivos ni las verdaderas combinaciones sugerentes que ofreció al público la empresa Plaza 1 en este su segundo año de su gestión de la Monumental capitalina, lo que tuvo su reflejo en unos más que mediocres resultados artísticos.

Aunque se cortaran 36 orejas (19 de las cuales fueron para los matadores de toros, en una cifra que no se alcanzaba desde 1974), fueron muy escasas las que tuvieron auténtico peso específico, pues se pidieron y se concedieron muy generosamente por un público impresionable y de muy festivo talante en las tardes señaladas y por unas presidencias que abundaron en decisiones erráticas.
Francisco de Manuel 
Aun así, solo tres de los casi sesenta matadores de toros anunciados lograron salir a hombros por la Puerta Grande, en concreto Alejandro Talavante, Sebastián Castella y López Simón, y en todo caso también con amplia complacencia, ya que las fuertes volteretas que sufrieron los dos últimos fueron decisivas para que su actuación se premiara con holgura.

Del mismo cariz "amable" fueron también casi la mitad del resto de orejas concedidas durante todo el abono, incluidas las de algún novillero y varios rejoneadores, pues parecieron valorar más la lidia bajo aguaceros o la reposición de los protagonistas tras aparatosos percances que los méritos reales de las faenas.

En ese sentido, los mejores momentos de la feria vinieron de la mano de Alejandro Talavante, al que hay que considerar como el auténtico triunfador del ciclo, y Julián López "El Juli" -ante un excelente toro de Alcurrucén en la Beneficencia-, así como fases aisladas de Castella, el peruano Roca Rey, Cayetano, Pepe Moral o el mexicano Luis David Adame, entre otros.

Pero también es importante señalar dos importantes actuaciones que, por la clara falta de criterio de las presidencias, se quedaron inexplicablemente sin trofeos, como fueron las de Fortes, que dio una gran dimensión por su autenticidad, y Octavio Chacón, con su sólido oficio ante una ilidiable corrida de Saltillo.

Precisamente uno de estos últimos ejemplares fue premiado, también asombrosamente, con una inmerecida vuelta al ruedo en el arrastre, lo que contrastó con la falta de reconocimiento que tuvo el sobresaliente juego de varios de los numerosos toros notables que salieron por chiqueros durante todas la feria.
Octavio Chacón
Sobre todos ellos destacó el juego de "Cuba II, de Puerto de San Lorenzo, "Ombú", de Juan Pedro Domecq, "Licenciado", de Alcurrucén, o "Chaparrito", de Adolfo Martín, sin olvidar el alto nivel medio de las dos corridas de Núñez del Cuvillo y de las de Fuente Ymbro, Alcurrucén, El Pilar y alguna otra, además de ejemplares sueltos con claras opciones de triunfo, incluido uno de Miura.

Entre tan larga lista de toros 'de orejas' -que ronda casi los cuarenta- se hizo aún más evidente el mal momento por el que atraviesa el grueso del actual escalafón de matadores, en el que sobrevive un buen número de veteranos gastados y de figuras y toreros domésticos a medio gas, la mayoría de los cuales han quedado en evidencia este San Isidro.
En todo caso, de las 36 orejas cortadas y las seis salidas a hombros del total de la feria, quince de ellas y tres Puertas Grandes se registraron en las relajadas corridas de rejones, por solo dos en las novilladas, en las que lo más destacado corrió a cargo de Francisco de Manuel.

Más en concreto, siete de esas orejas y dos de tales salidas triunfales en los rejones corresponden, con todo derecho, a Diego Ventura, el jinete sevillano que, pletórico y arrollador, se convirtió en el primero de su categoría en cortar un rabo en Las Ventas. Sin duda el hito por el que será más recordada históricamente esta edición de San Isidro. / EFE
Sebastian Castella

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