martes, 12 de julio de 2011

QUINTA CORRIDA DE ABONO – FERIA DE SAN FERMÍN: César y Fandiño, sin trampa ni cartón

Buena y seria corrida de Fuente Ymbro. *** Inteligencia y madurez del torero de Fuenlabrada. *** Desatado, crecido y en son de figura mayor el torero de Orduña.
Tanto César Jiménez como Iván Fandiño han demostrado ayer el porque, actualmente dos los dos toreros que mejor andan y han salido de serios compromisos como Madrid. Ayer cada uno “toco pelo” a una importante corrida de Ricardo Gallardo. Foto: Mauricio Berho
BARQUERITO

NO HABÍA ESCARBADO en toda la primera mitad de la feria más que un toro. El sexto de Miura, que tuvo alma de ratón colorado, listeza y genio, o sea, el sexto sentido. Y tampoco había escarbado tanto. El piso de plaza de Pamplona es como una alfombra y, si se piensa en el castigo que acarrean las vaquillas y demás tiberios, habrá que felicitar al ingeniero por tal ingenio.

El toro siguiente de la relación fue el primero de esta corrida de Fuente Ymbro con que se vino a abrir la segunda mitad de sanfermines. Un toro cinqueño de imponente porte pero solo 550 kilos en tabilla. Escarbó en cuanto se soltó de engaños por primera vez, lo hizo después de la primera vara y repitió y tripitió después de la segunda, y antes, durante y después de banderillas. Rara comezón y síntoma de confundir a los sabios, porque no escarbó ni de manso ni de bronco ni de defenderse ni acobardarse. Estaba armado hasta los dientes: cofia generosísima.

Y, además, de un son casi pastueño. Bravo en una larga vara primera, galopó en banderillas y, de vida menguante como todo el mundo, se empleó por las dos manos con suavidad sorprendente. Un par de claudicaciones delatoras. Ferrera lo toreó templado con el capote, lo banderilleó con riesgo y alardes, y sin recurrir a apoyos del peonaje ni de terceros, y se lo trajo tapado y acompasado en una faena que, sin un solo tirón, fue más de torero técnico que de torero de pasión. Y una faena muy larga.

No la única de la corrida, por cierto. Que fueran tan largas y abundantes las faenas de muleta –la segunda del propio Ferrera, las dos de César Jiménez y las dos de Fandiño- se presta a una interpretación palmaria: los toros salieron muy nobles. Todos sin excepción: ese primero zahorí que buscaba tesoro, un segundo que se movió con más gana que el primero, un tercero que sólo al final de pelea se indispuso, un cuarto que con las fuerzas justas vino a aplomarse demasiado pronto y hasta pegó un coz al aire, un quinto que escarbó pero sólo lo imprescindible y que obedeció con una ligereza llamativa y hasta un sexto entre sardo y salinero, de hechuras muy distintas a las de cualquiera de los hermanos de viaje y sino, que hizo lo que ningún otro: rajarse de repente. No tomar la querencia de la puerta de corrales, que es reflejo del encierro, sino irse de la pelea a las tablas y tirar la toalla. Sin pegar bufidos ni cornadas.

Las ganaderías crecen en número y, cuando lo hacen con criterio, se dice que son largas. La de Fuente Ymbro es ya ganadería larga y prueba patente fue esta corrida de Pamplona –tremendamente seria de cara, más astifina imposible- y tan de Pamplona por fuera pero nada temperamental, sino todo lo contrario. La fijeza, sí, que fue incluso patente en el toro que se rajó. La prontitud ordenada, la templanza para meter la cara en embestidas más gaseosas que líquidas, porque los toros de mejor aire –segundo, tercero y quinto- salieron justos de fuelle. Los toreros dicen en esos casos que la corrida ha sido “buena”. O muy buena.

Estuvieron sembrados César Jiménez e Iván Fandiño. No solo porque pintaron calva la ocasión –y oros y no bastos-, sino porque uno y otro salieron a comerse el mundo. César, con la autoridad del torero maduro, y un empaque natural que casa bien con su sentido vertical del toreo, y con la ambición del torero resucitado que, tras tres o cuatro temporadas de casi castigo, ha visto despejado el horizonte; Fandiño, con un son soberbio, de figura rotunda, firmísimo en todas las bazas, de no perdonar ni un quite, de atreverse hasta con una espera capote a la espalda y a porta gayola antes de soltarse el tercero, que era un mozo de 570 kilos y sienes anchísimas.

César, excelente colocación, toreó muy despacio con las dos manos, y en las manos tuvo siempre los dos toros de lote, el monumental quinto -cinqueño, descarado, bizco, dos agujas de atragantarse- y un por comparación terciado segundo cuyas fuerzas supo dosificar con maestría. Dos faenas de notable armonía, engarzadas, sin tempos muertos, salpicadas de los guiños justos a la galería –las tandas de rodillas, los desplantes, los molinetes-, pero resueltas sobre la verdad desnuda del toreo enganchado por delante y conducido sin temblor. Mejor con la zurda en el quinto, que fue mejor toro por todo. Pero igual de sereno y frío de cabeza César en las dos bazas. Sólo que la espada se le fue a los bajos en el primer turno y por eso no atendería el presidente la petición de oreja.

Fandiño está en un momento extraordinario: la lucidez que dan el valor y la fe en uno mismo, los recursos del torero toreado, el sentido para tirar del tercero de corrida cuando empezó a acortar viajes y a protestar un poco, la abundancia de ideas con el capote, el ajuste impecable al torear de muleta, el encaje perfecto del torero amarrado de pies. Un detalle glorioso: al sexto, después de rajado sin remedio, le robó a cámara lenta muletazos muy difíciles, porque no es sencillo templarse por abajo con un toro rajado. Y si hubiera tenido que montarse encima, se habría montado. No se trataba de eso.

POSTDATA PARA LOS ÍNTIMOS.- Un taxi en San Fermín y a la salida de los toros es un mirlo blanco. En Merindades, esperando el autobús de Villava, pero sólo llegaban los de Mutilva, Medillorri, Beloso y Sarringuren. Desesperaba. Y de pronto un taxi blanco como el mirlo. Zas! Cinco euros con setenta y cinco céntimos desde Merindades a la calle Lafuente -o La Fuente, no está claro- donde paro. Hotel Burlada, la 505, clon wifi, aire acondicionado y terraza a poniente. Como un duque. En el parque de Burlada, a las orillas del Arga, hay dos jaulas para paves exóticas. En una de ellas, canta y baila un mirlo azul de plumas metálicas. Por eso es lo del mirlo. Dan para el 12 borrasca y tormentas. El Juli estaba esta tarde en un burladero de callejón. Saludos!

FICHA DEL FESTEJO
Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo), de excelente presentación, astifinos desde la cepa. Descarados primero y quinto. Corrida en tipo y, con sus desniveles, bien hecha. Nobles los seis. El tercero fue el único con una chispa menor del temperamento clásico de la ganadería. El cuarto fue el de menos vida. El sexto se acabó rajando. Se emplearon con calidad segundo y quinto. Se dejó mucho un bondadoso primero que escarbó como poseso.
Antonio Ferrera, de grana y oro, silencio tras un aviso y silencio tras dos avisos. César Jiménez, de verde esmeralda y oro, saludos y una oreja tras un aviso. Iván Fandiño, de azul cobalto y oro, una oreja y silencio.
Dos notables quites de Pedro Lara para sacar del caballo al sexto.
Pamplona. 7ª de San Fermín. Lleno. Bochorno.

Tanto César Jiménez como Iván Fandiño han demostrado ayer el porque, actualmente dos los dos toreros que mejor andan y han salido de serios compromisos como Madrid. Ayer cada uno “toco pelo” a una importante corrida de Ricardo Gallardo. Foto: Mauricio Berho

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