domingo, 3 de julio de 2011

Emotivo reconocimiento a Nerio Ramírez “El Tovareño”

El espada en retiro, esta tarde volvió a torear tras poco más de 11 años de su despedida, dos novillos de la ganadería de San José de Bolívar, donde dejaría pasajes de su inocultable arte.
Gran muletero, Nerio Ramírez fue y ha sido ejemplo de torería, dentro y fuera de los ruedos.

RUBEN DARIO VILLAFRAZ

Poco más de 1500 personas se dieron cita ayer en la tarde en el Coliseo El Llano de la ciudad merideña de Tovar, en el marco del festival taurino homenaje que se realizó a la memoria de quien ha sido estandarte y baluarte del toreo en la Sultana del Mocotíes. Se trata de Nerio Rafael Ramírez “El Tovareño”.

Esta tarde, al cobijo de sus más incondicionales partidarios, ha vuelto a demostrar el porqué fue uno de los muleteros más destacados a comienzos de la década de los ’80 y gran parte de los ’90.

En tal sentido, numerosos aficionados tovareños han querido verle de nuevo enfundarse en el traje corto, y lo han logrado, tras poco más de 11 años que precisamente en este mismo ruedo, dijera adiós a los ruedos, retiro que se ha visto compensado con la irrupción como torero de gran valor y entrega, en este caso su hijo, Rafael Ramírez Orellana, quien se doctoraría en el 2005, en el marco de la feria septembrina.

Esta tarde, ante dos utreros de la vacada de San José de Bolívar, ha dejado constancia que lo bien aprendido nunca se olvida, y más si para este regreso, lo haga bajo la atenta mirada de quien fue su maestro y mentor en su periplo por arenas españolas a finales de la década de los ’70, como lo es el banderillero en el retiro Don Ricardo Mencia, asiduo visitante de la ciudad de Tovar.

Temple, elegancia, parsimonia, son los adjetivos que se le pueden incrustar como perlas de máximos kilates, a su toreo, a su forma como persona tanto dentro como fuera del ruedo.

Hoy, con el paso de los años, se ha lucido ante dos embestidas nada fáciles. En su primero se gustó por momentos, en especial por la mano que fue siempre su fuerte, la zurda. Por allí instrumentó algunas series de gran factura lo que hizo que el reducido conclave presente le ovacionara. La espada le limitó de pasear trofeos, quedando en el tintero la esencia de un toreo que luego repetiría en escasos momentos, en su segundo ejemplar de la misma ganadería, que al final reluciría mayores complicaciones de las que no quiso entrar en conjeturas el veterano coleta.

Complementaron festejo la actuación de alumnos de la Escuela Taurina de La Grita, quienes actuaron ante una vaquilla de la divisa de Rancho Bravo, así como la vista a examen de los alumnos de la Escuela Taurina de Tovar, quienes pasaron revista ante cuatro eralas de Campolargo, bajo la tutela y asesoría del matador de toros emeritense Alexander Guillén, y el banderillero, primogénito de “El Tovareño”, Fabián Ramírez.

Antes de comenzar el festejo, el escultor Martín Morales hizo entrega de un precioso presente al matador de toros homenajeado, bajo la atenta mirada de los diestros actuantes y alumnos de la escuelas taurinas presentes.

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