domingo, 10 de julio de 2011

ALEJANDRO MEJÍA SE ABRE LA PUERTA GRANDE A BASE DE DECISIÓN

En el marco de la segunda novillada de la Escuela Taurina de Mérida
Importante lección la que han ofrecido ayer en la monumental merideña los alumnos más aventajados de la Escuela Taurina, en la segunda novillada de promoción de lo que va de año.
RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ

En el tipo de espectáculos que nos atañe esta tarde, no cabe duda que uno no puede medir con el mismo rasero de exigencia a quienes están dando los primeros pasos en esta difícil y vericueta profesión, ha aquellos que a base de rodaje y experiencia han demostrado el porqué son profesionales de esta. Me explico, no es lo mismo enseñar a caminar a un niño, que evaluar a un maratonista en plena competencia. En las formas, maneras y estilos conlleva un largo y lento aprendizaje.

Esta tarde, en tarde de clima agradable, y con la concurrencia de numerosos aficionados de la ciudad, ávidos de toros por estos meses, se han dado cita a la que fue la segunda evaluación que ha realizado en lo que va del año la interesante y loable Escuela Taurina «Humberto Álvarez»  de esta ciudad.

Seis ilusiones, seis conceptos de concebir el toreo se han congregado en el Patio de Cuadrillas de la “apagada” monumental emeritense para ver los progresos de igual número de alumnos, bajo la atenta mirada y  consejos de los banderilleros Mauro David Pereira y Fabián Ramírez, sin dejar a un lado el asesoramiento de matadores locales como Leonardo Rivera, Alexander Guillen entre otros, quienes han devuelto la ilusión de sacar generación de relevo al toreo merideño.

Novillada por tanto de compromiso para muchos de ellos, quienes se vestían por vez primera de luces, y con ello sacar a flote ese miedo de responsabilidad que implica vestirse de luces ante el escrutinio del público. Al final, con los avances y recursos de cada uno de estos jovencitos en la arena, ha quedado demostrado el porqué de aquel refrán que dice, «muchos los llamados y pocos los elegidos».

Abrió plaza el jovencísimo Camilo Cepeda, imberbe púber quien venía precedido de haber sido el triunfador del primer capítulo que fue la primera de estas novilladas en mayo pasado. Esta vez, ha de nuevo en evidencia que detalles tiene, sabe desenvolverse a pesar de su poca experiencia delante de los pitones, a diferencia de los demás en la tarde de ayer, pero escasea en él la garra y ambición que debe demostrar quién comienza en esto.

La media con la que cerró saludo de capa fue prologo a lo que luego fue una faena de intermitencias, sobresaltada por reiterados desarmes, ante la sosa y corta embestida de la res, lo que le exime de mayores exigencias. El asunto con la espada es materia pendiente, lo que le costó que al final el eral que toreó se lo regresaran a los corrales.

Samuel Rivas quien se ha gustado de veras con el capote ha dejado en evidencia que por ganas y deseo no dejo ayuno a nadie. Otra cosa es el aún poco rodaje que atesora para lo que implica matar un novillo de luces. El animal, tampoco colaboró en sus intenciones, por lo que al final, tras varios viajes con el acero, diera vuelta al ruedo.

Otro que no se le puede objetar la disposición con la que salió del burladero 1 a recibir su antagonista fue el moreno David Osorio, quien la técnica para el manejo de los engaños, tanto con el percal como con la franela, es materia pendiente. El constante “codilleo” hizo que siempre se viere con el toro encima, lo que aunado a sus ingenuo conocimiento de terrenos, no hizo pasar su labor en cambiante semblante, frente a un eral de similares características en su embestida, poco humillada y sosa de cara al público. Dio una vuelta al ruedo, tras escuchar un aviso.

Tal vez el más “verde” de los aspirantes en la tarde fue el fuertecito Juan Pablo Marraves, quien ligero de pies pasó a lo largo de toda la lidia las fatigas propias a quien debieron primero “cuajar” un poco más en sus intenciones de vestirse de luces. Falto de mando, temple y serenidad propios de un más dilatado aprendizaje, hicieron ver siempre comprometido al joven torero, a quien se le tendrá que esperar en mejor oportunidad. Saludó desde el tercio.

El festeo había caído en un plúmbeo desarrollo a la altura del quinto ejemplar. Y lo mantuvo, pues las habilidades demostradas por el juvenil Juan Guillen, el cual se le exime de mayores, pues al igual que su compañero de cartel anterior, dejó florecer ese “verdor” que se pule a base de muchas sesiones de toreo de salón e intensas jornadas de campo. Despachó de pinchazo y estocada delantera, para dar vuelta al ruedo.

Cerró plaza un imberbe jovencito, quien ha colocado la guinda de la emoción en el último acto. Se llama Alejandro Mejía, y a bien que por encima de las condiciones que le embargan como es el que se le vea con la dificultad propia de quienes comienzan, ha dejado la estela de la ambición en cada uno de los pasajes de su actuación. Lo hizo con el percal, para genuflexo en el tercio de matadores iniciar trasteo muleteril, donde las ganas y deseos de lucir sobrepusieron las adversidades propias, y las mismas que impuso el más colaborador de los pupilos de Don Alberto Ramírez.

Por la diestra y la zocata Mejía ha deslumbrado, y más que éxito, es un llamado de atención a sus maneras que van a requerir especial atención con miras a pulir y cuidar, esto último muy importante en un mundo del toro como este actualmente de tanto “malaje” y envidias… El espadazo, de contundente ejecución y certera colocación tiro sin puntilla en la puerta de arrastre el ejemplar, y a sus manos, por unanimidad de los presentes las orejas, las mismas que sirven de estimulo a sus compañeros y él mismo, para venideras ocasiones dejarse en la arena todo de sí en pos de las mieles del triunfo, las mismas que sueñan alcanzar vestidos de príncipes del toreo.

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros Monumental “Román Eduardo Sandia”
Domingo 10 de julio de 2011.
Novillada Extraordinaria a beneficio de la Escuela Taurina de Mérida
Con poco más de 1000 personas repartidas en el numerado de sombra, en tarde agradable despejada, con ligero viento en las primeras tres faenas, se han lidiado erales de la vacada venezolana de LOS ARANGUEZ (Alberto Ramírez Avendaño), dispares de presencia, los más parejos en trapío el 4º y 6º, en su conjuntos descastados, a menos en la muleta, parados a la tercera tanda de muletazos.

Camilo Cepeda, de verde esmeralda y oro (silencio tras tres avisos)
Samuel Rivas, de celeste y azabache (vuelta al ruedo)
David Osorio, de lila y azabache (vuelta al ruedo tras aviso)
Juan Pablo Marraves, de catafalco y azabache (saludos al tercio por su cuenta)
Juan Guillen, de rosa y plata (vuelta al ruedo)
Alejandro Mejía, de tabaco y azabache (dos orejas)

INCIDENCIAS: Presidió el festejo Jorge Bustamante Calderón, bajo la asesoría de Miguel Rondón Nucete. *** Destacado en la brega Mauro David Pereira, pendiente de los detalles técnicos, junto al banderillero Fabián Ramírez de aspectos técnicos de cada uno de los noveles espadas.

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