Señor
de palabra inquebrantable y figura del toreo inalcanzable, Su Majestad encarna
el cuarto 'Héroes de Leyenda'
MUNDOTORO
En pleno Siglo de Oro, Baltasar Gracián afirmó que
‘no hay en el mundo mayor señorío que el que otorga la libertad del corazón’. A
Santiago Martín ‘El Viti’, su corazón no le cabe en el pecho. Henchido en
humanidad, inequívocamente, es un señor de la cabeza a los pies. En nadie como
en este célebre charro, que cumplió este sábado 82 años, la palabra dada
adquiere un compromiso tan inviolable. Hombre cabal, de ley, su palabra vale
más que cualquier papel firmado de su puño y letra. Por tanto, Su Majestad es
la persona y la figura del toreo –sus inalcanzables catorce Puertas Grandes en
Madrid, le elevan a la categoría de mito vivo- idónea para encarnar este cuarto
‘Héroes de Leyenda’.
- Buenas
tardes, Santiago.
¿Cómo va, hombre? Cuánto bueno por ahí, y
escucharle, llevaba ya tiempo sin saber de usted. (Da igual el momento, da
igual la evidente complicidad ya existente de anteriores conversaciones,
Santiago siempre habla al periodista de usted, con educación exquisita).
- He tenido
el inmenso honor de entrevistarle varias veces, la última hace dos años con
motivo de su 80º cumpleaños. Cómo ha cambiado todo desde entonces…
Quién nos lo iba a decir… Quién me iba a decir que
iba a vivir algo así a estas alturas de mi vida. Después de tanto pasado, de
tanto visto… Porque nunca he sido testigo de nada como esto. Creo que ni en la
Guerra Civil ni en épocas anteriores, por lo que me contaban mis padres cuando
era joven, ha ocurrido en esta maravillosa nación que es España una situación
tan crítica como la que hemos sufrido estos meses y la que todavía queda por
vadear.
- Imagino
que lo ha pasado en esa tranquilidad que tanto venera, en su casa, en Santa
Marta de Tormes.
Sí, en Salamanca. Cerquita de la ciudad. Esta casa
es más tranquila y más fresca, sobre todo, ahora que ya aprieta el calor. De
salud, bien, que es lo importante, con mis achaques, que ya tengo una edad,
pero el motor, de momento, aguanta bien. Gracias a Dios.
- ¿Y en qué
mataba el tiempo estos meses de confinamiento el hombre que más veces ha
cruzado en hombros la Puerta Grande de Las Ventas?
Estos meses atrás, recluido como todos. Aguantando
marea con resignación. Cuando nos dejaron salir, bajaba todas las tardes a dar
mi paseíto, que era dar la vuelta a la manzana del edificio… Poco más. Con lo
que me gusta a mí parar por Salamanca, pasear por mi ciudad, cruzarme con uno y
echar un rato hablando… Tranquilo, sin prisas, sin mirar el reloj.
- ¿Cambiará
esta primavera en barbecho la conciencia humana en este mundo encorsetado por
un tiempo que nos ahoga?
Debería. Gastamos el tiempo atenazados por el
horario. Esta enfermedad debe ser una enseñanza de vida. La vida de un ser
humano sólo puede ser algo positivo. No tiene nada negativo, los lastres se los
vamos poniendo nosotros. Es un regalo, un don que tenemos y, a partir de que lo
hemos recibido, tenemos que disfrutarlo al máximo.
‘La vida de un ser humano sólo puede ser algo positivo. No
tiene nada negativo, los lastres se los vamos poniendo nosotros. Es un regalo,
un don que tenemos y, a partir de que lo hemos recibido, tenemos que disfrutarlo
al máximo’
- A menudo,
a la gente se le olvida…
Todo esto es algo que al mundo debe unir. Es una
lección humana que debemos reconocer. Da igual España, Colombia, China, Estados
Unidos… Todos estamos igual, porque la enfermedad manda en todos y sobre todo.
Tenemos que ser capaces de resistir y rezar para que la ciencia tenga ese
entendimiento necesario para solventar este misterio. Estamos ante un reto
mundial.
- ¿Se
siente orgulloso del ser humano?
Por supuesto. No todo me enorgullece, hay muchas
cosas lascivas, muy mejorables, pero el esfuerzo de los sanitarios ha sido
enorme, los aplausos sinceros que se escuchaban los días más cruentos cada
tarde, los gestos de compañerismo entre gente que no se conocía… Ver a un país
entero entregado como ha estado España, humanamente volcado tanto en la ciencia
como en la física para dar el máximo, me reconforta.
- Habla de
su país, del mundo… Pero, ¿cómo encuentra a la nación taurina actualmente?
Es un drama para el sector. Nunca vi ni me han
contado un escenario así. Pudo ver algún año sin toros en un país determinado,
como en la Guerra Civil en España, pero que no haya temporada en España, en
México, Portugal, Francia… Puede ser una debacle. Ojalá se puedan dar estas
corridas y haya un efecto llamada que invite a otros empresarios a seguir la
senda de estos valientes que se están animando. Porque apostar por los toros en
esta coyuntura tan delicada es de valientes y de tener mucha afición.
La Razón
‘¿Optimista con el futuro de los toros? La muerte
es la que no falla y no se puede solventar. Esta pandemia nos lo está
demostrando día tras día. Tengo confianza en que tener una misma fe, una misma
esperanza, nos una más. Al final, la Tauromaquia es la bandera debajo de la que
todos estamos’
- Por lo
tanto, ¿es optimista?
¿Con el futuro de los toros? Claro. Podemos
resistir. La muerte es la que no falla y no se puede solventar. Esta pandemia
nos lo está demostrando día tras día. Tengo confianza en que tener una misma
fe, una misma esperanza, nos una más. Al final, la Tauromaquia es la bandera
debajo de la que todos estamos. Sin distinciones.
- ¿Seremos
capaces de mirar el bien común de una vez por todas?
Cada uno tiene su forma de pensar, su ideología,
pero todos tenemos que mirar hacia dentro y buscar aquello deba ayudar a un
futuro más próspero. Todo sucede por algo, si ha llegado ahora esta pandemia y
esta crisis tan cruel, quizás sea la piedra sobre la que construir, quizás lo
que vemos como algo nocivo, pueda ser los cimientos para la Tauromaquia del
mañana. Ahora mismo, estamos en una inercia que no es positiva y no se
vislumbran cambios: mucho compromiso, mucha reunión, mucha voluntad… Pero todo
eso no se traduce en repercusiones evidentes y palpables.
‘Nuestra generación mostró unidad y compromiso, aquello que
nos enseñaron los veteranos a nosotros y aquello que tratamos de inculcar a los
jóvenes que nos sucedieron, pero por el camino… Algo se ha ido perdiendo hasta
hoy’
- Los
Paseos Taurinos fueron el primer paso. ¿Ha llegado el momento de que el toreo
se eche a las calles?
No sabría decirle si es el camino, pero, desde
luego, tenemos que coger el toro por los cuernos. Luchar por lo nuestro y
defenderlo con sus valores. Para esa pelea es primordial que haya unidad de
todos los estamentos. El esfuerzo común debe vencer a los intereses creados.
Cuando hay ánimo y sentido conjunto, la Tauromaquia ha demostrado que es
imbatible, que tiene una fuerza inquebrantable.
- Habla de
valores, esos valores eran el motor de su generación…
Y de las anteriores y de las siguientes. Pero por
el camino… Algo se ha ido perdiendo. Nuestra generación mostró unidad y
compromiso, aquello que nos enseñaron los veteranos a nosotros y aquello que
tratamos de inculcar a los jóvenes que nos sucedieron. Pero el reflejo actual
no es similar al de esas tres épocas que me tocaron vivir en activo.
- ¿Percibe
tantos cambios en los valores del toreo con el paso de estas décadas?
En mi época, el toreo y el toro eran sagrados.
Había un respeto inviolable por todo lo que rodeaba al rito. Esa liturgia no
podía ser mancillada por unos intereses personales. Había mucha rivalidad y los
piques eran diarios, en cada paseíllo, pero al salir del ruedo, todos
entendíamos que, por encima de todo, está esa bandera que le decía antes: la de
la Tauromaquia.
- ¿Es lo
que más echa de menos del toro?
Sin duda. Camino, Aparicio, Litri, Curro Romero,
El Cordobés… Menuda lista de figuras, pero, sobre todo, de personas. Grandes
personas todos.
‘El toreo y el toro eran sagrados. Había un respeto
inviolable por todo lo que rodeaba al rito. Esa liturgia no podía ser
mancillada por unos intereses personales‘
- Todos
ustedes coinciden en lo mismo cuando les hago esta pregunta…
Porque era así. Al respeto y al compañerismo
éramos leales. Fieles a un mismo sentir y a una idéntica manera de vivir. Y el
empresario, el aficionado, el ganadero… Todos los estamentos que conforman la
tripulación de este barco eran conscientes de ello. Los objetivos personales
existían, pero ese barco de todos nunca viraba su dirección. Pero, aunque
incluso eso haya cambiado, estoy convencido de que no serán capaces de ahogar
la Tauromaquia.
- ¿Ni desde
dentro, ni desde fuera?
Nada. Soy optimista, insisto. El toreo no
desaparece nunca. Porque igual que una semilla flota en el ambiente y nunca
muere, también le pasará esto a las corridas de toros. Permanecerá en el
ambiente hasta que pase todo y, cuando lo haya hecho, entonces germinará y
florecerá de nuevo en la sociedad.
- Que así
sea.
Estoy convencido de que seremos capaces de
dominarlo, al virus y al antitaurino. Entonces, volveremos con más fuerza.
Puede estar seguro de ello.
Palabra de Su Majestad.
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