sábado, 19 de marzo de 2016

FERIA DE FALLAS EN VALENCIA – OCTAVA CORRIDA: El Juli borra a un desdibujado López Simón

El magisterio y la profundidad de la figura de Velilla se impone a un desdibujado y desorientado Simón, que corta dos orejas como su rival en el apasionante dueloEl joven de Barajas sortea el mejor lote de la buena corrida de Garcigrande/Domingo HernándezEl Juli cuaja la faena de la tarde a cámara lenta al extraordinario quinto de Domingo Hernández.

ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario ELMUNDO de Madrid
Foto: EFE

Otro duelo de veteranía y juventud, de la máxima figura y del máximo exponente de la regeneración o eso dicen. Así son las etiquetas. El Juli y López Simón habían arrastrado a la masa para decorar la plaza con un lleno. El mano a mano transcurrió con apasionada tensión y desembocó por la puerta grande que igualaba las desigualdades entre los dos contrincantes. El combate a tres asaltos lo había ganado, round a round, la madurez de un curtido Juli que borró al desdibujado y precipitado López Simón. Ésta es la historia.

PRIMER ASALTO: A la muerte de los dos primeros toros, lo que se podría definir como el primer round, se había sentido el choque generacional de una manera inversamente proporcional a lo que reflejaba la reseña técnica: una oreja para Simón y la negación de la misma para Juli. En realidad, con la diferencia de un pinchazo, López el joven había estado a un nivel inferior de lo que se espera con un toro de categoría superior y López el viejo había estado en un plano superior con un toro inferior.

A Simón le planeó ya en el capote en los primeros vuelos el bendito "Resabido", como si trajese el temple en la divisa de Garcigrande. A pies juntos los delantales respondieron a un engrasado juego de brazos. El puyazo lo traía ya de casa el toro con la edad cumplida en marzo... Juli había quitado por chicuelinas, y de las chicuelinas quedó una media verónica recordada. Brindó LS al público y planteó una obertura un tanto extraña, por alto e interrumpida por una trinchera con visos de latigazo. Como un presagio de la rara faena de Alberto, como le dicen sus partidarios, equivocada de terrenos y velocidades. ¿La presión? La derecha iba como dos cuartas por delante de la embestida, con ese vaciado precipitado adquirido en invierno. Como precipitados se antojaban los intentos de circulares invertidos. Pero la gente entró con un cambio por la espalda que precedió a tres largos naturales abrochados en molinete zurdo. Faltaba algo o mucho para las bondades del toro. Una serie en redondos de cintura bloqueada apuntó a remontada. Pero el siguiente paso al natural cayó en picado entre los toques a destiempo y los desarmes. Unas manoletinas y la eficacia de la estocada maquillaron la cosa.

Juli en su capítulo había derrochado el coco y la templanza para administrar un toro que se intuía trémulo y hacerlo durar y explotar con el dominio de las alturas. Desde una verónica exigente que midió el aliento del garcigrande, Julián reguló el poderío y lo convirtió en seda. Ni un tirón en un prólogo por alto en absoluto quebrantado y los derechazos que ayudaban a oxigenar y potenciar las virtudes que en el fondo habitaban. Y así, con la salvedad de un desarme al cambiar la mano, Juli lo hizo todo a favor del toro. Hasta que sonó la hora del ataque y cuajó una serie de verdad por bajo y otra en la que no soltó sin solución de continuidad. Un interminable pase de pecho a la hombrera contraria que volteó la plaza. Un pinchazo se interpuso luego en el camino de la oreja. Que ya está contado.

SEGUNDO ASALTO: La suerte, tan determinante en la vida y en esa metáfora vital que es el toreo, quiso que El Juli se escapase de milagro. Un violento derrote que le atravesó la chaquetilla con la sequedad de una puñalada. Fue visto y no visto, cuando el matador quería rematar con un pase de pecho una serie de naturales. El negro toro se frenó, como venía haciendo, y justo por debajo de la axila tiró el hachazo. Juli quedó colgado unos instantes y rodó por el suelo. Cuando se incorporó se palpó el corazón incrédulo. Y desde entonces sacó la raza y el amor propio. Desde el inicio de faena había tratado de romperlo hacia delante. Pero nadie se imaginaba que fuese tan cabrón. Agarró en el estilo de la casa un espadazo trasero y se cobró una oreja de ley.

De la suerte seguimos hablando: devolvieron al cuarto y saltó al ruedo un sobrero de Garcigrande llamado "Capellano" que fue manteca "colorá" -aun sin terminar de humillar- para que López Simón mostrase su versión más genuina, a veces. De rodillas se plantó en los medios y corrió la mano derecha como si estuviera en pie. O mejor. Otras dos tandas en redondo ejecutadas con largura y de nuevo las rodillas por el suelo. Y otra vez con la vertical recuperada, naturales de quilates. Y las rótulas al suelo "one more time". El toreo circular y los invertidos erguido. O viceversa. Un poco liosa la narración. Como el criterio de terrenos, que basculaba a toriles. Los tendidos estaban a mil. Los sintió Simón y quiso amarrar las orejas en la suerte de recibir en la misma bocana de chiqueros. Salió rana el intento, pero no el volapié siguiente, que aseguró otro trofeo y la puerta grande.

TERCER ASALTO: Cambiaron los vientos y a Juli le tocó en su bolita un toro marcado con el hierro de Domingo Hernández, llamado "Fragata", que se había dejado como última baza. Y fue una maravilla. Equivocó barbeando tablas de salida para desarrollar una profundidad inmensa. Resultó curioso el cambio de revoluciones. Cómo se pasó del trepidante tercio de quites en el que Juli respondió por lopecinas a un quite afarolado de rodillas de Simón a torear tan despacio. Bramaba Valencia antes de que Juli se pusiese a cámara lenta, desencuadernado, roto. La espera y el tempo en cada natural, la muleta a rastras, la hondura inabarcable. Magistral. La faena de la tarde Pero Juli cogió hueso empujando con toda el alma. Y aquello, siendo de dos, quedó en una oreja de enorme peso.

Simón se llevó un sexto, también de Domingo Hernández, que completo un el lote de la corrida. Otro buen toro con el que Alberto López Simón -otra vez a pies juntos con el capote y sin brújula de terrenos- dejó abiertos muchos interrogantes para ser la gran esperanza blanca. Por decirlo suavemente: la fotografía a hombros con El Juli quedará como el mejor recuerdo.

GARCIGRANDE / EL JULI Y LÓPEZ SIMÓN
Toros de Garcigrande, incluido el buen sobrero (4º bis), y dos de Domingo Hernández (5º y 6º); noble y con calidad el 2º; flojo y manejable el 1º; frenado y con guasa el 3º; extraordinario el 5º; estupendo el 6º; de parejas hechuras y diferentes seriedades.
El Juli, de nazareno y oro. Pinchazo y estocada trasera (petición y saludos). En el tercero, estocada honda y trasera (oreja). En el quinto, pinchazo, media estocada y descabello (oreja).
López Simón, de azul turquesa y oro. Estocada (oreja). En el cuarto, pinchazo en la suerte de recibir y estocada (oreja). En el sexto, estocada tendida (ovación de despedida). Salió a hombros con El Juli.
Plaza de toros de Valencia. Viernes, 18 de marzo de 2016. Octava de feria. Lleno.

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