lunes, 16 de mayo de 2011

PRIMERA NOVILLADA DE ABONO – FERIA DE SAN ISIDRO EN MADRID: Novillos de Santa Coloma, alta tensión

Vibrante y variado espectáculo. *** Herido menos grave un valeroso Saúl Jiménez Fortes. *** Muy distinguido el segoviano Víctor Barrio con el lote de más bravura, listeza y fondo.
A pesar que no se cortaron orejas, la primera novillada del San Isidro 2011 se salda con el interesante juego de los santacolomas antiguos Buendía, y la confirmas de las buenas maneras de Víctor Barrio. Foto: EFE

BARQUERITO

FUE, en hechuras y conducta, una amplia representación de los fondos de sangre Buendía - Santa Coloma del hierro de Bucaré. Una de las tres partes en que se repartió la ganadería de Joaquín Buendía en 1996 y que hace tan sólo tres años compró entera Carlos Aragón Cancela. Flor de Jara es el nombre con que Carlos Aragón decidió rebautizar la ganadería. De la camada de erales criada todavía por Javier Buendía –el verdadero ganadero de Bucaré- y criada en Colmenar Viejo eran por tanto estos seis novillos con que Carlos Aragón debutó en San Isidro como ganadero.

Se sabía que iba a ser la dura de las tres novilladas del abono. No se contaba con que el ensayo viniera tan abierto de escaparate. Como un experimento. Sin ser de aparatosa armadura, sí salió muy astifina. Con la excepción del segundo de festejo. Y menos mal, porque ese fue el novillo que hirió a Saúl Jiménez Fortes en la cara exterior del muslo después de cogerlo de lleno. Desentendido del engaño, distraído pero no avieso, sin la listeza propia de la sangre santacoloma, el toro cogió a Jiménez Fortes –hijo de la que fue novillera Mary Fortes- hasta tres veces. Primero, en un remate de pecho en que el toro no hizo por el toque; y después en dos ataques directos al cuerpo, arrollando en los dos sin potencia. Se acostó por las dos manos y se soltaba de todo.
Un caso particular. El toro, negro y cabezón, corto de cuello, de lámina en el tipo primitivo de Ybarra, hizo de salida amago de saltar o de buscar hacerlo. Lo templó de capa Fortes en cuatro lances de serio encaje y valerosa espera, y remató con media. Pegaron al toro capotazos gratuitos de brega después. Un quite de Fortes. De nuevo a la verónica, tres buenas, y media de remate. Tras la segunda vara, salió a quitar por gaoneras Víctor Barrio. Un poco precipitado porque el toro no había llegado a igualarse. No fue entonces cuando cambió el toro la manera de ser. En una primera tanda en tablas, se empleó por las dos manos y lo llevó toreado Fortes. Fue al abrirse a las rayas la pelea cuando el toro empezó a perder objeto, arrollar y meterse. Muy convincente la entereza de Saúl, que cobró una estocada tendida y trasera soltando el engaño. Iba herido y lo sabía. No vendió a nadie el dolor.

Pero se dejó en chiqueros el que iba a ser novillo más apacible y bondadoso de los seis de turno: un quinto que se jugó de sexto y que, berrendo en negro –“cárdeno oscuro”, según la nota de veterinarios- tuvo cara de santacoloma –lucero, erizadas púas-, y astifinas defensas, peor no el remate propio del encaste. Mermado por una vuelta de campana, bien picado y sangrado, ese quinto pero último se dejó como tantos toros de línea Tamarón y espíritu más doméstico que bravo, digamos. Sin la chispa esperada. Se acopló con él y dibujó con torería el extremeño Manuel Larios, que había pasado sendos tragos durante la lidia de primero y cuarto.

Uno y otro sacaron problemas. El primero, cárdeno clásico, de mucha viveza, bravo en una vara pero suelto de la otra, se enteró de todo a las primeras de cambio. Incierto, midió, se acostó y buscó al volverse. Hubo que escapar por pies en muchas reuniones. A ese toro primero le hizo un rumboso quite Saúl Fortes: la larga llamada rondeña –afarolada, de frente y en pie-, librada muy encima, y eso la encareció pero perdió vuelo, tres chicuelinas de lento giro y dos revoleras. El cuarto, bien comido y de bello remate, hondo, cárdeno claro, se pegó una costalada de tanto querer, empujó con fragor, estuvo a punto de sentarse tres veces, escarbó, echaba las manos por delante al lanzarse y, rebrincado, la cara arriba y un punto distraído, no fue agresivo pero embistió a su aire y sin darse. Ese toro se lo brindó Larios al ilustre Vicente Yestera, que iba en su cuadrilla.

Los grandes gestos corrieron por cuenta de Víctor Barrio, estrella del escalafón, doblete en San Isidro. Primero el gesto de apuntarse. Y luego el de resolver con hombría, ideas, imaginación, torería y carácter. Para superar una cogida al rematar en los medios con media de rodillas una trenza de tafalleras cobrada de salida y en el punto donde inmóvil esperó la suelta del toro, que lo persiguió con pies. Fue de armas tomar por temperamento. De perderle un paso y no ganárselo porque al mero toque no atendía. Batalla tensa. Tablas. Pero se vio valiente al torero de Sepúlveda. Y más todavía después con un sexto-quinto de fantástico galope, la velocidad de crucero de lo mejor del santacoloma auténtico, de apretar y arrear hasta tumultuosamente, de hacer vibrar al torero y a la gente, y de reivindicar por tanto lo caro de su sangre. La faena, de más decisión que ideas, tuvo por remate un bajonazo.

FICHA DEL FESTEJO
Seis novillos de Flor de Jara (Carlos Aragón Cancela). De variada condición. Bravo el jugado de quinto, muy bondadoso el sexto. Encastado el tercero. A su aire primero y cuarto. De extraña conducta segundo
Manuel Larios, de púrpura y oro, silencio en los de su lote y aplausos en el sexto, que mató por percance de Jiménez Fortes. Jiménez Fortes, de azul pavo y oro, saludos en el toro que lo hirió. Cornada de 20 cms. en el muslo derecho –cara externa de pronóstico menos grave. Operado en la enfermería de la plaza. Víctor Barrio, de verde botella y oro, saludos y vuelta.
Dos certeros puyazos de Luciano Briceño al tercero. Buenos pares de Miguel Martín y Alberto Zayas, que saludaron en el quinto.
Lunes, 16 de mayo de 2011. Madrid. 7ª de abono (primera novillada) de la Feria de San Isidro. Casi lleno. Primaveral.

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