martes, 26 de abril de 2011

SEGUNDA CORRIDA DE LA FERIA DE ABRIL DE SEVILLA: Gladiador Barrera, contra viento y marea ante una difícil corrida de Aguirre

Antonio Barrera, literalmente se ha jugado esta tarde la cornada en la arena de La Maestranza, ante los aviesos viajes del lote enviado por el hierro de Dolores Aguirre, en la segunda de la Feria de Abril de Sevilla: Foto: EFE
JUAN MIGUEL NÚÑEZ

SEVILLA.- Antonio Barrera consiguió a base de firmeza y arrestos imponerse a una muy complicada corrida de Dolores Aguirre, y aunque no paseó ningún trofeo la gran ovación que recogió fue importante reconocimiento a su valiente actitud, hoy en Sevilla.

Corrida infumable por donde se coja. De toros más para mandarlos al matadero que para lidiarlos en una plaza. Y encima en La Maestranza. Triste espectáculo el de los toros de Dolores Aguirre. Sólo los complicados y peligrosos 1º y 4º -el lote de Barrera- sirvieron si acaso para emocionar por la actitud de valor y arrojo, de celo y firmeza del torero, que cumplió una muy seria actuación.

Chapó Barrera, que dio la cara toda la tarde, jugándosela sin trampa ni cartón. En su descompuesto primero, que se revolvía y buscaba con muy mala saña en cada embestida, se corearon los muletazos con "ayes" de miedo en el tendido por la incertidumbre en el ruedo, por la forma de embestir del "doloresaguirre", con ideas asesinas. En éste no estuvo fino con la espada Barrera, lo que no justifica el silencio final del tendido, con tintes de indiferencia, ¿o acaso ignorancia?

Fue en el cuarto donde Barrera dio el aldabonazo de la emoción. Ahora sí, la gente acongojada por las violentas reacciones del animal, que ora se frenaba, ora se ponía por delante. El animal (nunca mejor empleada la palabra) se dejó pegar en varas, pero protestó mucho en la brega, regateando el capote del valiente y eficaz subalterno Pepín Monje, que se las vio y deseó para hacerse con él, sufriendo varias coladas.

Dos astifinos pitones cortaban el aire. Más no se arredró Barrera, que a base de valor, de tragar lo que no hay en los escritos, según frase de la jerga, poco a poco parecía desengañar al cruel "doloresaguirre". Pases, la mayoría inacabados, pero de enorme mérito. Aquello fue la guerra. Y aunque la estética del toreo brilló por su ausencia -no podía ser de otra manera-, al final venció el hombre, su celo y tesón, su coraje y arrestos. Valor puro y duro de quien supo llevar la emoción al límite.

La rúbrica, una gran estocada. Barrera mató por arriba, como no se merecía el toro. Pero él quiso terminar así su apabullante demostración de arrestos. Y aquí sí, La Maestranza se rindió en una ovación unánime y fuerte, muy fuerte y sentida, que Barrera recogió en los medios capote al brazo y montera en la mano derecha, apretándosela al pecho, convencido de tan importante suficiencia demostrada.

Había interés entre los aficionados por ver en Sevilla a Alberto Aguilar, otro legionario del toreo que venía de triunfar en las primeras ferias del levante, Valencia y Castellón. Pero esta vez no fue posible por culpa de los toros. Su primero no dejó ningún desahogo, amagando constantemente, cuando no se quedaba debajo.

El sexto bis, suelto en los primeros tercios, embistió a empellones y buscando al hombre como prácticamente toda la corrida. Aguilar sorteó tarascadas y gañafones, también hasta lo imposible.

Para Salvador Cortés, segundo espada del cartel, fue el colmo de la mala suerte. Se empeñó el presidente en mantener en el ruedo a su lisiado primero, que estuvo más tiempo en el suelo que de pie. El quinto, queda dicho en la ficha que se echó hasta cuatro veces. También es cierto que le zurraron dos enormes trancazos en el caballo, pero aún así su mansedumbre fue desmesurada.

Cortés contempló, si no impasible cuando menos impotente el triste deambular de los dos pobres animales. / EFE

FICHA DEL FESTEJO
Toros de Dolores Aguirre, el sexto como sobrero, grandes y astifinos, mansos y difíciles. Más allá aún, sacaron peligro primero, tercero, cuarto y sexto. Blandearon segundo y quinto, este último con el añadido de la falta de raza, echándose descaradamente hasta cuatro veces antes de entrarle a matar.
Antonio Barrera: tres pinchazos, media atravesada y dos descabellos (silencio tras aviso); y estocada (gran ovación tras aviso).
Salvador Cortés: metisaca (silencio); y pinchazo (silencio tras aviso).
Alberto Aguilar: dos pinchazos y estocada (silencio); y tres pinchazos y media pescuecera (silencio tras dos avisos).
La plaza tuvo algo más de media entrada en tarde agradable.

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