sábado, 13 de abril de 2013

FERIA DE ABRIL DE SEVILLA – CUARTA CORRIDA: Un buen postre tras una indigestión


La corrida de seis toros de Manzanares resultó un gran desencanto por el escaso ánimo del torero, mal planteamiento de la corrida y el juego de los toros. Cortó dos generosas orejas en el descuento, el sexto de la tarde, un toro de dulce embestida de Juan Pedro, muy pobre de trapío. Escaso balance para una corrida tan esperada. 

CARLOS CRIVELL
Fotos: EFE

Hasta la salida del sexto, la corrida más esperada de los últimos años era una mala indigestión. Era como una comida pesada que nadie se explicaba. Salieron toros elegidos, mirados por cientos de entendidos en el campo, que no sacaron muchas virtudes. Bueno, la culpa de que la corrida de Manzanares se despeñara de forma sorprendente no fue solo de los toros. El matador, ayer pésimo estoqueador, no se mostró muy afinado. Entre el juego dispar y no completo de los bureles, y la actitud de disconfort del alicantino, el gran festejo se desarrolló bajo el signo del desencanto.

Era un desencanto que el público observó sin poder salir de su asombro. La plaza era una legión de devotos del espada, pero ni siquiera con el aliento permanente que se le envió desde el tendido se le pudo ayudar a superar las adversidades. ¿Adversidades? Algunas hubo, pero también había que insuflar ánimos a un torero que no era el de otras veces, que manifestó una actitud conformista justo hasta la salida del sexto.

Manzanares le cortó dos orejas al toro de almíbar de Juan Pedro lidiado en sexto lugar. Dos orejas después de una muy buena faena a un toro nobilísimo, aunque le faltó el remate de una buena estocada. Todo sucedió a raíz de una ovación surgida del tendido antes de la salida del toro que cerró el festejo. Fue como si el aplauso le insuflara un ánimo que le había faltado en el resto de su tarde maestrante. Como el anémico al que le transfunden sangre, se fue a portagayola, siguió con dos largas más, toreó a la verónica y hasta hizo un quite, que fue casi el único en la tarde en la que lidió seis toros en Sevilla. Lástima que el quite fuera por tafalleras.

El de Juan Pedro era una máquina de embestir bien. Manzanares rememoró sus mejores tardes en Sevilla con una faena plena de templanza, buen gusto y ritmo. Conjuntó su clase con la inteligencia para darle a «Guasón» los tiempos precisos para que recobrara el fuelle. Mató en la suerte de recibir, la espada quedó trasera, el palco le perdonó el aviso y marró el descabello, pero el toro ya muy quebrantado se echó. Le dieron dos orejas de una generosidad extrema. Muchos querían que pidiera el sobrero. El torero declinó la petición, parece que por falta de confianza en el toro de Victoriano del Río que estaba en los corrales.

La lidia del toro de Victorino Martín fue el plato fuerte de la tarde. Espléndido de hechuras, el toro se hizo dueño de la plaza. Recibió un fuerte castigo en varas, asustó a los toreros apretando hacia las tablas, se tornó gazapón, llevó siempre la cara por las nubes, hizo hilo con el torero y acabó desparramando la vista. Un toro de Victorino con el que el único que sacó pecho fue Juan José Trujillo. Al torero de Alicante le vino ancho este animal. Es posible que la mayoría del escalafón no le hubiera sacado partido, lo malo es que Manzanares apareció derrotado y sin recursos.

El que abrió plaza de Cuvillo tuvo posibilidades. Las credenciales que mostró el lidiador fueron premonitorias. La faena tuvo pasajes de buen toreo, pero no hubo profundidad, ni tandas largas, como tampoco se pasó al toro cerca de su anatomía. Ya en este primero se puso en evidencia algo que fue el denominador común de su tarde. El gran matador de toros, un cañón con la espada, no apareció ayer por Sevilla. Es posible que la mano anduviera lastimada, la realidad es que se perfiló siempre muy lejos y salvo la estocada al sexto, trasera e imperfecta, nunca acertó en la suerte suprema.

El toro de Garcigrande, segundo, fue una mole descastada que se apagó pronto. Estuvo afanoso, aguantó parones y sufrió un desarme inoportuno.

Pasado el amargo trance del toro de Victorino todo entró en bancarrota. El cuarto, de El Pilar, fue un inválido al que no pudo torear. El quinto, de Toros de Cortés, fue otro tullido que se fue a los corrales, para dar salida a uno de Juan Pedro. Fue un toro vulgar, algo gazapón y con pocas fuerzas. La banda se sumó para animar pero cortó pronto. Todo parecía hundido. La espada viajó de nuevo sin presteza.
La gente reaccionó, salió el bombón de Juan Pedro y pudo dejar la impronta de su calidad. Fue un buen final que no pudo paliar una tarde de enorme desencanto, en parte por el juego de los toros, pero también porque el de Alicante solo se pareció al torero conocido en el sexto. El postre fue bueno, pero la indigestión fue de las grandes.

FICHA DEL FESTEJO
Toros de Núñez del Cuvillo, bueno: Garcigarnde, descastado; Victorino Martín, complicado; El Pilar, muy flojo; Juan Pedro (sobrero), flojo y descastado, y Juan Pedro Domecq, noble. Minuto de silencio por Dolores Aguirre. Saludaron en el tercero Juan José Trujillo (música) y Luis Blázquez. En el quinto, Curro Javier, Luis Blázquez y Trujillo por su lidia.
José María Manzanares, celeste y oro, estocada trasera y atravesada (saludos). En el segundo, media tendida y dos descabellos (saludos tras aviso). En el tercero, dos pinchazos, media atravesada, pinchazo y estocada trasera y dos descabellos (silencio tras aviso). En el cuarto, pinchazo y media contraria (silencio). En el quinto, dos pinchazos y estocada tendida (silencio). En el sexto, estocada trasera y descabello (dos orejas).
Plaza de toros de Sevilla. Sabado 13 de abril. 4ª de Feria. No hay billetes.

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