miércoles, 16 de marzo de 2011

FERIA DE FALLAS 2011 – CUARTA CORRIDA: Tejela araña una eléctrica oreja

Corrida variada y guerrera de Fuente Ymbro, Curro Díaz sale ileso de lo que puso haber sido un grave percance, habilidoso pero estancado Rubén Pinar, un espectáculo vivo.

FICHA DEL FESTEJO
Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). Seria corrida de variadas hechuras y condición dispar. De entrega y ritmo irregulares en varas y engaños. El primero pegó derrotes y se rajó a tablas; pronto pero escarbador un segundo manejable; bondadoso el tercero, justo de fuerzas; el cuarto, que galopó de partida, salió brusco y cabeceó protestando; el quinto, sacudido y ágil, de bonito remate, fue el de mejor aire de los seis; el sexto, de noble fondo, escarbó incluso en el momento de encelarse y atacó sin meter los riñones y en embestidas escupidas. Todos, salvo primero y cuarto, aplaudidos en el arrastre.
Curro Díaz, de verde esmeralda y oro, saludos en los dos. Matías Tejela, de blanco y oro, silencio tras un aviso y oreja tras un aviso. Rubén Pinar, de verde oliva y oro, ovación y palmas.
Valencia. 5ª de Fallas. Encapotado y frío. Menos de media plaza.

BARQUERITO

De las tres corridas de sangres Domecq vistas en lo que va de Fallas, ésta de Fuente Ymbro fue la más guerrera. Más armada que cualquiera de las dos precedentes (Victoriano del Río y Jandilla), bastante más poderosa también. No salió ningún toro tan engrasado ni de tanto querer como el tercero de Victoriano; ni tampoco ninguno con la seráfica bondad o la calidad tan particular del cuarto Jandilla del último domingo. Lejos de esas dos cimas –los dos toros de mejor nota de la feria a día de hoy-, la corrida de Fuente Ymbro dio, sin embargo, mejor promedio. Con su irregularidad en el caballo, pero con muchas más ganas de pelea en varas y más resistencia también. Con prontitud y movilidad más que suficientes.

Con su variedad o sus desigualdades: ni siquiera el toro de mejor condición –quinto de la tarde- rompió en ritmo mayor; al suave y bondadoso tercero, de preciosa pinta chorreada, le faltó poder o fuerza para ser más toro; el sexto, que fue noble, y bravo en el caballo, embistió a escupidas y sacudidas, sin meter propiamente los riñones, y, raro caso, escarbaba antes de encelarse a pesar de estar fijo en los engaños. El toro brusco, el cuarto, tuvo su parte tratable; el que cantó la gallina –un primero vuelto de cuerna y sangrado en tres varas- lo hizo después de casi dos docenas de viajes fiables; y hubo, como en botica, uno de esos toros, segundo de corrida, que, suelto del caballo, fue y vino y volvió a ir y venir sin demasiadas ganas pero sin regañar. Echó el borrón de escarbar.

La corrida entera se toreó con cierta precipitación. Tejela es un torero de carga eléctrica natural y estuvo con las pilas puestas toda la tarde, como si en la corrida le fuera la temporada, y la cuenta de la luz se paga en los toros con precipitación precisamente. Curro Díaz es torero de gloriosos chispazos, y no sólo, pero hasta las pausas y las transiciones son por norma en sus faenas como rápidas descargas eléctricas. Pinar se ha apuntado al toreo rehilado que consiste en no soltar toro y en pretender convertir en tanda lo que es un muletazo inacabado pero en continuo. Y esa manera de torear se traduce en tensión no tan eléctrica como debiera pero es tensión.

La atmósfera estaba cargada de electricidad: cayó agua a manta por la mañana en Valencia, el cielo estaba de tormenta, hacía húmedo frío, comenzaron a las seis de la tarde los desfiles falleros y las bandas que desfilaban por las calles aledañas de Xátiva o de Alicante metían su música de matute en la plaza de toros. Para todas las faenas se pidió música. Para tapar los sonidos cruzados de las bandas falleras no tuvo pulmones la que estaba de oficio dentro de la plaza. Un solo de saxofón en un raro momento de silencio. Parecía un milagro.

Fue espectáculo entretenido pero también espeso. Curro Díaz, alma de artista, no se templó al lancear de salida al primero o abrió exageradamente el capote para pasar al cuarto en heterodoxas verónicas apaisadas, como si fueran lances para fuera. Media verónica muy elegante de Tejela en el quinto. Y ya. Lidiaron sin acierto al quinto toro, y eso que se perdió.

Las faenas fueron prolijas sin excepción y se hizo raro ver a un torero como Tejela, de siempre militante en la causa de “lo breve si bueno…”, escuchar sendos avisos de postre. Tejela hizo las cosas de más carga –no necesariamente eléctrica- y con la mano izquierda le pegó al quinto una tanda de quedarse a gusto. Curro Díaz dejó la firma en bellos garabatos y, con astucia de torero curtido, supo manejar al cuarto a suerte descargada para domarlo. Sus improvisaciones tuvieron sal espontánea. Pinar anduvo trabajoso, con la seguridad de quien torea como escondido a toro tapado y con una virtud propia: una muñeca de muchos quilates. Con la espada no pasó nada, pero estuvo a punto de pasar, porque el cuarto prendió a Curro Díaz por la faja –que protegía el vientre- y le pegó dos volteretas terribles. Pudo haber sido terrible y no lo fue.

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