lunes, 16 de marzo de 2015

Enrique Ponce: «Nunca he puesto reparos a un mano a mano televisado con José Tomás»

El maestro de Chiva celebra este lunes 25 años de alternativa en la Feria de Fallas

ANDRÉS AMORÓS
Diario ABC de Madrid

El 16 de marzo de 1990, en la Plaza de Toros de Valencia, tomó la alternativa un joven de 18 años,  llamado Enrique Ponce. El padrino fue Joselito; el testigo, Litri. Los toros eran de Joao Moura pero  el de la ceremonia fue devuelto y sustituido por un sobrero de Puerta Hermanos, «Talentoso», al  que el joven diestro cortó la oreja. El éxito rotundo llegó, en la misma Plaza, el 28 de julio, cuando  Ponce mató seis toros, en medio de una tormenta de verano, y salió en hombros. A partir de ahí, la  carrera de Enrique Ponce no tiene parangón, en la historia, por el número de corridas (más de cien  por temporada, durante diez seguidas, de 1992 a 2001), de toros indultados, de salidas en  hombros, en todas las Plazas importantes del mundo...

El próximo lunes, en la fecha en que se cumplen los 25 años de su alternativa, vuelve a torear en su  Plaza de Valencia. En medio de su preparación, comenta a ABC sus recuerdos de aquella tarde: «La viví con mucha pasión y mucha responsabilidad; sobre todo, porque no tenía, firmada, ninguna  corrida más. Fue algo muy bonito pero complicado, por lo que me estaba jugando».

–¿Qué queda, hoy, de aquel chaval?
Lo más importante: la ilusión, que sigue intacta; si cabe, todavía más. No por el dinero, claro: por  mejorar mi arte.

–¿En qué has cambiado, desde aquella tarde?
Mantengo el mismo concepto clásico y puro del toreo, que siempre ha sido el mío, pero es lógico  que haya ganado en madurez, en poso. Al principio, llamaba más la atención mi cabeza, mi  facilidad para poder a todo tipo de toros; ahora, se atiende más a la calidad de mi toreo, y al valor  que eso implica. Creo sinceramente que mi evolución ha sido constante, por mi afán de  superación.

–Resulta asombroso que, en un cuarto de siglo, no te hayas aburrido...
Nunca he sentido desidia ni aburrimiento. Hubiera sido normal, después de matar más de dos mil  doscientos toros, pero no ha sido así: me siento tan fresco como hace 25 años. A mí mismo me  asombra.

–Has mantenido el cartel frente a sucesivos rivales: Rincón, Joselito, El Juli y los más jóvenes. Es  una pena que no hayamos visto una mayor rivalidad entre Ponce y José Tomás.
Toreé bastante con él hasta que se retiró y estuvo fuera de los ruedos, varios años. Desde su  vuelta, sólo hemos toreado juntos una tarde, en Alicante.

–¿Aceptarías un mano a mano con él?
Nunca he puesto reparos a eso. Preferiría que fuera televisado, para que lo pudiera ver mucha  más gente. Bastaría con que llegáramos a un acuerdo.

–No has rehuido compañeros, ni Plazas, ni ganaderías, ni televisión.
Ésa es la responsabilidad de una figura: a veces, tiene que asumir compromisos pensando en la  Fiesta, más que en sus intereses particulares.

–Con 43 años, ¿cómo te mantienes en forma?
Debo de tener buena genética porque me cuido pero no obsesivamente: la alimentación, el toreo  de salón; los tentaderos, que es lo que más me gusta. Y conservo lo esencial, la ilusión.

–Nadie te puede discutir tu enorme afición.
Es verdad: siento una afición desmedida, un enorme amor al toreo; sin eso, hubiera sido  imposible mantenerse estos 25 años.

–Sería maravilloso, el lunes próximo, en Valencia, cortar ese rabo que tanto has buscado.
¡Qué mejor fecha! Pero lo importante es cómo llego a ese aniversario: con la moral muy alta,  después del éxito de Olivenza. Me siento muy a gusto. Estoy convencido de que, en cualquier  momento, puedo cuajar el toro de mi vida...

–¿Habrá algo especial, esa tarde?
Llevo 24 años seguidos toreando en mi tierra el día de San José. Vuelvo, además, después de la  muy grave cornada que sufrí, en Fallas. Esta vez, por voluntad propia, he querido torear solamente  una tarde, ese día 16: si Dios quiere, luego podré disfrutar de las Fallas con mis hijas, que  participarán, vestidas de falleras, en la ofrenda a la Virgen.

–¿Estrenarás vestido, esa tarde?
Supongo que sí. Por primera vez, en toda mi carrera, he elegido un tipo de bordado nuevo,  inspirado en la flor de azahar, como homenaje a mi tierra.

–El día de la alternativa, en tu capote de paseo –regalo de la Peña de tu pueblo– aparecía la  Virgen del Castillo, de Chiva. ¿Y ahora?
Todavía no lo sé. Quizá lleve el de la Virgen de los Desamparados que me regaló Paloma, el año  pasado. Cuando toreo en Valencia, siempre acudo a rezar a la Virgen, por la mañana.

–Te acordarás de tu abuelo, esa tarde...
¡Cómo no! Le brindé el toro de mi alternativa, porque se hacía realidad nuestro sueño, y varios  más... Lo siento siempre conmigo, a mi lado.

–Luego, toreas dos tardes en la Feria de Abril. Tú no has tenido problemas para contratarte en  Sevilla.
¡Ninguno! En principio, pensé en una tarde pero acabé accediendo a la insistencia de la  Empresa. Me hace muchísima ilusión torear de nuevo allí, cuajar un toro como el de Zalduendo, del  año 2006.

–El año pasado, reapareciste allí, después de la grave cornada
Así fue, aunque iba algo mermado de facultades. Hice ese esfuerzo y creo que la afición sevillana  sabe valorar esos gestos.

–¿Y San Isidro?
Mi planteamiento es torear una tarde. Todavía no está cerrado pero tengo mucha ilusión por volver  a esta Plaza, espero que se arregle.

–¿Has pensado en algún gesto especial, esta temporada?
De momento, no, pero no digo que no pueda plantearse. Para mí, el mejor gesto es hacer esta  temporada como se plantea, afrontarla con responsabilidad.

–Hace una semana, en Olivenza, has vuelto a asombrar a todos, con una gran faena, «marca de la  casa», a un toro por el que nadie daba un duro.
Te aseguro que fue sorprendente hasta para mí porque todos los síntomas eran contrarios pero el  toro acabó entregándose. Mi forma de entender el toreo incluye lidiar al toro complicado,  dominarle. Abrir así la temporada me da mucha moral.

–Después de 25 años, ¿qué buscas, en el toreo?
Intento torear mejor, depurar la estética (que no es lo mismo que ponerse bonito), ralentizar la  embestida del toro, componer una expresión bella y natural, sin crispaciones: así entiendo yo el  toreo.

–Ahora, te llaman para muchos actos, homenajes...
Así es, siento que tengo una cierta responsabilidad en la imagen pública del toreo, pero sin  perder ningún entrenamiento. Cuando acabemos esta charla salgo para Albacete, a tentar. Quiero  estar centrado en el toreo, vivir en torero, siempre con el toro en la cabeza.

–Ése debe de ser el secreto...

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