sábado, 13 de febrero de 2016

La Feria donde Enrique Ponce pasó y dejó huella de su maestría

Mis impresiones de la Feria del Sol 2016
Simplemente nos embriagó a todos, nos cautivó su arte, su espíritu, su don de gente, su maestría dentro y fuera del ruedo, nos agradó tanto que nos hipnotizó y nos hizo caer a todos en graves excesos, la Autoridad no reparó en darle todos los trofeos posibles (y hasta más), los aficionados ni nos fijamos en los toritos, por no decir novillitos, bien cuidaditos y afeitaditos que le reservaron, ni le reprochamos su solicitud de indulto al inválido que lidió el viernes.

ACACIO SANDIA SCHEUREN
@ajsandia
acaciosandia@gmail.com
Peña Taurina “La Flor del Trabajo”
Fotos: Hugo Angulo Avendaño - Anibal Garcia Soteldo

El maestro nos fue llevando con sus soberbias verónicas, con su capa privilegiada al tercio de varas y luego nos embarcó en su muleta fina y templada, tanto que nos enamoró y terminamos entregados a él como sus toros, sin exigir nada más que sus bellas artes y sus “poncinas” inolvidables. Maestro, sencillamente, gracias por venir y disculpe tantos excesos. Él mismo inició nuestra feria antes de la novillada, con su excelente disertación sobre su pasión por el mundo del toro, palabras que refrendó con creces el viernes y remató el lunes, dándonos dos clases prácticas de aquella clase teórica.

La novillada de ese jueves dejó algunas luces, a pesar de la oscuridad en el ruedo, me quedo con dos verónicas de El Gato y tres naturales de José Antonio Salas de excelente factura, me desagradó lo tristemente agrandado que vi al novel Vanegas, pretendiendo ser más de lo que todavía no es y la queda la asignatura pendiente en todos los alternantes: La Suerte Suprema.

La falla de la iluminación del ruedo es algo que curiosamente, año tras año, a nadie parece importar, tengo la idea que pocos observan el cambio en el comportamiento de los toros lidiados bajo la pésima luz artificial del coso merideño, éstos se desorientan persiguiendo sombras por doquier, se refugian en la oscuridad de se forma bajo el burladero dos, no acuden a los caballos, responden más con el oído que con la vista, en fin, a menos que sean toros muy bravos y excepcionales, no se prestan para la lidia y por el contrario se vuelven impredecibles y en extremo peligrosos. La iluminación en la fiesta brava no puede ser algo improvisado, es urgente una atención profesional al respecto antes que ocurra una tragedia, más ahora que los festejos inician una hora más tarde con respecto al horario para el que se diseñaron los tendidos de sol y sombra.

Ya con el sol radiante, inició el paseíllo de la primera corrida el viernes y comenzamos a embriagarnos con el Maestro, lamentamos el lote de J.P. Sánchez y extrañamos un poco al Orellana de la edición pasada, los pupilos de Hugo Domingo, con sus características nobleza y falta de fuerza, permitieron a los espadas mostrar su repertorio, aunque con mucho mimo para evitar las caídas constantes de los bureles, condición muy frecuente en ellos. En resumen salimos contentos y gratamente sorprendidos por la correcta actuación de la Comisión Taurina Municipal al otorgar de manera justa y sin excesos los cuatro apéndices cercenados.

El sábado vibramos con el toreo imposible de Talavante, su quietud y capacidad para improvisar nos entusiasmaron a todos, sus faenas, entendiendo la nobleza del encierro más terciado del ciclo ferial, llenaron de algarabía el tendido estudiantil que disfrutó igualmente de Luque y sus “luquecinas”. La grata sorpresa de la sabrosa tarde fue la despaciosidad y clase con la que toreo un renovado Erick Cortez, que vive un segundo aire más reposado y agradable, cortó una oreja de mucho peso con la que a mi entender, fue la estocada de la feria, estocada que por sí sola valía la oreja.
Erick Cortez
El domingo sufrimos una gran decepción, el remendado mano a mano, carente de todo sentido y atractivo, resultó ser una burla al aficionado merideño de parte de la empresa, la ganadería y la CTM, la empresa por no completar el cartel, La Cruz de Hierro por presentar lo impresentable y la Comisión por avalar a uno y otro. Qué vergüenza lo que nos trajo en esta oportunidad Echenagucia, el otrora hombre de los toros bravos, el que en los últimos años traía lo mejor de lo mejor a esta feria. Fue la tarde más tediosa que vivimos a pesar de la buena voluntad de Luque y Castañeda. Pero como toda tarde de toros tiene lo suyo, las “Luquecinas” de rodillas que se inventó el sevillano sorprendieron a propios y extraños y le vimos al tachirense una muy buena faena a su primer toro.

Lunes: ¡APOTEOSIS! Tarde de esas que me hacen sentir que Dios es taurino, el sueño de todo empresario y en este caso ganadero.

Los Ramírez mostraron clase, raza, transmisión, nobleza y sobre todo una fijeza a toda prueba, pero como sus vecinos, los Molina Colmenares, muy justos de fuerza, peso escaso en la romana (pareciera que fueron pesados con toda la bondadosa intención de ser los toros de los empresarios) y muy escaso trapío. La terna no pudo estar mejor, Ponce en su máxima expresión, Talavante en lo suyo y un Califa de Aragua al que no le quedó grande el cartel. Aquí empezaron los excesos, los indultos, el rabo sin muerte, la segunda oreja con el toro amorcillado, contagiados todos por el “poncismo” exacerbado.

Para redondear una tarde como esa no es necesario inflarla artificialmente. Los indultos, más justificables que en años anteriores, siguen sin convencerme, porque en mi concepto son tres, TRES las variables a observar: nobleza, bravura y trapío, aquí basta con solo una o dos de éstas, y no toman en cuenta el castigo en varas, las banderillas, la capa, la falta de fuerzas, etc.

No me canso de repetirlo, es preferible pecar de estricto que de regalado, una plaza estricta les exige más a ganaderos, toreros y empresarios; elevando así el prestigio de la feria; sin embargo, hay que reconocerlo, ¡mejoramos! este año algo mejoramos.

Pero llegó el martes y de no haber presenciado esa última de feria o haber escrito estas líneas la noche anterior, mis impresiones tendrían menos peros. La V corrida, a pesar de ser la única con toros en edad, peso y presentación acorde con una feria importante de la América taurina, aunque luego no se prestaran al lucimiento, me recordó mucho a esas corridas en plazas portátiles en cualquier pueblo: desorden, regalos por doquier, oscuridad, muchos espectadores y pocos aficionados, los toreros del patio desorientados, realizando faenas realmente mediocres, con medios pases, enmendados a rabiar y pataletas a la Autoridad incluidas. Esa tarde, en mi concepto, vino a poner la torta a una feria que ganaba mucho con respecto a las anteriores.

Encierro muy duro y complicado el que enviaron desde Carora, los Aranguez exigieron el carnet a sus oponentes y dejó en evidencia el poco recorrido taurino del paisano Guillen, se notó en demasía lo poco que ha toreado este año, le tocó en suerte el único lote realmente aprovechable, la verdad es que el berrendo lo desbordó y «Añejado», el toro de la feria en mi opinión, se hizo indultar solito, poniendo a correr por la oscuridad de la arena, al que fue premiado como “Mejor torero venezolano” sin dar más de dos pases a pies juntos y al que le otorgaron los máximos trofeos a una faena que no llegaba a una oreja, por encima de Cortés, El Califa o el mismo Rafa, vaya usted a saber por qué. Saldívar, uno de los salvadores del año pasado, corrió con la peor suerte y Esaú tuvo que recurrir a un toro de regalo para mostrar sus ganas.

Pareciera que la romana de la Monumental la calibraron correctamente solo para ese día porque los 430 Kilos de Añejado parecían muchos más que los 440 de Frontero o los 445 de Demorado, lo que deja en duda si dicha romana indica el peso al gusto del empresario y/o ganadero de turno o es solo una impresión.

Sería muy interesante que el pesaje de los toros se realizara en presencia de los medios de comunicación y aficionados, quizás habría muchas sorpresas, y menos trapicheo por parte del palco presidencial, viciado y cuestionado.

Lamentar igualmente el triste papel de la Defensoría de no sé qué pueblo, que prohíbe a nuestros niños el ingreso a uno de los espectáculos más hermosos y apasionantes del mundo, con lo que pretenden acabar con la afición taurina de raíz.

La feria dejó en evidencia que el venezolano necesita una válvula de escape, la fiesta brava trae gente, genera empleo, llena hoteles, tascas, restaurantes, locales nocturnos. Si los gobernantes de turno lo entendieran hicieran todo lo posible por potenciarla y no pisotearla ni atacarla, cada uno desde su barrera tiene que aportar para que la Feria del Sol siga siendo El Carnaval Taurino de América.

¡Que vivan los toros! que siga ese noble animal llenando plazas, que ganaderos, empresarios y autoridades se esfuercen por dar lo mejor, para que el público comprenda cada día más el mundo taurino y luchemos juntos para que vuelva el toro de verdad.

Que siga por siempre y cada día mejor la Feria del SOL.
Sin duda alguna el maestro de Chiva pasó por Mérida con la prestancia y maestría de quien es hoy por hoy un torero de leyenda. Foto: Aníbal García Soteldo.

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