sábado, 20 de agosto de 2011

ANTESALA DE LA SEMANA GRANDE EN BILBAO 2011: DE LA SEMANA GRANDE EN BILBAO 2011: ¿Menú? Rabo de toro...de Bilbao


BARQUERITO

EL APERITIVO y el postre de las Corridas Generales son de saciar y de cortar la digestión. Las dos cosas. Pantagruélicos menús de domingo, que no del día. Porque el primero de los dos domingos de abono se lidia una de Miura y, el segundo, una de Victorino Martín. ¿Pasa algo? Puede pasar.

Una invención del señor Simón Casas dio con la fórmula de programar en sus plazas de Valencia y Nimes la pasada primavera dos sedicentes manos a mano ganaderos: tres toros de Miura y tres de Victorino dentro de una misma corrida, y corridas de tres espadas. Fueron, en total y por tanto, seis toros de cada uno de los dos hierros. No hubo resultados alentadores. Ni desalentadores. Ni toros de bandera, a pesar de ser bandera los toros en los dos reclamos. Todavía no se sabe si cuajará la idea, que es nueva, atrevida y heterodoxa. O una reducción de las corridas concurso tan en desuso. Fuente Ymbro y La Quinta se prestaron a otro duelo de criadores en la propia Nimes dentro de ese programa que propone saltear sabores sin mezclarlos pero aquilatando estilos de bravura.

En Bilbao se ha optado por la vía clásica, que suele ser más fiable y segura, y por eso precisamente es clásica: seis toros de Miura y seis de Victorino. Juntos pero no revueltos en el abono. Y seis toros de Fuente Ymbro. No seis de La Quinta. No se sabe por qué ni seguramente nadie va a preguntárselo. Son cuarenta y ocho toros en puntas los del abono –y seis despuntados para el festejo de rejones- y sólo pueden anunciarse ocho ganaderos. A los ocho se les exige historial. En Bilbao y lejos de Bilbao. Lo tienen los ocho. Luego, están los gustos y los caprichos.

Primero, los caprichos de los propios toreros. Y todavía antes de tal antojo, el criterio de los junteros de la Junta Administrativa de Vista Alegre, que se mantienen fieles al viejo principio irrenunciable: los toros y los toreros, ¡y por ese orden! Exacta y rigurosamente. Primacía del toro. En ese punto, Bilbao es, en el más noble sentido del término, una plaza de pueblo. Pero hay que convencer a los toreros. Es el equilibrio más delicado.

La bravura, por lo demás, no es plana ni unívoca. La bravura es, en realidad, una de las bellas artes naturales. Álvaro Núñez Benjumea –el más brillante de los ganaderos modernos, el criador de Núñez del Cuvillo– ha dicho y repetido que la bravura de un toro de lidia es obra del hombre que lo cría. La sentencia es una puesta al día o una revisión de un viejo decir campero: no existen ganaderías, sino ganaderos. Pero hay encastes, que no se crean ni se destruyen sino todo lo contrario: se transforman.

Resulta relevante la intención de abrir en Bilbao un abono de sólo nueve corridas a cinco encastes o líneas de sangre distintas: Murube, Miura, Saltillo, Núñez y Tamarón-Domecq. Y abrir cuatro de las cinco corridas de origen Tamarón-Domecq en ramas separadas. Digamos que Jandilla y Fuente Ymbro son un bloque o frente común. Pero el toro de El Pilar, el de Cuvillo y el de Victoriano del Río se han ido por senderos distintos. No todo es igual. Ni lo parece siquiera. El denso son del toro de El Pilar, que cabalga más que galopa; el brío candente del toro encastado de Cuvillo; el punto agresivo de lo de Fuente Ymbro… Etcétera.

Habría que dividir las bellas artes en naturales y artificiales. Por ejemplo, un paisaje tal cual –sin límite ni marco, pluridimensional- y un paisaje pintado, dibujado, retratado, contado o filmado. El toro de las cuevas de Lascaux participa de las dos gracias. Y el célebre toro de Miquel Barceló con que se anunció el abono de Sevilla del año 2009. El de Barceló, inspirado, como el de Picasso, en el de los frescos rupestres donde se reducía la imagen del toro a su pura esencia: agresividad, trapío, peligro. O sea, el toro de Bilbao. ¿El toro artista?

El “toro de Bilbao”, la más antigua denominación de origen conocida dentro de su género, es un toro muy concreto: no el mayor perso sí el de cabeza de camada. Por remate, que tiene que ser necesariamente ofensivo, pero no de toro destartalado; impecablemente comido y lustroso, casi pintado. Y firmado, como las obras de arte.

Corre un curso 2011 de contradictoria abundancia: excedente de toros pero demanda en recesión. En esa corriente, los toros de Bilbao se han podido escoger con menos competencia que otras veces. Y con el rigor de marca. El toro de Bilbao está, en seriedad, por encima del de Sevilla, Madrid o Pamplona. En los carteles de las Corridas Generales, abono de insuperable solera, el toro ha sido siempre protagonista mayor. No en Sevilla, no en Madrid. Este año, sin embargo, por arte de birlibirloque, el papel del toro ha pasado a ser no secundario pero…

En Sevilla lidiaron Victorino y Miura en fechas tan señaladas como las del programa de Bilbao. En Madrid no hubo corridas de ninguna de las dos partes. En Pamplona, sólo Miura, y a los agrimensores les pareció que fue una miurada de menos cuajo de lo habitual. “Porque este año lidia en Bilbao y…”, se oía decir. Si se prestara oído al rumor insolente, habría que deducir que la miurada que viene va a ser monumental. Porque no se lidia una de Miura en Vista Alegre desde aquella singular aventura de Juan José Padilla, que se anunció a solas con seis y seis mató. Una gesta sorda. Parece de otra época.

Cuando terminen las Corridas Generales, habrá que ponderar la categoría y las calidades de todas esas ganaderías punteras que han estado en los compromisos de aliento. Medir la corrida de Cuvillo de Bilbao en función de las de Sevilla, Pamplona, Valencia o Madrid. Y lo mismo se hará con la de Victoriano del Río si se tiene como referencia la de Beneficencia de Madrid o la de Pamplona. Y todo eso va de parecida forma con los toros de Fuente Ymbro o de El Pilar, dos hierros presentes en casi todas las peleas. No se escapa nadie. ¿Nadie? Miura es un capítulo aparte, una página bíblica. Y Victorino, como suele decirse, es “mucho Victorino”. “Embistamos”, dijo uno, “y yo el primero”.

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