sábado, 11 de enero de 2014

YO NO SOY JAVIER VILLÁN

A propósito de la agresión entre el banderillero Fernando Galindo y el periodista Zabala de la Serna en el centro de Madrid el pasado 31 de diciembre

ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna

Yo no soy Javier Villán y ya me gustaría serlo. Por su desbordante talento, por su escritura absoluta, por el profundo conocimiento de la cultura, por esa capacidad para dictar una crónica taurina en verso desde la misma plaza o para improvisar una crítica teatral según abandona la sala y que nuestras maravillosas secres de El MUNDO plasman al dictado en una maqueta.

Hay gente superdotada, hipercultivada, grandes para poder escribir de toros, flamenco, pintura, poesía, teatro... Dios en ocasiones compensa lo que te da con una mano y te lo quita con la otra: Javier Villán sufre una enfermedad degenerativa de sus caderas desde la cuna. Y en eso tampoco soy Javier Villán. Cuando a Javier Villán una cuadrilla de banderilleros le agredió físicamente en el año 2000 en un hotel de Logroño, Javier cayó o quedó a merced de los agresores por sus impedimentos.

La "provocación" de Javier había sido una crónica. Otra crónica supongo que fue el fundamentado motivo para que el padre de una figura del toreo la emprendiese a golpes con José Luis Carabias en un hotel de Sevilla. Otro escrito originó una agresión de un matador de toros a Vicente Sobrino en Valencia. La última que recuerdo fue a Domingo de la Cámara en Bilbao, cuando otra cuadrilla le hizo el gesto de cortarle la garganta... La lista es larga.

La libertad de expresión en el mundo del toro parece que conlleva el precio de la "vendetta", la caza del periodista, la paliza al mensajero, el cabezazo inesperado al escritor, el puñetazo traidor, la espera en el ascensor de un hotel, en la esquina de un bar. Históricamente, el cronista debe sucumbir a los golpes, tirarse en una esquina o salir corriendo, nunca defenderse ni tratar de parar la agresión, como asumiendo una culpa por alguna ley no escrita.

Desgraciadamente, no soy Javier Villán y ya me gustaría serlo. No estoy cojo pero no cuento con su talento, no voy apoyado en muletas pero tampoco tengo su pluma. No me caigo por un cabezazo a traición, ni me doblo por un puñetazo, pero tampoco me dejo pegar el tercero.

Lamentablemente, a estas alturas, tras todo el episodio gratuito de violencia y la agresión del 31 de diciembre por parte de Fernando Galindo, en algún punto de mi fuero interno hubiera deseado ser también Javier Villán y haberme caído al suelo y esperar una lluvia de patadas y no tratar de frenar ni repeler los golpes. Ahora formaría parte de ese inmenso listado de periodistas taurinos que, según la historia, debe pagar el precio de una crónica escrita en libertad con una mano de hostias como si fuera la cuota de la Asociación de la Prensa.

1 comentario:

  1. Admirado Vicente, corta la lista como Manga de Chaleco. Cuenta con nuestro apoyo, como admiradores de tu profesionalidad, trabajo y desempeño dentro de la fiesta de los toros y en el amargo sendero del periodismo. Tu amigo, Víctor José López EL VITO desde esta maltrecha Caracas destrozada en su dignidad, por quienes como los que te agredieron pretenden imponer la fuerza de las bayonetas para callar la Libertad de opinión y la Verdad.

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