martes, 17 de diciembre de 2013

El conflicto Canorea-G 5: Un golpe de timón que puede acabar en triste anécdota

Los protagonistas se juegan su propia credibilidad
Con buen criterio, más de un analista ha venido a decir que el conflicto de Eduardo Canorea con el conato de G-5 ha abierto en canal la realidad actual de la Fiesta. La evidente rectificación del responsables de la Empresa Pagés no cierra esa situación. Le quita algunas asperezas, pero abierto el melón del cambio en las relaciones intraturinas, los protagonistas tienen que dar nuevos pasos a favor de la Fiesta para que sus respectivas posiciones sean creíbles. En otro caso, todo quedará en una pura pelea de patio de vecindad por euro de más o euro de menos. Pobre argumento si de lo que se trataba era de dar un golpe de timón en el gobierno de la Fiesta. Si todo queda en una anecdótica polémica, será una oportunidad perdida.
Redacción TAUROLOGIA.COM
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La verdad es que Eduardo Canorea y la Empresa Pagés le han debido ver muy de cerca las orejas al lobo. Con las características acreditadas por el protagonista, sólo así se explica su rotunda rectificación y sus disculpas a todos los toreros contra los que arremetió en sus polémicas y desafortunadas declaraciones. Es posible que las figuras fueran más allá de lo necesario, pero la realidad es que las declaraciones de marras no les dejaban otros caminos alternativos.

Pero, sobre todo, por un calentón verbal el sucesor de la Casa Pagés no podía poner en el disparadero a una institución como la Real Maestranza, después de 80 años de relaciones. Y eso es lo que había provocado: colocar a la ilustre institución en una posición incomodísima, con un protagonismo que nunca le ha gustado tener y con el dilema de  verse obligado a optar en un conflicto en el que no tenía arte ni parte. Por ello, Canorea venía obligado a sacar y con urgencia a los maestrantes de la incómoda posición en la que les había puesto.

El comunicado no cierra el caso

Sin embargo, con el comunicado de las excusas el conflicto conviene no darlo por definitivamente terminado. Primero porque habrá que ver cuál es la respuesta de los que se consideran ofendidos. Pero, sobre todo, porque al olor de la polémica se han puesto demasiados temas sobre la mesa como para darle carpetazo.

Desde luego, se ha puesto en cuestión el acuerdo de gestión de una plaza tan significativa como la sevillana. Un tema delicado, que bien haría en cerrar con rapidez. Sobre todo porque a la Maestranza nunca le han faltado novios dispuestos a coger sus riendas, pese al ahora aireado canon del 25% de los ingresos totales. Si a lo largo de 80 años la Casa Pagés se mantiene ahí con las condiciones que ponen los maestrantes, no será precisamente porque tengan una especial predilección por trabajar a pérdidas.

Sacar a pasear este tema en nada convenía a Canorea: era abrir un melón con mucho peligro. De hecho, el silencio de sus colegas de ANOET --por más que ahora digan con  ese genérico “en los próximos días” que iba a pronunciarse-- no deja de ser muy significativo, porque era dejar sólo ante el peligro al empresario. En este mundo tan desunido. la caída de alguien en el camino  constituye una oportunidad que se abre para los demás. Y en el toreo, de hoy y de siempre, hacerse con Sevilla nunca ha sido precisamente una anécdota.

Y aunque haya muchas alternativas para cubrir 13 carteles feriados, cuando los abonos cotizan a la baja no parece momento para liarse la manta a la cabeza y montar una feria a base sobre todo de toreros del segundo escalafón. Los aficionados se quejan, y con toda razón, de la monotonía actual de los carteles, pero luego, cuando se innova y se da entrada a valores emergentes, la realidad incuestionables es que el público se retrae de ir a las taquillas. El clamoroso paso atrás que ha dado Canorea es la explicación más rotunda de esta realidad, cuando además ya no hay margen para buscar un sitio para todos: los márgenes con los que se trabaja se han estrechado y necesariamente hay que elegir y hacerlo bien.

Pero conviene no olvidar que frente  ese asunto ahora tan aireado 25% de canon hay que colocar otros aspectos que equilibran la balanza. Y así, por ejemplo, la Real Maestranza ha dejado siempre las manos muy libres al gestor,  comprendiendo las dificultades del actual momento. Sin ir más lejos, le han permitido, por ejemplo, a la Empresa arrendataria que suprimiera dos festejos tan tradicionales en Sevilla como las corridas del día del Corpus y de la festividad del 15 de agosto, rompiendo una tradición de muchísimas décadas.

Y todo ello sin dejar al margen que, pese a los cantos de sirena que se han dado a lo largo de tantos como 80 años, la Maestranza se haya mantenido fiel a la Casa Pagés no deja de ser un valor muy a tener en cuenta, que no convenía poner en juego por un calentón inoportuno.

El G-5 tiene la batalla por ganar

Si la urgente marcha atrás de Canorea no cabe entenderla como un mero movimiento estratégico ocasional, tampoco las cinco figuras firmantes del sonoro reto salen limpias de polvo y paja en este conflicto, que camino va de convertirse en nada más que un conato de rebelión, que acabará por diluirse como el azucarillo en el agua.

De hecho, el comunicado de excusas no les deja margen para directamente firmar la paz y pasar página. Si aceptan que tres docenas de líneas de un comunicado es suficiente para cambiar de criterio, supone  tanto como reconocer que habían provocado un conflicto en un vaso de agua. O dicho con otras palabras: era una frivolidad nacida también de un calentón.

En primer término, porque lo que está encima de la mesa es que las figuras se han movido, pura y simplemente, por intereses económicos. La imagen que ha quedado es que el respeto y la dignidad  que exigían en realidad se mide en euros. Y eso en tiempos de crisis es muy fuerte, cuando además no ofrecen ni la contrapartida alternativa de salirse del “sota, caballo y rey” de los mismos compañeros y los mismos encastes un día tras otro, ni mucho menos dan un paso significativo para ayudar a que la Fiesta salga de la actual coyuntura.

La coherencia con los argumentos de la dignidad profesional les exige, para ser creíbles, pasos más contundentes que las meras declaraciones. Entre otras cosas exige abrir los carteles en los que se anuncian; exige superar ese monocultivo ganadero que practican a diario; exige, en último extremo, trabajar por devolver a la Fiesta toda la autenticidad de la que se la ha privado. Si no se ponen en la primera fila de esta gran batalla, al final lo que va a quedar es que buscan única y exclusivamente su propio beneficio.

Por otro lado, si fueran inteligentes deberían pensar cuál es la causa por la que nadie entre sus compañeros de profesión les haya seguido. En solitario se quedaron en aquel desventurado asunto del G-10, en solitario se ha quedado ahora esta especie non nato del G-5. A lo mejor resulta que quienes por su capacidad de influencia deberían tirar hacia arriba de toda a profesión, se han encogido de hombros ante los problemas mucho más graves de otros, en una insolidaridad que constituye un mal endémico de esta profesión. En este sentido la tormenta desatada en las redes sociales da mucho que pensar.

Pero si se va más allá, detrás de todo este caso parece subyacer el propósito, tan licito como su contrario, de dar un golpe de timón a la situación taurina, para que los toreros recuperen un papel preponderante, como una especie de contrapoder al actual mando absoluto de las empresas. Tarde y contradictoriamente se acuerdan de Santa Bárbara.

Y es que contradictorio es tal propósito con que dos de los firmantes de semejante órdago lo hagan mientras permanecen amparados en la comodidad que aportan otros tantos grupos empresariales muy fuertes, como es el caso de Manzanares con la Casa Matilla y de Morante con la multinacional mexicana de Alberto Bailleres.   Pero contradictorio es, igualmente, que se muestren tan celosos de la dignidad profesional cuando no se han acordado de decir ni una sola palabra frente a la situación, en muchos casos abusiva, que viven tantos y tantos compañeros.

De mala forma, en fin,  se compadece ese golpe de timón con el propósito manifiesto de los firmantes de no dar la cara, dejando que otros profesionales con menos compromisos sean los que tienen que salir a defender los intereses colectivos en los centros de decisión. Recordemos cómo cuando hubo que presionar a los poderes públicos en aquel viaje hasta Cultura, las figuras resultaron decisivas, siquiera fuera porque tenían mucho más fácil que la clase dirigente se les pusiera al teléfono. En la defensa de la profesión, la situación hoy no es diferente.

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