domingo, 10 de agosto de 2014

PABLO HERMOSO DE MENDOZA - "Torear un victorino en Bilbao es un reto para mí"

El navarro celebra sus 25 años de alternativa con cuatro mano a mano mixtos: el originario con Ponce en Vista Alegre, dos con El Juli (este domingo en  Huesca y en Nimes en septiembre) y con José Tomás en Málaga.

Con Pablo Hermoso de Mendoza, la historia del toreo a caballo tiene un antes y un después. El navarro, escuela de sí mismo, será el espejo de generaciones futuras que le recordarán como el gran revolucionario del rejoneo, como un maestro irrepetible. En el año del 25 aniversario de su alternativa, Pablo ha querido anunciarse en Bilbao con otro 'devorarécords' como Enrique Ponce el próximo 19 de agosto. Una fórmula de cartel mixto copiada después para repetir 'duettos' con El Juli (en Huesca este domingo y en septiembre en Nimes) y con José Tomás el 23 de agosto en Málaga.

- ¿Cómo surge la idea de los mano a mano?
Suelo hacer las celebraciones de forma íntima pero este año pensamos hacer algo especial en Bilbao. Ponce y yo hemos superado las 2.000 corridas, estamos en los 25 años de alternativa, es una plaza que nos ha dado mucho y ambos nos sentimos un poco bilbaínos... Por eso lo planteamos y se llevó a cabo.

- ¿Los demás llegaron después?
Sí, y en ellos yo no intervine en absoluto. En unos han sido las empresas y en otros, como el caso del de José Tomás, ha sido el propio torero. Va a ser un mes de agosto muy celebrativo para mí.

- En Bilbao, para colmo, lidiará un toro de Victorino Martín.
No lo he hecho nunca y para mí es todo un reto, pese a que me aleje de lo artístico y sea una situación más complicada. He toreado muchos toros de saltillo en México pero el toro de Victorino es diferente a todos, es mucho más difícil en rejoneo. Una vez vi una corrida en Vitoria y aquello fue una  auténtica pesadilla para mis compañeros.

- Esta tendencia de los mano a mano entre un rejoneador y un torero a pie está recibiendo más de una crítica. ¿Cómo las encaja?
Respeto a todo el mundo. Lo que pasa es que muchos ven en un mano a mano una pelea. Entonces habría que llamarlo 'duetto' porque en el toreo no es todo como en el boxeo de «a ver quien gana». Aquí se van a mezclar dos clases de arte, se van a compaginar dos tipos de públicos y eso también es positivo. Se habla siempre que hay que hacer cosas nuevas y cuando las haces siempre salen detractores.

- Con la de Vitoria del viernes sumó 2.114 corridas. Y parece estar como al principio....
¡Es que se me ha hecho corto! Jamás pensé llegar a torear tanto pero la vida te lleva por un camino y, de repente, te encuentras con estas cifras. Sólo queda mirar atrás y recapacitar sobre lo hecho.

- ¿Da vértigo?
No. Vivo el día a día y lo pasado quedará como un gran recuerdo.

- ¿Soñó algún día ocupar el puesto que ocupa hoy de dueño y señor del rejoneo?
En mis inicios soñaba mucho pero soñaba despierto. Por encima de lo económico o de la popularidad, de niño soñaba con conseguir algo diferente, algo más mítico, algo que se saliera de lo normal.

- ¿Y está satisfecho?
De lo que más orgulloso que estoy es de haber sido siempre yo mismo. He seguido la conducta que ha mandado mi alma. Nunca me he dejado llevar por una moda. Incluso en los consejos: los he escuchado pero siempre he seguido mi camino.

- Con el paso del tiempo, ¿le gustaría que se le recordase como el revolucionario que cambió el rejoneo?
He vivido una etapa con muchos movimientos, con muchos cambios... Quiero que me recuerden como un torero sincero, que siempre lo dio todo, que se dejó llevar por sus sentimientos y que 'a raticos' pudo transmitir cosas bonitas al público.

- ¿Y cuál es la pócima mágica de Pablo Hermoso de Mendoza para mantener el trono 25 años después?
El único secreto es la afición. El gusto de vivir tu profesión, de no aburrirse, de levantarse cada día con ganas de montar a caballo, de mejorar... Ese  es el secreto, no hay otro.

- Y sentir la competencia...
Por supuesto. En esta vida no quieres nunca que te arrinconen y por eso hay competencias de todo tipo, muy satisfactorias. A mí me agrada medirme con un compañero, estar mejor que él... Eso es positivo.

- ¿Contra quién disfrutó más?
La competencia más bonita que he tenido ha sido con Joao Moura. Porque cambió la historia, porque marcó un antes y un después... Fue mi maestro, fue mi espejo y después fue mi competidor. Juntar todas esas sensaciones cuando me medía a él en la plaza fue algo precioso.

- Sus cifras, en cuanto a festejos, son muy cercanas a las de Ponce (2.114 por 2.197). ¿Son comparables?
Enrique y yo tenemos muchas cosas en común. Los dos hemos superado esa cifra, tenemos una trayectoria muy limpia, cargada de dedicación, de  afición... Pero en lo que más nos parecemos es en la regularidad; hemos tenido pocos altibajos.

- Y como él, ídolo en México...
México es mi segunda casa. Ha sido un país que le ha dado una dimensión mayor a mi carrera. La de México es una afición puramente pasional. Te pueden pitar, te pueden aplaudir, en un segundo cambian... Lo que sienten en cada momento, lo expresan. En España la afición es más estudiada, más  respetuosa, te examina más...

- ¿Piensa en el final?
Cuando toreaba 140 tardes al año por mi cabeza rondaba irme en el mejor momento... Pero ahora lo pienso menos que nunca. Me gustaría no retirarme nunca y de aquí a 10 ó 15 años hacer como el maestro Antoñete, torear una o dos corridas extraordinarias o festivales.

- Lo que está claro es que Pablo Hermoso tiene sucesor en la figura de su hijo Guillermo...
Es algo que me ilusiona mucho. Tiene mucha afición y para mí sería un sueño aguantar hasta compartir un día cartel con mi hijo.

DE 'CAGANCHO' a LA 'HERMOSINA'
Cuando en 1990 Pablo Hermoso de Mendoza compró a 'Cagancho' a su amigo Brito Paes por 400.000 pesos, jamás imaginó que aquel potro feo, mal cuidado, con heridas en sus extremidades y múltiples úlceras producidas por un parásito, iba a lanzar su carrera hasta ocupar el trono del rejoneo del que jamás se ha bajado. Con él, Hermoso tocó el cielo durante una etapa gloriosa e irrepetible del toreo a caballo pero en 2002, con el caballo en plenitud, el navarro decició retirarle para «regalarle un tiempo placentero en vida». Después vinieron 'Chenel', 'Disparate', 'Ícaro' o 'Pirata', capaz de lanzarse a morder al toro para hacer el quite a su dueño en apuros. A gran nivel, ninguno fue como 'Cagancho', un punto y aparte en la historia del rejoneo. Como para la historia también quedará la 'hermosina', una suerte propia del navarro en la que el caballo, a dos pistas, torea con uno y otro perfil, como si virase una muleta imaginaria, de ciencia ficción... Una vuelta de tuerca más del mejor rejoneador de todos los tiempos. / LUCAS PÉREZ – Diario ELMUNDO de España

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