El torero de Los
Palacios, recompensado con una oreja de
un toro frágil pero bueno, se alza con el
título tácito de mejor de los toreros sevillano de la prefería de Abril.
BARQUERITO
EL CANON RECIENTE HA impuesto festejos interminables.
La diligencia proverbial de los areneros de la Maestranza ha dejado de ser tal.
Se ha invertido el signo inexplicablemente. Es el jefe de los areneros quien indica ahora al torilero
cuándo soltar el toro. El barrido y rebarrido del albero –esta vez demasiado
mullido y denso, trampa de arena- se
comió en total no menos de un cuarto de hora.
Las lidias en banderillas, tal vez moda fijada por la cuadrilla de
Manzanares con toros sin secreto, se han convertido en trances de gratuita
duración. Los rehileteros parecen exigir la colocación ideal para reunirse en la cara. Como en el toreo de
salón. Y eso pasó en los turnos de El Cid y Luque. Mucho más a la llana, la
cuadrilla de Pepe Moral optó por el no hay tiempo que perder.









